Gay saber. (2018 25 agosto)y saber a gusto
No piensen mal por aquello del enunciado propuesto de Gay saber, como un saber específico de los homosexuales y de todos los LGTBIQ+.
Un saber fraccional y partidario, que deja fuera a otros colectivos heterosexuales, cisgéneros y aún homoeróticos.
Habría que andarse con cuidado en estas afirmaciones de saberes y sabidurías marcadas por el sexo. Toda vez que el colectivo LGTBIQ+ podría darse por aludido y por interferido.
Y es que cuando hablamos de Gay saber podemos referirnos a dos campos de conocimiento diversos. Un campo tradicional y veteroliterario y otro actualizado y banalizado del saber cómo francachela, como continente sin contenido y cómo rédito político.
Del primer Gay saber antiguo, que es el que formulaba el significado propio dado a la poesía provenzal por los fundadores del movimiento poético, al Gay Saber actual median siglos y conceptos.
Aquellos lejanos fundadores del Gay saber que intentaban revitalizar la poesía trovadoresca mediante certámenes literarios, al Gay Saber actualizado y contemporáneo va un abismo.
Un abismo, que es el que transcurre de la sabiduría a la necedad.
Y es que el Gay saber remoto y literario, bebe de la etimología de gaudium –gozo–, de donde se derivaría la voz Gai.
Nada que ver con la identificación de 1939, del Gay como homosexual oculto y, a veces, invisible.
Responsabilidad que algunos hace recaer sobre Cary Grant en la película de Howard Hawks, Bringing up baby. Aunque otros, ausculten a Antonio Machado en sus Meditaciones rurales, de 1913, cuando escribía a propósito del Gay saber:
Heme aquí ya, profesor
De lenguas raras (ayer
Maestro del gay-saber
El otro Gay saber proviene de Friedrich Nietzsche, de su obra escrita en 1882,La gaya ciencia (la gaya scienza, en alemán: Die fröhliche Wissenschaft; también traducido al español como El alegre saber).
Cuando Nietzsche concibe estas ideas, Europa ha consumado la primera revolución industrial y está a punto de convertirse, gracias a la técnica rampante, en la dueña del mundo. Embriagada de sus ideales de progreso y libertad, no necesita ya al viejo dios cristiano.
Nuestro filósofo se limita a registrar el hecho histórico: “el más grande de los últimos acontecimientos –que dios ha muerto– […] comienza ya a lanzar sus primeras sombras sobre Europa”.
Y de aquellas sombras finiseculares pasamos a otras postrimerías del conocimiento, en el nuevo Gay saber, que ya es un Saber cachondoy aromatizado por los partidos políticos de la entente del poder establecido o por otras razones del conocimiento, que expiden permisos y licencias.
Entente partidario amable y doctoral que permite obtener y otorgar títulos, titulaciones, doctorados, prebendas académicas y otras regalías, como prueba del valor del militante y del afiliado de relieve y de postín.
Como acontece con toda la revolución simplificadora de los másteres universitarios, conseguidos a precio de rifa de feria.
Como ocurre con todas las convalidaciones de estudios, a todas luces excesivas; como se verifica con los proyectos curriculares, inflados como un globo aerostático.
De todo ello nos permite hablar los másteres de la desaparecida Cristina Cifuentes, los másteres y acreditaciones del ahora empresario, Pablo Casado y las titulaciones análogas –pero no universitarias– de Begoña Gómez, mujer de Pedro Sánchez, que lidera un raro curso universitario de Fundraising,sin tener la titulación exigible para la docencia. Y merced a esos méritos apócrifos ha sido contratada por el Instituto de Empresa, para promover la Fundraising en el continente africano. Incluso las vitoreadas cátedras de la Universidad Complutense, ahora objeto de investigación judicial.
Que el Gay saber, como saber devaluado, no se agota en estos compadreos lo demuestra el decaimiento de los estudios antaño superiores y hoy ya ni se sabe qué cosa son.
Ya venía aconteciendo en los afamados y multiplicados cursos de verano, que sólo servían como exhibición del amiguismo y del coleguismo claustral, con financiación de un banco –antes Cajas de ahorro– de primera línea.
De igual forma que buena parte de las Universidades Populares, practican esa rara sabiduría totalmente prescindible, que ve brotar títulos que de poco sirven por más que estén expedido en papel verjurado con ilustraciones doradas y firma del titular responsable.
Baste rastrear las últimas ofertas del verano para saber que el Gay saber se ha instalado entre nosotros.
Así la Universidad Autónoma de Madrid, imparte un curso para hacerse Influencer, que es algo molón e importante. Adquirir pericia para figurar en los primeros lugares de las redes sociales. Curso, grado, certificado o máster que preside Agatha Ruiz de la Prada y que se llama de forma completa Intelligence influecers: Fashions& Beauty.
De igual forma la Universidad de Alicante ha diseñado un Máster de Arroces y alta cocina, que no se sabe a qué habilita, aparte de distinguir los arroces valencianos de los alicantinos o de los murcianos.
De igual forma podríamos citar el aludido Máster universitario de Fundraising, codirigido por Begoña Gómez.
He oído, por citar alguno más que preparan en Barcelona, otro Máster de Independentismo y Autodeterminación, dirigido a la élite de los partidos secesionistas; y junto a ello en la Universidad del País Vasco van a impartir otro Máster de Pasarela y Alta costura.
En fin, puro Gay saber.
El que no sabe es porque no quiere.








