La trayectoria de Pedro Arévalo Buitrago por los demás es uno de esos testimonios de excelencia de cómo la vocación de servicio, acompasada al valor que entraña la investigación en mejoras prácticas aplicadas de manera práctica a pacientes, pueden elevar el nombre de una población a las más altas esferas de la sanidad internacional.
Natural de Almodóvar del Campo, este enfermero de 39 años de edad ha logrado hitos que vienen a transformar uno de los campos que hasta ahora no eran especialmente atendidos en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), sin perder nunca de vista los valores de la sencillez y cercanía que heredó de su familia en el barrio donde se crio.
Así lo repasaban fechas atrás el alcalde y el propio Pedro, en un amigable encuentro donde José Lozano quiso dar a conocer a estas “personas trabajadoras y humildes”, en referencia a sus padres, Eugenio y Milagros y que, como también lo es en el caso de su hermano Santiago, caracterizan a este profesional de la salud.
El trabajo en cuestión que le ha sido reconocido se centra en un área que, según sus propias palabras, solía ser la última prioridad en este tipo de entornos de atención clínica tan intensiva. “En la UCI, los pacientes están muy malos y lo último que le echas cuenta son los ojos. Pero al estar sedados y con los ojos cerrados, pierden sus mecanismos normales y muchos desarrollaban problemas visuales de larga duración: úlceras, ceguera o visión borrosa”, explica el almodovareño.
Para atajar este problema, Arévalo lideraba un ‘core group’ de ocho profesionales del Hospital Reina Sofía de Córdoba junto al apoyo metodológico del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica (IMIBIC) y la Universidad de Córdoba, que ha implementado un protocolo pionero bajo el título en inglés ‘Impact of a structured educational intervention on the prevention of ocular surface disorders in critically ill patients: A non-randomized clinical trial’.
Con este estudio iniciado en 2022, han conseguido una muy relevante disminución de las complicaciones oculares, mejorando hasta la fecha los resultados en un 38% de pacientes de UCI, pues una de las aportaciones más disruptivas del estudio ha sido el cuestionamiento de prácticas tradicionales.
“Gracias a esta investigación hemos descubierto que el suero es contraproducente por su salinidad, que al paciente crítico no le viene bien; ahora el protocolo se hace con agua estéril e hidratación con vitamina A o lubricante”, detalla Arévalo, sobre un protocolo que se debe aplicar de forma rigurosa cada seis u ocho horas.
También se abordan patologías como el lagoftalmo, cuando el ojo permanece abierto a pesar de la sedación, mediante apósitos específicos, contribuyendo así en conjunto a prevenir afecciones colaterales centradas en el órgano de la vista.
El impacto de esta investigación ha situado a este paisano, junto con su equipo, en lo más acto de la literatura científica en esta materia, por cuanto estos resultados han sido ya publicados en las revistas más prestigiosas, calificadas como de primer decil y cuartil. “Es como si dijéramos la Primera División de las revistas, pasándolo al fútbol”, ilustra Pedro.
En concreto, los trabajos han aparecido en ‘Nursing in Critical Care’ que es la revista de la referente Asociación Británica de Enfermeras de Cuidados Críticos y en ‘Intensive and Critical Care Nursing’, la publicación oficial de la Federación Europea de Asociaciones de Enfermería de Cuidados Críticos y tercera revista más importante del mundo en su especialidad.
Este éxito ha provocado que centros sanitarios de Madrid y Zaragoza ya hayan contactado con Pedro para implementar su método, además de configurarse una red europea que involucra a diez países, entre ellos Irlanda, Francia, Bélgica, Reino Unido, Turquía o Bosnia, para estandarizar estos cuidados oftalmológicos en UCI a nivel continental.
Una trayectoria de retorno y superación
La carrera de Pedro no ha estado exenta de sacrificios propios de su generación. Formado en la Escuela Universitaria de Enfermería de Ciudad Real, su primer contacto profesional fue una guardia en el Centro de Salud de Almodóvar del Campo.
Tras pasar por hospitales de Alcázar de San Juan y Albacete, la crisis de 2012 le obligó a emigrar junto a su mujer, Estefanía Olivares, también enfermera de UCI. Durante cuatro años ejercieron en el Reino Unido, pasando por Belfast, Colchester y Brighton, donde Pedro estuvo, en primer lugar, en una residencia de ancianos.
“Pero mi objetivo era la UCI; siempre me ha gustado, desde las prácticas de la carrera, porque creo que se puede aportar bastante”, confiesa. Tras su paso por Inglaterra y una estancia en Santander, logró su plaza en el Servicio Andaluz de Salud (SAS), recalando finalmente en el Hospital Reina Sofía de Córdoba.
Hoy, desempeña una doble función, de gestión y docencia, como técnico de salud en la Unidad Docente Multidisciplinar de Atención Familiar y Comunitaria, siendo el responsable de la unidad de investigación del Distrito Sanitario Córdoba y Guadalquivir.
El orgullo de un mayero comprometido
A pesar de toda esta proyección y reconocido bagaje, el arraigo que, desde la humildad, mantiene Pedro Arévalo con Almodóvar del Campo es absoluto. “Yo siempre con mi pueblo por bandera. En mi despacho lo primero que planteé fueron mis fotos de los Encierros, de los santos y mi pegatina de Almodóvar”, afirma con orgullo.
Este amor por su tierra se tradujo a principios de mes en un gesto de altruismo que emociona a quienes sabían de ello. Y es que la dotación del accésit que recibió como premio a mejor publicación científica, la decidió donar íntegramente a la Residencia de Mayores ‘El Pinar’.
“Hace unos meses murió mi abuelo en la residencia y allí tuvo un trato excelente, pero vi que en algún aparataje estaban un poco justos”, explica, por lo que decidió donarles un aspirador de secreciones y las sondas necesarias.
La entrega del equipo se produjo en un contexto cargado de simbolismo y tradición, por cuanto aprovechaba su presencia como integrante de la rondalla de ‘Balálita’ durante el canto de los Mayos para, ataviado con la típica indumentaria de mayista, entregar a la directora el equipo, con el deseo de que haga “un bien social” a otros residentes.
Por cierto, su altruismo va más allá porque tras recibir el Premio de Enfermería ‘Enfermera Nanda Casado Salinas’, su cuantía ya la quiso destinar a mejoras de humanización en la UCI del Hospital Reina Sofía para pacientes y familias.
Raíces, familia y devoción
El alcalde de Almodóvar, José Lozano, quiere poner en valor precisamente todo la calidad humana de la familia de Pedro, recordando sus orígenes en el barrio y la figura de sus padres, Eugenio Arévalo y Milagros Buitrago.
“Para mí es un honor que personas de una condición como sus padres puedan tener un hijo que dé esas alegrías”, afirma Lozano, recordando anécdotas con el progenitor, maquinista y conductor de camiones, con quien coincidió en los Salesianos.
La vida de Pedro hoy se divide entre lo profesional en Córdoba y lo personal y familiar en Montilla, localidad donde reside y donde ha encontrado un vínculo espiritual con su tierra a través de san Juan de Ávila, el santo almodovareño cuyos restos reposan donde reside.
“Elegí casarme en la Basílica de Montilla porque estaba allí mi paisano”, apunta en referencia al santo, y reconoce que su hija, Carmen, tiene así su nombre por la advocación de la Virgen que es patrona de Almodóvar del Campo. Además, se muestra muy orgulloso de que la niña conozca perfectamente la historia de la población de su padre, a la que suelen desplazarse muy habitualmente.
Con todo, Pedro Arévalo Buitrago encarna el éxito de quien alcanza altas cotas científicas sin olvidar el nombre del barrio donde se crio. “Ojalá hubiera mucha gente como Pedro”, concluye el alcalde Lozano, resumiendo así el sentir de un pueblo que tiene en este enfermero vocacional, sobre todo, a un vecino ejemplar y a un “embajador cercano”.










