La poesía que salva vidas

Cuando un médico pronuncia la palabra cáncer, el mundo se derrumba en un segundo. Lo primero que te asalta el pecho es una pregunta dolorosa sobre cómo se lo vas a explicar a los tuyos y cómo se lo vas a decir a la gente que quieres. Cáncer es una palabra durísima porque no existe ningún cáncer bueno. Hay algunos que son fatales y matan deprisa, pero el cáncer de próstata tiene una particularidad tan esperanzadora como cruel. Si se detecta a tiempo se cura casi al cien por cien y, sin embargo, solo en España se va a llevar la vida de más de seis mil personas este año. No nos equivoquemos, pues no mata por ser invencible, sino que mata por pura ignorancia y por culpa de tabúes anticuados que parecen sacados de películas de antaño.

Yo no tenía ni idea de qué era esto. Nadie me había informado de que un simple análisis de sangre, una prueba de PSA a partir de los cincuenta años, habría bastado para frenarlo a tiempo. Por culpa de ese desconocimiento generalizado, hoy convivo con un cáncer en estado cuatro con metástasis que ya no es curable. La rabia que sentí al saber que mi situación se pudo haber evitado con prevención se transformó en un grito de guerra y de vida gracias al apoyo incondicional de mi familia, de mi grupo de amigos y de compañeros como Luis Díaz-Cacho, Gema o Marciano. Así nació PROSVIDA. Decidimos salir a dar voces por toda España para exigir que la información llegue a cada rincón, logrando que ningún hijo, padre, hermano o pareja vuelva a llegar tarde por miedo a ir al urólogo.

Para canalizar este mensaje elegimos la cultura, y así ha nacido el I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA. Acabamos de celebrar el segundo recital en Villamayor de Calatrava y nos quedan veintidós paradas por delante en regiones como el País Vasco, Cataluña, Madrid, Albacete o muchos pueblos de nuestra provincia. Me parecen muchísimos y, a la vez, me parecen muy pocos. Ojalá tuviéramos un recital en cada pueblo de España para recordarles a todos los hombres que dejen a un lado las tonterías, que se hagan las pruebas y que elijan vivir, porque la vida es demasiado bonita como para perderla por un descuido.

Anoche, mientras escuchaba los versos que mi amiga Gema Pérez Pinto me dedicaba desde el escenario, se me rompió el alma de la emoción. Escucharla recitar que quería robarle minutos al destino porque me quiere con vida es el reflejo exacto de por qué estamos haciendo esto. No puedo describir con palabras el torrente de emociones que me inunda el pecho en cada uno de estos encuentros. Ver a los niños, a los vecinos y, de manera muy especial, a tantas mujeres implicadas, que son las mejores aliadas para recordar en casa que la próstata es vida, me da las fuerzas que a veces a mi propio cuerpo le cuesta encontrar.

Quiero cerrar estas líneas expresando mi más profundo, sincero y eterno agradecimiento. Doy las gracias a cada poeta y rapsoda que desnuda su corazón en el escenario y transforma su talento en un escudo contra la enfermedad. Agradezco también a todos los organizadores y voluntarios que, detrás de bambalinas, se dejan la piel para que el festival recorra el país. Y doy las gracias, de todo corazón, a cada una de las personas que llenáis las sillas de estos recitales para escuchar, abrazar nuestra causa y romper el silencio con vuestra presencia. Vosotros no solo asistís a un evento cultural, sino que estáis ayudando a salvar vidas. Nos quedan veintidós batallas poéticas por delante y, os lo aseguro, no vamos a dejar de dar voces.

Nos vemos el día 3 de junio en Valdepeñas.

Julio Criado García
PROSVIDA

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