Fermín Gassol Peco.- La pregunta que no pocos nos hacemos escuchando las declaraciones de distintos dirigentes ante noticias que resultan alarmantes provenientes de personalidades políticas de primer nivel, resultan ser si son fruto o consecuencia de una estrategia política, casi seguro, que sí, o, y ahí está el meollo de la cuestión, si una vez bajado el telón, siguen creyendo lo que han dicho. Es decir, si esas declaraciones que en no pocas ocasiones resultan patéticas y bochornosas, se las siguen creyendo cuando llegan a sus casas o a la sede del partido.
La calidad de un actor o una actriz de teatro, mucho tiene que ver con la naturalidad en la interpretación de los personajes, pues de ella depende su credibilidad ante los espectadores. Todo un arte transformarse en alguien distinto y en no pocas ocasiones diametralmente opuesto a la propia forma de ser.
Esa es la grandeza del teatro, dar vida a personajes reales o ficticios. Para ello hace falta vocación y facultades interpretativas que alcanzan cotas muy distintas en quienes se dedican a este noble arte, quizá el más difícil por la verdad que exige cada escena. Que el respetable capta enseguida, si existe una interpretación forzada, demasiado fría o sin la altura requerida.
En el mundo de la política ocurre algo parecido. De algún modo quienes se dedican a este apasionante mundo, han de transformarse en aquellos personajes a los que aspiran representar con un guion preestablecido, cierto es, mucho más abierto que los del arte de Talía. Y es que la política consiste en el arte de convencer al electorado de la trama de una obra que en este caso admite multitud de improvisaciones y donde los asistentes saben casi siempre su final, salvo sorpresa mayúscula.
Como en el teatro, los políticos son actores, actrices que se esfuerzan en dar credibilidad a aquellos personajes que representan con muy distinta fortuna, pues los hay que se adaptan al guion sin más problemas y quienes han de realizar un esfuerzo notable para que el personaje encaje en ellos.
Aunque lo más complicado que les puede suceder tanto a estos actores y actrices, es tener que representar en una misma obra a distintos personajes, según convengan las escenas. Esto solamente está reservado a esos fenómenos que son capaces de realizar monólogos más o menos conseguidos.









