La palabra y la música se han unido en la capital para romper el silencio en torno a una realidad que afecta a miles de hombres. Madrid ha acogido el primer recital del I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA, una ambiciosa iniciativa cultural y social que busca llevar el arte a las plazas y escenarios de toda España para dar visibilidad, información y apoyo a la lucha contra el cáncer de próstata.
El proyecto, impulsado originalmente por Julio Criado García y coordinado por el poeta Luis Díaz-Cacho, nace con un propósito tan sencillo como urgente, poner voz a una enfermedad históricamente rodeada de tabúes y falta de visibilidad. Aunque la fecha central del festival está marcada en el calendario para el próximo 11 de junio —coincidiendo con el Día Mundial del Cáncer de Próstata—, el pistoletazo de salida en Madrid ha dejado claro que este movimiento va mucho más allá de una fecha simbólica.
El encuentro, que tuvo lugar en las instalaciones de la academia de dibujo y pintura La Dínamo Creativa gracias a la cesión de su directora, Isabel Manteca, se convirtió en un espacio de profunda emotividad y compromiso ciudadano. Rodeados del entorno artístico de este taller madrileño, el espíritu del evento y el mensaje de agradecimiento de los organizadores (Criado y Díaz-Cacho).
Los asistentes al acto no solo acudieron como espectadores, sino como parte activa de una causa solidaria. Como símbolo de este compromiso, el público lució lazos azul celeste de ganchillo elaborados de forma artesanal por Adela y Bego, un emblema que la organización invita a difundir masivamente. De hecho, desde PROSVIDA se ha lanzado una campaña en redes sociales que anima a los ciudadanos a grabarse recitando un poema con el lazo puesto para multiplicar el alcance del mensaje.
La jornada, antes de dar paso a las intervenciones puramente artísticas, comenzó con la lectura solemne de un manifiesto fundacional que sentó las bases de este camino que hoy arranca y que promete recorrer toda la geografía española.
La declaración de intenciones quedó firmada con la lectura del Manifiesto oficial del festival, a cargo de la artista Rosa Leal Arias. Un documento vibrante y acusador que situó el problema en su justa y alarmante dimensión. Al repasar las últimas estadísticas oficiales —que registraron unos 35.000 nuevos diagnósticos anuales en España y una mortalidad que sacude con dureza a miles de familias—, el manifiesto señaló directamente a los culpables invisibles, las barreras del comportamiento, el miedo atávico a los exámenes médicos y los residuos de un machismo cultural que silencia la vulnerabilidad del hombre. «La virilidad no está en el silencio, sino en el cuidado personal», sentenciaba el texto, marcando el norte de la mañana.
El primer gran giro de la jornada lo protagonizó la escritora, fotógrafa y académica Gloria Nistal Rosique. Con una trayectoria apabullante de más de treinta libros a sus espaldas y su liderazgo en la sección africanista del Ateneo de Madrid, Gloria subió al estrado con una confesión que resonó en la conciencia de los presentes. Explicó que, tras años de participar activamente en campañas de apoyo al cáncer de mama —donde la conversación social está normalizada y los lazos rosas inundan las calles—, el manifiesto de PROSVIDA le había «abierto los ojos» ante la inmensa oscuridad y el ocultamiento voluntario que los hombres ejercen sobre su propia salud.
Recordó cómo, encontrándose de viaje dando la vuelta al mundo, recibió la llamada de la organización y sintió el vértigo de no tener nada escrito sobre la próstata. La solución fue apelar a lo universal. Su contribución fue ‘Para ti, para que sigas’, un soneto de factura clásica e impecable métrica que compuso en el extranjero. Los versos («No eres la enfermedad, eres quien sueña, / quien traza nuevos mapas cada día…») recordaron que un diagnóstico no detiene los proyectos de vida. Acto seguido, Gloria leyó un texto inédito de su producción reciente, una reflexión existencial sobre la velocidad de la rutina, el envejecimiento y la necesidad de «coleccionar soplos alados» y buscar el deus ex machina de la palabra tierna frente a la inminencia de la parca.
El relevo lo tomó el doctor Arturo J. Ramos, encarnando el puente perfecto entre la bata blanca y la lira. Jefe del servicio de admisión del Hospital Universitario Puerta de Hierro y máster en bioética, Arturo se autodefinió con humor como un «animador poético y poeta esporádico». Compartió con el público una iniciativa revolucionaria, un taller de poesía en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) donde coordinan la edición de un «recetario poético» para los alumnos. ¿El motivo? Conseguir que el 95% de los estudiantes de medicina, habitualmente refractarios a la literatura, entiendan las vivencias humanas que hay detrás de un informe clínico.
Arturo desmenuzó el poema ‘Quimioterapia’ del fallecido maestro Joan Margarit, incluido en su célebre poemario “Casa de Misericordia”. A través de la lectura analítica de sus versos, describió la angustia de la noche previa al tratamiento, un universo donde la mente lo ve todo negro. Tomando una célebre tesis de Margarit, Arturo defendió que los poemas son como «cajas negras», reciben el desorden, el miedo y la tristeza del autor y, tras el proceso de lectura, devuelven al paciente y al médico un circuito de salida donde ese desorden se vuelve, por fin, comprensible.
La emoción subió de intensidad cuando Arturo rescató tres haikus que Luis Alberto de Cuenca dedicó a la memoria de su íntimo amigo José Luis Chosa. El poema abordaba la dureza de ver aparecer la morfina en el entorno cercano, un fármaco tradicionalmente asociado a la antesala del último viaje. El doctor Ramos matizó al poeta, la morfina también es la garantía de un «buen morir» y, al igual que la poesía, comparte la misión irrenunciable de aliviar el dolor. Invocando la célebre ‘Elegía a Ramón Sijé’ de Miguel Hernández, Arturo recordó el deber de «minar la tierra» por los amigos, antes de cerrar su intervención con su propio poema, ‘Clamor’, un ruego a las deidades mitológicas Gea y Caos para que devuelvan a la humanidad la belleza de la diosa Flora.
El ecuador del acto perteneció a Antonio Perla, historiador del arte y profesor de la UNED. Antonio acudió en solitario, disculpando a los compañeros de su grupo ‘Cuentos de Antiguamente’ —el músico José Climent, la cantante Pilar López Ballarín y el ilustrador Javier Olivares— ante la imposibilidad material de cuadrar las agendas de los cuatro con los requerimientos logísticos del evento.
Con la soltura propia de un narrador oral, Perla desvió el foco hacia la importancia de la educación y la memoria afectiva. Compartió con el auditorio una hermosa rutina personal, la norma inquebrantable que se impuso cuando sus hijas eran pequeñas de leerles un cuento cada noche, una práctica que con los años evolucionó hacia la poesía y la creación conjunta de marionetas. «Hoy tengo una hija filóloga», confesó con orgullo, defendiendo que la lectura nocturna dota a los niños de un poso de realidad y de capacidades creativas fundamentales para enfrentarse a la madurez.
Para ilustrarlo, Antonio recitó con maestría ‘Los zapaticos de rosa’, el bellísimo y extenso poema que el cubano José Martí dedicó a Mademoiselle Marie. La narración de la pequeña Pilar, que regala sus zapatos de seda rosa a una niña enferma y pobre en la playa ante la mirada conmovida de su madre y de una haya francesa, sirvió como metáfora perfecta de la empatía frente al padecimiento ajeno. Como broche, Antonio recurrió al imaginario de Gloria Fuertes leyendo ‘El lobito malo y el lobito bueno’, apoyándose en la famosa cita inicial de José Agustín Goytisolo, “Érase una vez un lobito bueno al que maltrataban todos los corderos”, para lanzar un mensaje de concordia y paz en la tierra.
La transición hacia el bloque musical la abrió Ángel Leal Alcaide, presentado con cariño por su propia hija como «el padre de la criatura». Ángel, que acudía al acto atraído por su amor al jazz y para escuchar la batería de Carlos «Sir Charles» González, se encontró de repente con el micrófono en la mano. «Me encanta la poesía, pero para recitarla para mí mismo, para mi oído suave», bromeó, intentando eludir una presentación formal.
Químico de profesión, Ángel relató cómo su especialización en la «química de los pucheretes» y la investigación aplicada a la cerámica (Alfar Arias) lo terminó uniendo estrechamente a Antonio Perla en el trabajo de campo. Fue precisamente ese puente artesanal y científico el que lo introdujo en los círculos literarios madrileños, donde hoy cuenta con numerosos amigos. Declarándose poco habituado a la lectura pública —«creo que es la segunda vez que hago de rapsoda en un escenario», afirmó entre risas—, Ángel asumió el encargo de dar voz a dos textos enviados por la escritora María Antonia García de León.
El primer poema, de corte marcadamente vitalista, se postuló como un canto contra la muerte, describiendo la frescura de una mañana de hierba recién brotada y luz joven, ajena todavía al fulgor del mediodía, donde el entusiasmo de las hojas tiernas se convierte en el himno de la creación. El segundo texto indagó en la construcción de las relaciones humanas: «Todo amor crea un lenguaje. Los amantes se paran y ordenan, del caos al cosmos». El poema equiparaba la capacidad creativa y nominativa de los amantes con la propia divinidad, una idea que Ángel remató con humor dirigiéndose a su hija, «Yo soy casi como Dios; soy divino».
Para cerrar el círculo de la lírica, Ángel leyó el texto que originalmente estaba destinado a abrir el acto, un poema de Luis Díaz Cacho extraído de su libro “Vivir cada día”. Los versos, directos y desprovistos de artificio, resumieron la filosofía de los pacientes que luchan contra el cáncer, la urgencia de atrapar el instante, de entender que no existe más tiempo que el minuto presente y de avanzar decididamente, con el cielo descubierto, hacia la esperanza.
El clímax de la crónica llegó con la intervención de Carlos «Sir Charles» González. El legendario baterista de jazz, fundador de la mítica formación Neobop en los años ochenta y colaborador de tótems como Lou Bennett, James Moody o Pedro Iturralde, tomó el micrófono admitiendo el respeto que le imponía hablar después de tantos oradores brillantes. Sin embargo, su testimonio iba a ser el más político y descarnado de la tarde.
«Sir Charles» se mostró estupefacto ante la tendencia generalizada de los hombres a ocultar el cáncer de próstata. Rompiendo con el tabú, el músico explicó que él jamás lo escondió y que su insistencia en las revisiones se debió a un factor genético inapelable, su propio padre había fallecido a causa de esa misma enfermedad. Relató con precisión casi cinematográfica el día en que acudió a recoger unos resultados esperando el habitual diagnóstico de «azúcar un poco alta». El impacto llegó cuando el médico abrió el sobre en su presencia y exclamó: «Pero bueno, oiga, ¿qué es esto? Tiene usted un PSA de 14,3».
«Si no estás metido en el rollo, no tienes ni flores de qué significa eso», reconoció el baterista. A partir de ahí, el automatismo médico se activó, órdenes de resonancias y una batería de veinte mil pruebas que desataron un terror inicial que el músico solo pudo digerir tras hablar con otros colegas de profesión que habían pasado por el mismo proceso. Ellos le calmaron con una frase pragmática, «Tranquilo, tío, tienes el mejor cáncer de todos; el que más cura tiene si se pilla a tiempo».
El bicho, afortunadamente, estaba concentrado. El cirujano no dudó: «Sacamos todo fuera y se acabó; muerto el perro, se acabó la rabia». Con el humor irreverente que caracteriza al gremio del jazz, detalló las incomodidades del postoperatorio y el «muñeco» (el problema en el argot de los músicos) de convivir con una sonda durante dos meses. «Yo suelo andar por Madrid a toda velocidad, y en ese periodo me adelantaban por la acera los viejos y los cojos. Iba con un miedo terrible a recibir un golpe y sentir el pinchazo… pero bueno, que todo lo malo sea eso».
La gran crónica de la mañana no podía cerrarse sin las notas musicales de Carlos «Sir Charles» González. Antes de devolver el acto a la realidad más mundana de las calles de Madrid, el evento llegó a su fin con un último tema con las baquetas. El acto concluyó entre risas, saludos cruzados y la organización de una gran fotografía de familia para inmortalizar el encuentro
PROSVIDA había logrado su cometido en la capital, bajar el cáncer de próstata de los altares del miedo, obligar a los hombres a mirarse al espejo de la prevención y demostrar que, a veces, un soneto o un redoble de batería son las herramientas más eficaces para empezar a salvar una vida.
Recitales
El avance del I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA se expande de forma imparable por el país para romper el silencio en torno al cáncer de próstata a través del arte. Este viaje solidario comenzó el pasado 24 de mayo en Madrid, donde la artista Rosa Leal Arias abrió el festival en Malasaña. La marea continuará el 29 de mayo en Villamayor de Calatrava con un encuentro intergeneracional guiado por Gema Pérez Pinto, para después llegar el 3 de junio a Valdepeñas con la coordinación de Teresa Sánchez Laguna. El eco norteño despertará el 4 de junio en Amurrio (Araba) de la mano de Inma Díez, seguido el 6 de junio por Villamanrique con Antonia Piqueras Jiménez y el 10 de junio por Bilbao bajo la tutela de Bernat Vidal.
El 11 de junio, Día Mundial del Cáncer de Próstata, el festival vivirá su jornada cumbre con una histórica reacción en cadena simultánea en once localidades: Ciudad Real (Elisabeth Porrero), Albacete (Viky Ciudad), Argamasilla de Calatrava (Begoña Mansilla), Arrigorriaga (Juan Camacho), La Solana (Luis Romero de Ávila), Puertollano (Marciano Sánchez), Torralba de Calatrava (María Teresa González), Vallirana (Jesús Sánchez Rivas), Villanueva de los Infantes (Juan José Guardia), Granátula de Calatrava (Yolanda de la Cruz) y Almagro (Nieves Fernández).
La recta final mantendrá viva la llama el 12 de junio en San Carlos del Valle con Luis Díaz-Cacho, el 13 de junio en Calzada de Calatrava con Rocío Acevedo, el 14 de junio en Almodóvar del Campo con Aurora Rey y el 15 de junio en Leganés con Eloísa Pardo. El mes cerrará con los encuentros del 18 de junio en Tomelloso (Natividad Cepeda y Jesús Lara), el 20 de junio en Poblete (Luis Alberto Lara) y el broche de oro el 29 de junio en Aldea del Rey, coordinado por Araceli Valbuena Cofrade.
#PoesiaPROSVIDA11J
Para culminar esta gran movilización, PROSVIDA quiere hacer un llamamiento directo al corazón de cada hogar. Desde la organización se invita a todas las personas del país, sin importar si son poetas consagrados o ciudadanos que nunca han escrito un verso, a sumarse a esta red invisible de apoyo, activando de forma individual su propio «efecto mariposa» a favor de la salud masculina.
El reto propuesto es sencillo, pero con una enorme carga simbólica: desde este momento, ya se pueden subir a las redes sociales los poemas acompañados de una fotografía o vídeo luciendo el lazo azul celeste en el pecho. El objetivo es inundar las plataformas digitales antes y durante el próximo 11 de junio, coincidiendo con el Día Mundial del Cáncer de Próstata.
Cada pequeño gesto digital funcionará como ese sutil aleteo capaz de expandirse con fuerza en el tiempo hasta transformarse en una reacción en cadena irreversible. «Queremos demostrar que, cuando nos unimos en un latido unánime, somos capaces de transformar el viejo tabú en un canto masivo de esperanza, prevención y dignidad. Etiquétanos y usa el hashtag #PoesiaPROSVIDA11J para que tu voz se sume al gran mapa de la esperanza», concluye Criado García, demostrando cómo la sutileza de la palabra compartida puede convertirse en un motor real de vidas salvadas.










