La diócesis de Ciudad Real celebra el 150 aniversario del Obispado Priorato

La diócesis de Ciudad Real ha celebrado este jueves, 4 de junio, en la Santa Iglesia Prioral Basílica Catedral, una eucaristía de acción de gracias con motivo del 150 aniversario del Obispado Priorato de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa.

La eucaristía ha sido presidida por el obispo de Ciudad Real y prior de las Órdenes Militares, don Abilio Martínez Varea. También han participado el arzobispo de Toledo, monseñor Francisco Cerro Chaves; el obispo de Albacete, monseñor Ángel Román Idígoras; y el obispo emérito de Ciudad Real, monseñor Gerardo Melgar Viciosa, junto a ochenta sacerdotes.

La celebración ha comenzado con una procesión de entrada por el Paseo del Prado hasta la Puerta del Perdón de la Catedral. En ella han participado, además de los sacerdotes y los obispos, veinticuatro caballeros de las Órdenes Militares, y también D. Pedro de Borbón Dos Sicilias, en una celebración especialmente vinculada a la historia y al título del Obispado Priorato.

Durante la misa, la diócesis ha dado gracias por los 150 años de camino recorrido desde la creación del Obispado Priorato y ha renovado su compromiso de seguir anunciando el Evangelio en Ciudad Real como una Iglesia unida, viva y misionera.

En la homilía, don Abilio ha recordado que el aniversario no debe quedarse «en algo humano, en una curiosidad, en una mera institución con curiosidades históricas», sino que debe leerse desde la fe y desde la unión con Cristo. En este sentido, ha afirmado que la diócesis ha sido, durante estos 150 años, «una Iglesia fecunda» porque ha permanecido unida a Cristo, «la verdadera vid».

El obispo ha invitado a toda la comunidad a dar gracias por todos los que han sostenido la vida de la Iglesia diocesana durante este siglo y medio: obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y fieles laicos. De modo especial, ha tenido un recuerdo para los sacerdotes enfermos y mayores y para los mártires de la tierra, a quienes ha definido como «el fruto más precioso de nuestra historia».

Don Abilio ha subrayado que esta celebración no puede ser «una celebración para la nostalgia», sino «un impulso» para renovar la conciencia de que la Iglesia en Ciudad Real está enviada a evangelizar. En este camino, ha señalado tres frutos necesarios para una Iglesia viva: la alegría, porque el Evangelio es buena noticia; la caridad, como testimonio concreto de la fe; y la santidad, que es la llamada de todos los bautizados.

«Hoy no nos pide resultados extraordinarios, sino que seamos fieles», una fidelidad que ha concretado en la oración, la vida sacramental, el servicio a los pobres, la transmisión de la fe y el testimonio cotidiano del Evangelio.

A la celebración han asistido también numerosas autoridades civiles, judiciales y militares, entre ellas el alcalde de Ciudad Real, Francisco Cañizares; el subdelegado del Gobierno, David Broceño; representantes de la Diputación Provincial, de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, senadores y diputados, así como mandos de la Guardia Civil, Policía Nacional, Policía Local, Subdelegación de Defensa y la base aérea de Almagro.

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