«Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria.»
FEDERICO FELLINI
Estos días se ha celebrado FENAVIN MATCH, es decir, una feria más reducida que pretende implantarse en los años pares, cuando la feria bienal se toma su descanso. El acto protocolario de inauguración ha estado, como siempre, ampliamente concurrido por los representantes de nuestra policéfala administración pública, en el que no ha faltado ninguna de las instituciones locales, provinciales, regionales o nacionales que, de una u otra forma, tienen voluntad de presencia en este tipo de actos importantes.
La idea es buena, pero otra cosa es que se cumplan los objetivos de sus organizadores. Es decir, que haya un mínimo de asistencia que la haga viable, que el número de operaciones justifique la asignación de estos recursos y, sobre todo, que se perciba como una feria exitosa, tanto para los organizadores como para las bodegas que exponen sus vinos y para los compradores nacionales e internacionales que asisten a ella. Pero esta FENAVIN «chica» no deja de ser un experimento nuevo de imprevisibles resultados.
Este año se cumple el vigesimoquinto aniversario del inicio de esta feria que, a lo largo de estos años, parece haberse consolidado en su formato inicial: el de su celebración con periodicidad bienal. Muchos de los operadores del sector han considerado que su presencia durante los días en los que se celebra parece algo casi obligado si se quiere ser conocido tanto como vendedor como comprador. Y hay quien, en ediciones anteriores, decía que aquí hay que estar sí o sí. No sé si los asistentes de este año pensarán lo mismo.

Los representantes institucionales y los profesionales intervinientes en el acto de inauguración de esta feria han valorado muy positivamente el hecho de que, con esta nueva estrategia, se evita el parón que se produce en los años alternos en los que no se celebra FENAVIN. El director de la feria, Manuel Juliá, ha puesto el acento en una cuestión importante para implantar este proyecto. Para él es la creatividad, la imaginación, el motor de desarrollo de estos nuevos proyectos que permiten ampliar el mercado del vino.
Ha citado varios de los instrumentos desarrollados para esta feria, como el de convertir la «Galería del Vino» en un medio más ágil a la hora de realizar la cata de los vinos que ofrecen los vendedores para que se pueda iniciar, en el propio recinto ferial, la negociación entre las partes. Además, este año la organización ferial ha incorporado el programa «Contacto directo», una herramienta que facilita a los compradores comunicarse con las bodegas a través de un código QR, lo que les permite ser más prácticos en su relación comercial.
El presidente de la Diputación, Miguel Ángel Valverde, ha facilitado unas cifras que muestran la evolución del mercado del vino en Ciudad Real en el último cuarto de siglo. A principios del siglo XXI —cuando inicia su andadura FENAVIN—, se exportaba vino por valor de unos 80 millones de euros anuales y en la actualidad esa cifra se ha elevado a 480; es decir, se ha multiplicado por seis durante ese periodo. O que el vino representa en estos momentos el 11 % del PIB provincial (mientras que a nivel regional es solo del 5 %).
Pero no se dijo nada sobre uno de los graves problemas del desarrollo comercial del vino en España, en Castilla-La Mancha y, por supuesto, también en Ciudad Real: que el consumo de vino está en poco más de veinte litros anuales per cápita, muy por debajo de la mayoría de los países europeos, según los datos de la Organización Internacional de la Viña y del Vino. El ranquin establecido por esta entidad lo encabeza Portugal, cuyo consumo es tres veces superior al nuestro y es el doble en Francia, Croacia, Eslovenia o Italia.
La representación de la provincia, con la presencia de sus principales grupos cooperativos y bodegueros, ha sido mayoritaria. Ha estado el nuevo grupo formado en torno a la Cooperativa Virgen de las Viñas de Tomelloso, la de Villarrubia de los Ojos, la de Socuéllamos, o la de Manzanares y han estado presentes los grupos bodegueros de Valdepeñas. Junto a todos ellos ha habido una amplia representación del mercado nacional que ha permitido la asistencia de 350 expositores en esta nueva edición reducida.
En cuanto a las bodegas de mayor calidad, sobresalen los vinos de pago, destacando los del Pago Dehesa del Carrizal, cuyos vinos han superado el más exigente escrutinio de los mejores sumilleres, tanto nacionales como internacionales. Pierre-Yves Dessevre, su director de bodega, dice que ellos tienen clara la que es su línea de producción con mayor aceptación por parte del consumidor y a ella se dedican, lo que no les ha impedido la introducción de nuevas variedades, como la garnacha.
Ahora, más allá de los siempre optimistas datos oficiales, serán los profesionales del sector quienes dicten sentencia. Veremos.








