Frente a la vieja pasión vacacional de alargar –prolongar, estirar y prorrogar– el verano, como muestra de la aspiración al ocio permanente de antaño y al dolce far niente publicitado en la prensa del corazón y del glamour de plástico; como nos contaban Javier Calvo y Javier Ambrossi –conocidos en el mundo rosa y tele comunicado como Los Javis, ahora separados y con película en el festival de Cannes–, que dicen con determinación –entre otras tantas cosas diversas banales y el postureo mayor de marcas sublimes y sublimadas como publicidad encubierta y bien retribuida–: “Queríamos mudarnos a una vivienda que pareciera una casa de vacaciones, donde siempre fuera verano”.

Hay gustos para todos, aunque no todos tengan el mismo gusto. Y esta posición del piscineo y del veraneo, no es exclusiva de famosos acalorados e influencers enfriados.
Baste ver que la publicidad de un conocido establecimiento comercial alude a su propia trilogía del verano, como nuevas virtudes cardinales y mitologías ordinarias.
Y así Hamaca, Barbacoa y Piscina componen, no la metáfora del verano, sino la médula central misma de la estación esbozada, como la otra trilogía estival.
Para componer esa suerte de mitología del ocio veraniego.

Como ocurre en el mundo fotográfico y coloreado del excelente fotógrafo Martin Parr: calor y sudor.
Por ello, el lejano ensayo viajero de Enrique Laborde de Viaje al calor –del cual ya di cuenta lejana, en estas páginas el 27 de junio de 2014– significa eso mismo: centralidad del verano.
Lo que puede que antes fuera una bendición, va camino de convertirse ahora en una maldición caliente.
Y no solo por el cambio climático.
El ritmo estival parece marcado por las vacaciones escolares y por el consiguiente anuncio de apertura de las piscinas públicas.
Que ya se saben que suelen girar entre el 15 de junio y el 15 de septiembre.
Para otros más, el ritmo de verano lo marcan los chiringuitos y las verbenas.
Para los más apegados al pasado, el ritmo del verano lo marcaba el horario de verano.
Ahora sustituido por el cambio de horario oficial.
Digo todo esto desde la perplejidad del retraso en disponer y desplegar los toldos en la Plaza Mayor.
Tras al adjudicación de su confección y montaje el pasado año, por un importe de 240.000 €.
Todo ello después de que, en 2025, se diera solución parcial a la solana granítica de Plaza Mayor.

Tras largos años de intentos por el entoldado.
Sospecho que más allá de todos los debates sostenidos el pasado año, las dudas sobre su idoneidad y sobre el pago de su desmontaje, han contribuido a ese señalado retraso de su anual montaje.
Por ello, la extrañeza de que con el mes de mayo en avanzada y el sol campeador rutilante, no haya dado comienzo el imperio del toldo.
Con su oportuna colocación.
Que podía haberse verificado de forma anticipada.
Incluso para dar salida a las Cruces de Mayo.
Es como tener una sombrilla en casa y no utilizarla en tiempos de sombrilla, por la polémica sostenida con el vecino.
No diré, por ello, el imperio de la sombra, en la medida en que el oscurecimiento proporcionado por la solución final dejaba entrever hilos de sol y brotes de luz.








Como siempre. Chapeau