Jesús Millán Muñoz.- Le haré y me haré una pregunta dura, ¿cuánta realidad y trozos de realidad está usted dispuesto a aceptar, ver, percibir?, ¿Cuánta percibir/ver/pensar en la prensa, en el articulismo?
El tiempo te enseña o plantea una pregunta: ¿No sé si los humanos quieren ver la realidad, el mayor trozo de realidad o de lo real, en definitiva, el mayor grado de verdad posible, dentro de sí, fuera de sí…? No digo que no quieran o queramos ver y percibir y concebir la realidad-verdad, pero no sé si la quieren todo y en qué tanto por ciento, o en qué cosas sí o en qué cosas no. Y, en qué grado sí y en qué grado no, o en qué proporción… También en relación con uno mismo, en relación con los demás, o al menos algunos de los demás, en relación con unos colectivos o en relación con otros…
Este es el quid o el problema o la esencia de la prensa y medios de comunicación. Bien que cada medio tenga su línea editorial, tenga su sector de mercado, tenga su grupo de seguidores, pero incluso admitiendo eso, ¿qué grado de realidad y de verdad quieren los humanos?
Creo que ésta es la gran pregunta, aplicada a uno mismo, cada uno a sí mismo, a todos los grupos sociales, a todos los grupos ideológicos o filosóficos o culturales, incluso a las familias, famitas en sentido amplio y en sentido restrictivo…
¿Podríamos preguntarnos que todo el mundo vive de espaldas a la realidad y a lo real, o a gran parte de lo real, de lo real-verdad-verídico, unos en unos temas, unos en otros, unos con unas personas y otros con otras, unos con unas ideologías y otros con otras…?
¿Lo que diferencia a unos seres humanos con otros, es que “su captación de lo real-verdad”, cambia, diríamos en tanto por ciento o grado, y, cambia en unas cosas o en otras, o dicho de otro modo, unos en unos temas, tenemos una percepción de la realidad-verdad lo más ajustada posible, y, en otros no? ¿Y, eso aplicado también a las personas y a todos los entes-grupos sociales, unos en unos temas y otros en otros…?
¿De alguna manera podríamos aceptar que vivimos, que existimos en un “teatro”, en un mundo real en parte, y, en otra parte imaginario, en un gran teatro del mundo…?
Por ejemplo, aplicado al articulismo y a la prensa, usted puede leer el periódico que quiera, puede leer las secciones del periódico que quiera, puede leer a los articulistas o columnistas que quiera. Es su libertad, su libre arbitrio, su libre albedrío, su ejercicio de la libertad interior y la libertad exterior. Pero debe hacerse la pregunta, ¿de verdad quiere percibir la realidad, en lo que pueda, en el mayor grado posible de realidad-verdad, lo real como lo más real posible, lo real como lo más verídico posible o no…?
¿¡Por tanto, usted, se atreve a enfrentarse a mis textos, que con muchos errores y deficiencias, al menos, como autor-escribiente, intento captar, en pequeños trozos, trozos de real y de realidad y de verdad… guste o disguste, no sólo a usted, me guste o disguste a mí…!?
El siglo diecinueve, se abrió una filosofía-ideología, que ha tenido enormes consecuencias. En síntesis y tesis esencial, “el mundo como representación”, Schopenhauer, que en definitiva, es una variedad, del Kantismo-Hegelianismo, una dimensión de esos movimientos. El mundo externo y exterior, según esas filosofías es la proyección de mi mente, deseos, palabras, conceptos, carne, ideas, representación, etc., -no entremos en matices, grandes o pequeños, no es el lugar-.
No podemos negar que proyectamos en el mundo exterior nuestro mundo interior, y, en nuestro mundo interior proyectamos también nuestro mundo interior. Pero tampoco podemos negar que exista un mundo exterior, que es algo real, que tiene sus leyes y sus normas, y, que los humanos tengan que adaptar sus pensamientos, sus verdades a ese mundo real y real exterior. Nos guste o disguste si “se acerca un meteorito”, imaginariamente, y, viene hacia nosotros. Eso es una realidad que no podemos negar. Si hoy, va a llover trescientos litros por metro cuadrado de agua en tu pueblo o ciudad es una realidad que no podemos negar. La realidad y lo real no podemos negarlo.
Es complejo, porque comprender lo “real” es un esfuerzo que llevamos decenas de miles de años. No conocemos toda la realidad, todo lo real, no sabemos, por ejemplo, la cantidad de virus que hay en el planeta, ni siquiera la cantidad de especies vivas y vivientes. No sabemos la interacción con ellas o con todas ellas. Pero nos esforzamos, poco a poco a entender y comprender la realidad y lo real. Poco a poco. En definitiva, en avanzar en verdad y la verdad y con verdad. Esta es la cuestión.
Usted, estimado lector/a, terminemos ya, se acaban las ochocientas palabras, usted, ¿cuánto grado de realidad, de real, de realidad-verdad está dispuesto a aceptar…? Por mi parte, en la medida que pueda, le daré la verdad-realidad que vaya entendiendo y comprendiendo y captando. No quiere decir, que todo lo que le diga sea verdad. Pero si quiere decir, que lo que exprese, me guste o no, es un intento que sea real y real-verdad. Aunque a mí, a mí no me guste. Aunque vaya en contra de mis deseos o mis convicciones, o, incluso de mi inconsciente.
Una vez oí y leí, ya no recuerdo si lo leí o lo escuché, Nietzsche, autor que no es de mi gusto, pero en esto sí: “¿Cuánta verdad está usted dispuesto a soportar? ¿Cuánta?
Pero oí o leí, escuché o pensé leyendo: “No todo el mundo puede servir para ser psicólogo, psiquiatra, sacerdote o escritor…”. Porque esos oficios exigen que la persona que los ejerce, tiene que constantemente en sí mismo y consigo mismo, ponerse en crisis y en duda sus propias palabras, sus propias emociones, sus propias ideas, sus propios conceptos…
Es cómo alguien que por un lado está haciendo un edificio, el edificio de su pensar y existir, y, al mismo tiempo, tiene que poner en duda y en crisis, muchas de las partes de sus propio edificio mental y conceptual y afectivo y emocional y racional e irracional. ¿Por eso, y, eso debe usted distinguir, que autor, que columnista de opinión que es el tema en el que estamos, aprecia usted que es capaz de poner en crisis sus propias ideas, datos, conceptos, emociones…, para darle a usted el mayor grado de realidad y de verdad, aunque se equivoque?
¡Creo que este escribiente que usted está viendo sus palabras, si lo hace…! ¡Pero la mayoría no lo hacen, nadie se ofenda…! ¿Usted tiene que distinguir… no le doy a usted lo que le gusta, aunque yo sé lo que le agrada, no me lo doy yo a mi mismo lo que me agrada o gusta, busco la realidad-real, la verdad y lo verdadero…! ¡En definitiva, dejamos jirones de nuestro corazón y carne y alma, intentando buscar lo real, y lo real-verdad, aunque muchas veces, nos equivoquemos, aunque cada artículo al menos lleve un error o tres, sin retórica, sino en verdad-realidad1 ¡Pero, pero algunos, algunos al menos lo intentamos…! ¡Paz y bien y verdad! ¿Verdad y bien y paz…!









