China versus Taiwan

“Si caminas solo, irás más rápido; si caminas acompañado, llegarás más lejos”
PROVERBIO CHINO

Hace unos días, el presidente Donald Trump visitó oficialmente China y allí sus dirigentes le sugirieron que dejara de intervenir y comerciar con Taiwán, país con el que EE. UU. tiene una estrecha relación comercial y al que apoya institucionalmente. La razón de esta insinuación forma parte de ese nuevo orden mundial que pretenden establecer las tres grandes potencias mundiales, es decir, Rusia, EE. UU. y China, que quieren áreas geopolíticas de influencia exclusiva, y Taiwán pertenecería a la del gigante asiático.

Los dos países surgen tras una guerra civil, pero hasta el final de la misma, ambos países fueron solo uno. Lo sorprendente es que ese conflicto lo libraron dos partidos políticos: el Partido Nacionalista —el Kuomintang— y el Partido Comunista entre los años 1927 y 1949.

Pese a que nacieron con proyectos opuestos, uno nacionalista y democrático y el otro comunista, ambos querían la unidad política de China. Derrocada la dinastía Qing en 1912, el país se dividió en fuerzas rivales, aunque en 1924 nacionalistas y comunistas crearon el Primer Frente Unido para luchar contra los señores de la guerra del norte de China. Pero sus diferencias rompieron la alianza y, en 1927, tras la purga nacionalista a los comunistas en Shanghái, estalló la guerra civil entre ambas fuerzas políticas.

Cuando Japón invade Manchuria en 1936 vuelven a unirse para combatir el expansionismo nipón. En 1945 Japón es derrotado y expulsado de China, incluida Taiwán, que estaba bajo su dominio desde 1895. Reanudada la guerra, el Partido Comunista se hizo con el control de la China continental y tomó Pekín en 1948. Los líderes y seguidores del Kuomintang encabezados por Chiang Kai-shek se refugiaron en Taiwán, bajo el nombre de República de China. Y en 1949, Mao Zedong proclama en Pekín la República Popular China.

Aunque en los primeros años a nivel internacional el país reconocido como China era la República de China —radicada en Taiwán—, pronto el peso territorial, demográfico y político de la República Popular China se hizo valer. Y ese auge se consolidó arrinconando a Taiwán internacionalmente. Después, en 1971, la ONU reconoció al Gobierno de Pekín como representante legítimo del país y le otorgó la plaza permanente en el Consejo de Seguridad que hasta entonces había ocupado el régimen de Taipéi.

Por su parte, Taiwán alberga desde 1949 la República de China, es decir, la China gobernada por el Kuomintang exiliado en aquella isla, con capital en Taipéi. El Kuomintang ha defendido la política de una sola China y reclama la legitimidad de su Gobierno, así como el control del territorio de la China imperial. Por su parte, el Partido Progresista Democrático, que también ha gobernado, aboga por la independencia de la isla. Taiwán actúa como Estado de facto, aunque cada vez con menos apoyo internacional.

Hoy Taiwán está reconocido por apenas doce países, aunque goza de la ayuda incondicional de los EE. UU. desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial y por haber sido un país decisivo en la contención del comunismo en esa zona, así como por el importante valor estratégico del estrecho de Taiwán en el tráfico marítimo internacional. Hay que tener en cuenta que este país es el primer productor de semiconductores de todo el mundo, mercado que anhela controlar la República Popular China para reforzar su economía.

Aunque es un territorio con ejército e instituciones propias, que tiene control de pasaportes y que comercia con sujeción a sus propias normas, no deja de ser una situación compleja la que se mantiene en la isla, dada la reivindicación permanente que hace la República Popular China sobre ese territorio, lo que limita el desarrollo socioeconómico de la isla y el de sus habitantes. A ello habría que añadir que la densidad de población del país es de las más elevadas del mundo, con más de 650 habitantes por kilómetro cuadrado.

Hay un hecho que es exclusivo de esta parte del mundo. En apenas el 20 % de todo el territorio mundial vive el 60 % de la población que hay en el orbe, lo que provoca tensiones en los movimientos de personas entre distintas áreas —incluso dentro de los mismos países—, los problemas que genera la concentración de ciudadanos en muchas ciudades que son de las más pobladas del mundo, o el difícil control sanitario de las enfermedades que surgen allí y cómo afecta la demografía a la estructura económica de los países.

La antigua isla de Formosa, donde hoy está ubicado Taiwán, es una joya codiciada para la República Popular China, como lo fueron el antiguo enclave británico de Hong Kong o el portugués de Macao, que en estos momentos son regiones que tienen un estatuto especial, pero que dependen de Pekín.

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