Casas y plazas señoriales del Campo de Montiel: un apasionante paseo por el Siglo de Oro

Hay rincones en el Campo de Montiel atrapados en el Siglo de Oro, o sacados de una novela del Capitán Alatriste, con patios de fresca umbría, orgullosos palacios, portadas blasonadas y plazas de elegancia castellana.  Más allá de las referencias quijotescas, en municipios como Villanueva de los Infantes podemos abandonarnos a paseos por calles antiguas, en las que no hará falta esforzarse mucho para imaginar el sonido de los cascos de caballos relinchantes de ira, los versos de un cómico del siglo XVII en la Plaza Mayor, o el alboroto de pícaros, estudiantes y lazarillos.

En el corazón del Campo de Montiel, sus pueblos conservan un tejido urbano donde casas nobles, escudos heráldicos y plazas mayores siguen narrando la historia de una sociedad marcada por la hidalguía y el prestigio familiar.

En Villanueva de los Infantes, considerado el principal conjunto histórico de la comarca (Lope de Vega llegó a escribir: “Llámese Villanueva de las Musas y no de los Infantes Villanueva”) las casas señoriales definen calles enteras. La localidad fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1974 y está adherida a la red “Los pueblos más bonitos de España”.

Edificios como la Casa del Caballero del Verde Gabán o la Casa de los Estudios muestran fachadas sobrias de piedra, portadas monumentales y una organización interior en torno a patios columnados. Estos patios, con galerías de madera, zapatas talladas y su característico color almagre, no solo cumplían funciones prácticas, sino que articulaban la vida doméstica y reflejaban el estatus social de sus propietarios. A su alrededor, se distribuyen estancias principales, cuadras y dependencias de servicio, configurando un modelo residencial adaptado tanto al clima como a la jerarquía familiar.

Es tal el encanto de estos patios y casas solariegas que se organizan numerosas rutas en torno al valor cultural de estos rincones, en los que el visitante podrá disfrutar de una experiencia turística, cultural y gastronómica completa con visita guiada a patios, degustaciones o teatro.

La presencia de escudos nobiliarios refuerza ese discurso de poder. En las fachadas de Villanueva de los Infantes se repiten blasones pertenecientes a linajes como los Ballesteros, Bustos o Melgarejo. Tallados en piedra, con castillos, leones, bandas o cruces, estos escudos no eran meros adornos sino que constituían una declaración pública de identidad y legitimidad social. Su proliferación responde al auge de la hidalguía en la Castilla moderna, donde la exhibición de armas se convirtió en símbolo imprescindible de reconocimiento.

Otros edificios están vinculados a la nobleza o la iglesia, pero también a referencias culturales y literarias de primer orden. Es el caso de la casa del Caballero del Verde Gabán, descrita en la Segunda Parte del Quijote; la fachada del Convento de Santo Domingo, donde Francisco de Quevedo pasó sus últimos días; la Casa del Arco o la misma Plaza Mayor, visitada y mencionada por Federico García Lorca.

El estudioso Carlos Salvador Dueñas recuerda que este del Campo de Montiel, es uno de los territorios mágicos del Quijote, “capaz de hacerte ver el espíritu de Don Quijote en cada una de las irrepetibles perspectivas arquitectónicas de una ciudad del Siglo de Oro conservada desde los cimientos hasta el orgulloso chapitel de la torre herreriana de la monumental Villanueva de los Infantes”.

Otras referencias imprescindibles son la ermitaoratorio de Santo Tomasillo, uno de los pocos ejemplos del Barroco pleno, o la portada principal de la iglesia parroquial de San Andrés, diseñada bajo influencia directa del Escorial por Francisco Cano. Destaca asimismo el hospital de Santiago, con fachada en piedra y anexo a él la capilla del Remedio.

Otras casas nobiliarias de prestigio que se pueden encontrar en otros municipios se pueden resaltar el actual Ayuntamiento de Almedina ubicado en la antigua Casa de los Heredia, una familia de las más acaudaladas del pueblo y que también funciona como Centro de Salud, Correos, Biblioteca municipal y sede de asociaciones del territorio de Campo de Montiel.

La Solana puede presumir de casonas importantes como la Casa de Don Diego o el antiguo ayuntamiento en la Plaza Mayor, Ruidera cuenta con la Casa del Rey o la antigua fábrica de Pólvora, en Villahermosa encontramos La Raigambre, la Casa del Marqués de Mudela, la Encomienda, la casa del Arco, entre otras, sin olvidarnos del Palacio Nazarí en Villanueva de la Fuente o la casa de Jorge Manrique en Villamanrique.

Todo un legado cultural y señorial que podemos disfrutar por las calles de cualquier municipio del Campo de Montiel.

Soberbias plazas mayores

El Campo de Montiel alberga algunas de las Plazas Mayores más bonitas de castilla y sin ninguna duda las más literales del Quijote. En las de La Solana, Infantes, Villahermosa y Villamanrique se acumulan recuerdos de mercados medievales, reatas de arrieros, carromatos de titiriteros, diligencias de los caminos reales, cortejos místicos y todo el ambiente del Siglo de Oro.

Pero la impronta de la pequeña y grande historia no se limita a los grandes núcleos. En el municipio de Montiel, la Casa de la Condesa mantiene el esquema clásico de vivienda noble manchega, con fachada de piedra y distribución en torno a patio interior. A ella se suma la casa Petrel, más modesta pero representativa de una hidalguía local menos ostentosa. Aunque más sencilla, comparte rasgos comunes: volumetría compacta, presencia de elementos pétreos en fachada y la posible inclusión de escudos heráldicos o signos de identidad familiar, hoy en parte perdidos o transformados.

El Vaticano manchego

Otro caso singular es el de San Carlos del Valle, “el Vaticano manchego”, donde la arquitectura señorial se expresa principalmente a través del urbanismo. Su Plaza Mayor, de trazado regular y diseño barroco, constituye uno de los espacios más armónicos de Castilla-La Mancha.

Una de las últimas colonizaciones ordenadas por Carlos III se materializaron aquí en una de las plazas más sorprendentes e inesperadas por su monumental belleza, una plaza fortaleza que, como una miniciudad medieval en plena Ilustración, poseía la particularidad de cerrar sus puertas ante invasiones de bandoleros, recuerda Salvador Dueñas.

Concebida como un conjunto unitario en el siglo XVIII, combina soportales continuos, balconadas y una clara vocación representativa vinculada al Santuario del Cristo del Valle. A diferencia de otras plazas más orgánicas, aquí domina la planificación, lo que refuerza su carácter monumental.

Otra construcción ligada al conjunto es el antiguo parador o casa de hospedería. Fue construida en 1704 y se abre a la plaza por una gran portada en piedra y balconada de arquitectura similar a la portada de la iglesia. Fue usada como parada y fonda para viajeros y peregrinos en su desplazamiento a Andalucía a través del camino real. También, acudían los peregrinos que tenían como intención visitar el Santo Cristo.

Así, entre muros encalados, piedra labrada y patios silenciosos, el Campo de Montiel conserva una memoria construida en la que cada escudo, cada casa y cada plaza remiten a una realidad histórica que difumina sus límites con la magia de una época y una literatura fascinantes.

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