Julián Gómez.– El gobierno del Ayuntamiento de Puertollano se encuentra entre el funambulismo político y el declive estructural porque gobernar en minoría una ciudad con esta complejidad industrial, laboral y social exige algo más que buena voluntad; requiere una audacia política y una visión de futuro que, a día de hoy, el equipo de Gobierno de Miguel Ángel Ruiz (PP) está demostrando tener solo a medias, aunque con una buena intención revitalizada y con nuevos bríos tras su sorpresiva llegada al poder. Un impulso renovado que, desde luego, cabe esperar que se mantenga en el tiempo y no se quede en un mero espejismo inicial, terminando por convertirse en lo que en nuestra tierra llamamos «arrancada de caballo y parada de borrico». Ese soplo de aire fresco ha permitido sacudir las alfombras del consistorio, aunque la gestión municipal se haya convertido en un ejercicio de funambulismo diario donde las costuras de sus alianzas y la herencia de los juzgados amenazan constantemente con romper el equilibrio.
Afrontar el balance real del mandato obliga a mirar la compleja aritmética del pleno, pero sobre todo, el termómetro de una ciudad que se debate entre los aciertos de esta nueva etapa y el lastre de sus problemas crónicos.
Los Pros: Pulso cultural, alivio en el empleo y empeño urbano
En el platillo positivo de la balanza, es obligado y de justicia felicitar al equipo de Gobierno municipal por su indudable empeño en mejorar la limpieza viaria y en subsanar tantos errores y olvidos del pasado. Aunque la ingente cantidad de trabajo acumulado esté ralentizando la ejecución del nuevo urbanismo local, se percibe una voluntad real de cambio y una marcha más en el día a día.
En el ámbito socioeconómico, la ciudad ha recibido una bocanada de aire fresco: las cifras del paro han bajado en cierta medida en los últimos meses, un dato positivo que alivia el tejido social y da un respiro al comercio local, demostrando que la ciudad mantiene su dinamismo a pesar de las dificultades.
Este esfuerzo se complementa con una auténtica revolución de la actividad cultural. Destaca el sobresaliente dinamismo y la variedad en la programación del Auditorio y también que el Museo Cristina García Rodero haya dado un vuelco espectacular: no solo se ha abierto a disciplinas que antes eran minoritarias, sino que se ha multiplicado exponencialmente el número de exposiciones, rompiendo con la parálisis y la escasez de muestras de etapas anteriores para convertirse en un centro vivo y constante. Todo ello gracias al Ayuntamiento de Puertollano porque su caracter de Centro Regional de Fotografía siga olvidado por la Junta de Comunidades que fue quien le otorgó este título.
Pero volviendo a lo que nos interesa, a todo lo anterior se suman logros de gestión muy demandados por la ciudadanía: la reapertura por fin de la Oficina de Turismo, la necesaria renovación y, aún más, la demandada recuperación para este verano de la piscina de la Dehesa Boyal junto a la vuelta de los toldos al centro comercial para aliviar el rigor estival. Todo ello, bajo un estilo de gobierno de constante cercanía al pueblo por parte del alcalde; un populismo de proximidad que ha devuelto la accesibilidad a la alcaldía.
Los Contras: Un Ayuntamiento en el banquillo, la crisis con Vox y el reto industrial
Sin embargo, la cultura, la piscina, los toldos y los últimos datos del desempleo no logran tapar un debe preocupante. El Ayuntamiento sigue pareciendo más un juzgado de guardia que una institución de futuro debido a una batería de pleitos pendientes y demandas que amenazan las arcas municipales. Al mazazo millonario de Aguamarga se le suman frentes sangrantes: la demanda de la empresa de Manuel Carrasco por la suspensión de su concierto, el litigio con la anterior adjudicataria de los toldos que finalmente fueron desechados, el conflicto del chiringuito del Bosque en plena zona de obras del Paseo de San Gregorio del que, por cierto, aún no se han publicado los planos que desvelen cómo va a quedar definitivamente, e incluso a más largo plazo, el temible contencioso por los terrenos donde hoy se ubican tanto La central como el Terry. Algo que en definitiva se convertirá en un sumidero de dinero y de energía pública.
Esta debilidad institucional se traslada a la gestión de sus alianzas. El escenario político actual está marcado por la ruptura definitiva del bloque de la derecha. Resulta incomprensible el desencuentro crónico del PP con Vox, formación que sostuvo los presupuestos de 2024 y 2025 por pura lealtad institucional. La exclusión total de Vox en la negociación de las cuentas de 2026, la falta de consulta de sus propuestas y la posterior decisión del alcalde de pactar los presupuestos a través de la insólita abstención de Izquierda Unida terminaron por dinamitar la Junta de Gobierno Local.
La salida de los dos concejales de Vox —que entraron al inicio de la legislatura sin un pacto de coalición formal, solo para fiscalizar las inversiones— evidencia una alarmante falta de reciprocidad del PP hacia sus socios naturales. Aunque el alcalde intente despachar este divorcio tildándolo de «electoralista», la realidad es que forzar a Vox a situarse en el «no» junto al PSOE y depender de la caridad política de las siglas de Jesús Manchón demuestra una fragilidad política extrema que condena al Gobierno local a vivir en el alambre.
Una falta de sintonía que se sufre en la gestión ordinaria, donde los gestos a veces sustituyen a las realidades. El mejor ejemplo es la apertura del Museo de la Minería, que a día de hoy se destapa como un mero acto propagandístico; a pesar del simulacro oficial, las instalaciones siguen cerradas para el público general, limitándose a una tímida agenda de visitas para grupos bajo cita previa, pero sin días ni horarios definidos de libre acceso para el ciudadano de a pie. Aunque aquí también conviene recordar que el Museo de la Etnología tiene su futuro pendiente de un hilo en tanto en cuanto no se renueve su gestión con la Asociación Portus Planus o se decida lo que se va a hacer con él. Aunque aquí también convendría mencionar la necesidad de la creación de un espacio museístico que acogiera todo el patrimonio cultural y arqueológico de nuestra ciudad distribuido y casi perdido por los distintos almacenes municipales.
En este mismo plano de gestión se encuadran decisiones de hondo calado social, como la controvertida remodelación de las fiestas patronales de septiembre, trasladando el grueso de la programación al centro urbano y a las inmediaciones de la Ermita de la Virgen de Gracia, en detrimento del Recinto Ferial. Se trata de una medida que divide profundamente a los vecinos: mientras una corriente aplaude el retorno de la fiesta al corazón de la ciudad por su sabor tradicional y el indudable revulsivo que supone para la hostelería local, otros critican la pérdida de espacio y las molestias generadas. A este debate se suman decisiones igual de espinosas, como la cabezonería de plantar plátanos de sombra (plataneros) en contra de una firme oposición vecinal que clama por su salud y sus alergias, mientras las barriadas periféricas (Las Mercedes, El Carmen, Fraternidad…) siguen esperando que el plan de limpieza llegue a sus calles con la contundencia prometida.
Paralelamente, el reto verdaderamente estructural de Puertollano sigue siendo consolidar ese alivio laboral mediante la llegada de nueva industria real. Vivimos de titulares sobre el hidrógeno verde, pero la implantación de nuevas empresas en los polígonos es escasa, evidenciando una alarmante falta de iniciativa institucional a la hora de salir fuera a buscar inversores de forma agresiva. Si este descenso del paro reciente no se apuntala con proyectos industriales medianos y grandes que fijen población a largo plazo, el fantasma de la dolorosa fuga de talento joven ante la falta de oportunidades de futuro seguirá planeando sobre la ciudad, al igual que el vacío que deja la ausencia de una Universidad propia, un campus real que actúe como el verdadero motor de vanguardia y masa crítica que Puertollano necesita con urgencia.
El veredicto
Revitalizar los museos, multiplicar las exposiciones, abrir piscinas, instalar toldos y buscar la foto constante con el vecino en numerosos actos son bálsamos necesarios, pero no constituyen un proyecto de ciudad si las costuras políticas están rotas y el futuro económico a largo plazo no se amarra. El PP ha demostrado empeño, capacidad para resistir en el alambre y una innegable revitalización de la ilusión institucional, apoyada además por el reciente descenso del desempleo; pero resistir no es liderar.
Para que el balance de este viaje sea plenamente éxito, el equipo de Gobierno debe canalizar esos nuevos bríos hacia la conversión de las promesas en realidades y a agilizar la realización del maximo posible de todo aquello que es necesario hacer, a pesar de que haya mucho por hacer, atender y preocuparse realmente y por fin de las barriadas olvidadas, escuchar el clamor de la calle, abrir los museos de verdad y, sobre todo, dejarse la piel para atraer industria real que consolide la bajada del paro y retenga a nuestros jóvenes. Sin duda una múltiple y difícil tarea para llevar a cabo pero esa era la premisa a la hora de ponerse al servir al pueblo. En definitiva, limpiar los escombros y pagar las deudas del pasado es de obligada gestión, pero Puertollano necesita, de una vez por todas, empezar a construir su porvenir; un porvenir que pasa inevitablemente por reclamar e impulsar con valentía la llegada de la Universidad a nuestra ciudad, que tantos reivindicamos, como el gran motor capaz de transformar el conocimiento en empleo, dar horizontes a las nuevas generaciones y devolver a Puertollano la vanguardia que le corresponde. El tiempo corre y las decisiones de hoy marcarán el destino de las próximas décadas. No queda tiempo que perder porque el futuro se construye ahora.










