JUAN JOSE RUBIO GUERRERO, CATEDRATICO DE HACIENDA PUBLICA. UCLM. ACADEMIA DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES. C-LM
El absentismo laboral se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las empresas españolas y de los departamentos de Recursos Humanos. La expansión del teletrabajo, los modelos híbridos y fenómenos recientes como la “Gran Renuncia” o la llamada “renuncia silenciosa” han incrementado la atención sobre un problema que impacta directamente en la productividad, el clima laboral y los costes empresariales.
El absentismo se refiere a las ausencias del trabajador durante su jornada laboral de manera inesperada. Sin embargo, no debe confundirse únicamente con faltas injustificadas, ya que también incluye bajas médicas, permisos retribuidos, maternidad, adopciones o conflictos laborales.
Aunque no existen estadísticas oficiales específicas sobre absentismo, los datos más utilizados proceden de la Encuesta Trimestral de Coste Laboral (ETCL) del Instituto Nacional de Estadística (INE), que analiza el tiempo de trabajo en más de 28.500 centros laborales de toda España.
Los datos reflejan una tendencia creciente y preocupante. Según cálculos de la patronal de mutuas, el coste total del absentismo alcanzó en 2024 los 28.987 millones de euros, un 14,5% más que el año anterior y casi un 186% más que hace una década. Esta cifra incluye tanto las prestaciones económicas asumidas por la Seguridad Social como los gastos directos que deben afrontar las empresas para cubrir las ausencias de sus trabajadores. Además, las bajas laborales de larga duración se han disparado: más de 133.000 procesos superaron el año de duración, una cifra récord.
La tasa de absentismo en España alcanzó el 7,5% en 2024, lo que significa que más de 1,18 millones de trabajadores no acudieron ni una sola hora a su puesto durante el tercer trimestre del aquel año. La incapacidad temporal continúa siendo la principal causa de ausencia laboral. Por comunidades autónomas, Baleares registró la menor tasa de absentismo, con un 4,7%, seguida de Canarias y Andalucía. En el lado opuesto se situaron País Vasco, Navarra y Murcia, con los niveles más elevados de ausencias laborales. Castilla-La Mancha mantiene una tasa de absentismo laboral inferior a la media nacional, aunque el fenómeno continúa creciendo. Durante 2024, el índice regional se movió entre el 6,1% y el 6,5%, impulsado principalmente por las bajas médicas por incapacidad temporal.
El fuerte impacto económico del absentismo laboral
Entre los costes más importantes destacan la pérdida de productividad, el pago de sustituciones y horas extraordinarias, así como los retrasos en la ejecución de proyectos y servicios. Cuando un trabajador falta de manera continuada, las empresas se ven obligadas a redistribuir tareas entre el resto de la plantilla, lo que genera sobrecarga laboral y un descenso general del rendimiento.
En sectores con gran dependencia de la presencia física, como la industria, la logística, la hostelería o los supermercados, el impacto es todavía mayor. Las cadenas de distribución, por ejemplo, han soportado costes superiores a los 1.000 millones de euros derivados de bajas por contingencias comunes. A ello se suma la dificultad para cubrir puestos especializados o turnos en momentos de alta demanda.
El absentismo también afecta a la capacidad de planificación de las empresas. Las ausencias imprevistas obligan a reorganizar continuamente equipos y horarios, dificultando el cumplimiento de objetivos y aumentando la incertidumbre operativa. En pequeñas y medianas empresas, donde las plantillas son más reducidas, la ausencia de uno o varios empleados puede paralizar parcialmente la actividad.
El absentismo también deteriora el clima laboral. La sobrecarga de trabajo para los empleados que deben cubrir ausencias provoca tensiones internas, pérdida de motivación y mayor rotación de personal. Las empresas alertan además del riesgo de empeoramiento del llamado “employer branding”, es decir, la imagen de la compañía como lugar atractivo para trabajar.
Además, el incremento de las bajas de larga duración genera una presión creciente sobre el sistema público de protección social y sobre las mutuas laborales. El fuerte aumento de procesos que superan el año de duración preocupa especialmente a empresarios y administraciones, ya que supone mayores costes sanitarios y una reducción prolongada de la actividad productiva.
Combatir el absentismo requiere una estrategia integral basada no solo en el control horario o disciplinario, sino también en la mejora del bienestar laboral, la prevención de riesgos psicosociales y la promoción de entornos de trabajo más saludables y flexibles. Para ello es necesario reforzar las políticas de bienestar laboral y salud mental, gran parte de las bajas, hoy en día, se explican por problemas psicosomáticos. Entre las medidas recomendadas figuran incentivos sociales, programas de conciliación, seguros médicos, flexibilidad laboral, mejora de la comunicación interna y sistemas eficaces de control horario y gestión de ausencias.
Podemos concluir que el bienestar emocional y la desconexión digital son cada vez más importantes para prevenir el desgaste profesional y reducir el absentismo. Según estudios recientes sobre salud mental en el trabajo, más del 90% de los empleados considera que la cultura empresarial debe apoyar activamente el bienestar psicológico de la plantilla.









