Villamayor de Calatrava acogió la segunda parada de las 24 previstas en el I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA, un movimiento donde los niños, vecinos y las mujeres del taller de memoria demostraron que cuidarse es el mayor acto de amor.
Villamayor de Calatrava es un pueblo que no conoce la palabra «no». Cuando a sus vecinos se les lanza una propuesta, no solo responde todo el mundo, sino que se vuelcan para mejorar la idea inicial. Esa energía vecinal fue la que lanzó un clamor contra el silencio. El recital de PROSVIDA estaba programado originalmente al aire libre. Sin embargo, las inclemencias del tiempo provocadas por las altísimas temperaturas obligaron a trasladar el acto al interior del Centro Social del municipio. Lejos de deslucir la jornada, este cambio de escenario concentró la emoción y resguardó del fuerte calor a un público que llenó el recinto para arropar esta iniciativa, que se enmarca con orgullo como el segundo de los 24 recitales que componen el I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA. Se trata de un gran despliegue por toda la geografía española para combatir una enfermedad silenciosa que muchas veces llega tarde porque los hombres no se hacen las revisiones necesarias por miedo, por tabúes, por vergüenza o simplemente por desconocimiento.
Gema Pérez Pinto, que se encargó de coordinar todo el evento con una entrega absoluta, abrió el acto con unas palabras llenas de orgullo y de verdad. Explicó que este primer festival nacional de poesía va a recorrer España con un total de 24 recitales y que Villamayor era la segunda parada de este importante viaje solidario. Gema insistió mucho en que, aunque es una enfermedad que solo sufren físicamente los hombres, las mujeres tienen un papel fundamental en esta lucha. Recordó que hace años a las mujeres también les daba mucha vergüenza ir al ginecólogo o hablar abiertamente del cáncer de mama, pero que gracias a que insistieron entre ellas, perdieron el miedo y aprendieron a revisarse, se han salvado muchísimas vidas a lo largo de las últimas décadas. Por eso, pidió a todas las madres, hijas, hermanas y esposas del pueblo que sean pesadas y que lleven a los hombres de la familia a hacerse los análisis, porque un simple control de sangre puede cambiar el destino de una familia entera.
La tarde se convirtió pronto en un emocionante encuentro entre diferentes generaciones. Gema contó que todo empezó como una actividad pequeña dentro del taller de memoria que ella misma imparte a las mujeres mayores del pueblo. Su idea inicial era darles unos poemas sencillos para que los leyesen sin preocuparse ni pasar nervios, pero ellas la sorprendieron por completo buscando sus propias poesías e incluso, en algunos casos, escribiendo textos propios desde el salón de sus casas. Al final, la iniciativa creció tanto que se sumaron vecinas, amigas, familiares y un grupo precioso de niños del pueblo, lo que demostró que el mensaje de salud va a crecer con fuerza en las nuevas generaciones de Villamayor.
El primer bloque del recital estuvo dedicado por entero a los más jóvenes, los Rapsodas Junior, quienes demostraron que la sensibilidad y la responsabilidad no entienden de edad. Martina Carmona Estalio fue la encargada de romper el hielo y los lógicos nervios iniciales de subirse a un escenario. Con una voz firme, Martina recitó el famoso poema ‘Resistiré’, dejando claro desde el primer verso que ante las dificultades hay que hacerse fuerte como un roble y volver siempre a empezar. Su valentía arrancó una de las ovaciones más cariñosas de la tarde.
Después subió al micrófono Luis Muñoz Gijón, que leyó la poesía titulada ‘La esperanza florece’. Luis demostró una soltura y una confianza admirables para su edad, contagiando al público con unos versos que invitaban a pensar en todo lo bonito que queda en el corazón cuando el mundo parece gris, recordando que el mañana siempre llega con su luz.
La naturaleza y el optimismo inundaron el Centro Social gracias a Coral del Carmen Cerdá del Pino, quien leyó con gran dulzura ‘El despertar del jardín’. Con su lectura, Coral describió la marcha del invierno, la llegada de la primavera, las amapolas rojas y el baile de las nubes en el cielo azul, llenando el ambiente de color y vida. Justo después, Javier Rodríguez Cerdá demostró las muchas horas de ensayo y dedicación que llevaba detrás al recitar ‘Un sueño en la mirada’. Javier mandó un mensaje precioso a los asistentes, recordándoles que cuando la noche es larga siempre hay estrellas en el cielo dispuestas a guiar nuestros pasos.
El turno de los jóvenes continuó con Aitor Rodríguez Cerdá, quien recitó ‘Amor y confianza’. Aitor puso un gran énfasis al explicar a los vecinos que, aunque la lluvia moje fuerte el corazón, nunca hay que sentirse solo porque el sol siempre está charlando detrás de las nubes dispuesto a regalar su calor. El momento más tierno de este bloque infantil llegó con Alonso Cerdá del Pino, que leyó unos versos de enorme carga afectiva dedicados a caminar de la mano de una madre. Alonso emocionó a todos al recitar ese deseo filial de estar en los brazos maternos para aprender a caminar, a crecer y a rezar con sencillez y humildad.
Justo después, el público vivió un ejemplo de valentía gracias a la pequeña Naima Ureña. Una de las personas mayores del taller de memoria que iba a leer no pudo asistir a última hora debido a un imprevisto, dejando un hueco libre en el programa. A Naima le entregaron el texto en ese mismo instante, sin tiempo apenas para repasarlo. Sin dudarlo un segundo, la niña subió al escenario y leyó las famosas rimas de ‘Volverán las oscuras golondrinas’ de Gustavo Adolfo Bécquer como una auténtica profesional, ganándose el aplauso unánime del público por su resolución ante el imprevisto.
El turno de este bloque juvenil concluyó con las lecturas de las llamadas «niñas grandes de espíritu», las adultas del taller que se habían volcado en ensayar, animar y preparar a todos los menores durante las semanas previas. María del Carmen del Pino Arellano subió al escenario con gran devoción para recitar la ‘Oración de la Santa Cruz’, pidiendo amparo contra todo mal y luz para el camino de la salud. Tras ella, Laura Cerdá Coronel leyó el poema ‘Todo pasa’, recordando de forma muy oportuna que las tormentas nunca se quedan y la tristeza siempre termina por marcharse, ambas pertenecientes al AMPA del cole. Por su parte, Marcela Cano recitó el poema ‘Vendrán días mejores’, cerrando ese apartado del recital con un mensaje de esperanza sobre la superación y el renacer.
Tras la aplaudida participación de la juventud, el ambiente cambió de ritmo para dar espacio al Manifiesto Nacional de este I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA. El encargado de ponerle voz a este texto institucional fue Manuel Muñoz Bermejo, Juez de Paz de Villamayor de Calatrava, un hombre sumamente respetado y querido por todos sus paisanos que además ha querido dar un paso al frente al compartir su propia experiencia personal con la enfermedad para concienciar al entorno.
El contenido del manifiesto golpeó la conciencia colectiva con datos estadísticos de una enorme gravedad. Manuel recordó que solo durante el pasado año 2025 se diagnosticaron en España cerca de 35.000 nuevos casos de cáncer de próstata, y que más de 6.000 personas fallecieron por esta misma causa en el mismo periodo de tiempo. El texto remarcó que nos encontramos ante un problema de salud pública de primera magnitud que debe ser abordado de inmediato desde el punto de vista médico, científico, político y social.
Una de las denuncias más firmes del manifiesto apuntó directamente a las barreras sociales y de comportamiento que todavía existen en nuestra sociedad. El texto señaló que el machismo arraigado y el miedo absurdo a los exámenes médicos son los verdaderos responsables de retrasar los diagnósticos. Esta preocupante realidad transforma una enfermedad que es altamente tratable, si se descubre a tiempo, en un problema mortal. Las muertes no ocurren porque la medicina no tenga herramientas, sino porque los tabúes y el silencio siguen ganando la partida.
Por todo esto, el manifiesto incluyó una serie de peticiones muy claras dirigidas a las instituciones públicas. Se exigió a las administraciones que sitúen la salud masculina como una prioridad real en sus agendas políticas, diseñando programas de prevención eficaces. Entre las medidas concretas, se demandó el acceso gratuito, universal y rutinario a la prueba del PSA (el análisis del antígeno prostático específico) en los reconocimientos médicos de los trabajadores y en las analíticas generales a partir de los 45 o 50 años. También se hizo un llamamiento firme a los medios de comunicación para que se conviertan en aliados responsables, explicando información veraz y visibilizando las historias de los pacientes.
Entre el público asistente en las instalaciones del Centro Social se encontraba una figura clave en la trastienda de este movimiento de salud, Marciano Sánchez Cabanillas. Su presencia en Villamayor no era casual, ya que Marciano es uno de los cuatro redactores originales de este manifiesto nacional que se estaba leyendo y, además, es el coordinador del próximo recital de PROSVIDA que se celebrará en la vecina localidad de Puertollano. Su presencia reforzó la importancia del documento y el carácter unido de la red de apoyo que se está tejiendo. Manuel cerró la lectura del texto recordando una frase que se quedó grabada en la mente de los asistentes, “la verdadera virilidad y hombría no consisten en guardar un silencio absurdo ante el dolor, sino en el cuidado personal y en la responsabilidad hacia los seres queridos”.
Con las emociones a flor de piel tras las exigencias del manifiesto, comenzó la ronda de las Rapsodas Senior, donde las mujeres del taller de memoria demostraron su talento. Marce Ruiz García abrió el bloque con el poema ‘Sueños’, animando a todos con mucha dulzura a aferrarse a las ilusiones de la vida porque una vida sin sueños es como un pájaro con las alas rotas. Luego fue el turno de María Inés Monescillo López, que leyó de forma bellísima y pausada una poesía titulada ‘Jesús de Nazaret’. El texto narraba un tierno sueño infantil en el que una niña jugaba al escondite con Jesús por verdes campiñas y al despertar descubría la mirada protectora de la Virgen María. Carmen López Martín emocionó a los presentes con unos versos religiosos llenos de fe y cariño, ofreciendo sus ojos, su vida y su corazón, pidiendo protección eterna. Acto seguido, Encarna Velasco Muñoz consiguió el aplauso al recitar con una energía arrolladora un poema de celebración que invitaba a ser feliz por los cuatro costados del corazón, disfrutando de cosas tan puras como el aire, la tierra y la arena.
La gran sorpresa creativa de la tarde llegó con Emilia López Sánchez. Gema relató que Emilia llegó un día a las clases de memoria diciendo que se le había venido a la cabeza una poesía propia, casi de manera mágica. Con una valentía admirable, Emilia leyó su texto titulado ‘La vida’, una lección de superación donde explicaba que, tras haber llorado, fallado y tenido miedo a perder a personas especiales, había logrado sobrevivir gracias a ir a la lucha con determinación y vivir con pasión. Emilia mostró que no pasa por la vida de puntillas y animó al pueblo a hacer lo mismo. Su generosidad es tan grande que incluso le prestó otro de sus poemas sobre el paso de las estaciones, las amapolas rojas de la primavera y las hojas caídas del otoño, a su vecina Ramona López Ruiz, quien lo defendió sobre el escenario con un cariño enorme.
Por su parte, Chari Palomo Zapata decidió finalmente no salir a leer debido a que la emoción contenida por el recuerdo de alguien muy querido por ella la tenía con un nudo en la garganta, recibiendo un aplauso unánime de todos sus vecinos para que sintiera el calor del pueblo dentro del salón. En su lugar, su compañera Tini subió al escenario para leer en su nombre, con una sensibilidad exquisita, un poema de la autora Gabriela Mistral que arrullaba el recinto hablando de rosas, claveles y pan horneado con miel.
El recital avanzaba entre las sonrisas de complicidad del público. Isabel Redondo Redondo hizo un esfuerzo enorme para salir a leer quitándose la mascarilla y regaló a los asistentes unos versos infantiles muy rítmicos y alegres sobre los niños que corren, saltan y vuelan como pajaritos en la plaza del lugar. Paqui Nevado Fernández dio un toque más profundo e introspectivo a la tarde con el poema titulado ‘Libre’. Con una voz llena de matices, Paqui reflexionó sobre la libertad de nacer, besar, buscar y finalmente volver al polvo de la tierra siguiendo el rumbo de las raíces de las plantas. Al terminar este bloque, Gema Pérez Pinto confesó entre risas que durante los ensayos de los días previos habían tenido que tomarse alguna que otra tila para calmar los nervios del grupo, pero que el resultado final estaba siendo todo un éxito.
Antonia Coronel Cano, conocida por todos como Toñi, demostró su enorme entrega al multiplicar la tarea que se le había asignado. En lugar de una poesía, Toñi leyó tres textos cortos seguidos, uno dedicado a la Virgen del Rosario pidiendo su protección bajo el manto, otro dedicado a la belleza y el aroma de las flores de primavera, y un tercero sobre el sol suave y juguetón que alegra los campos, demostrando que cuando se le pide algo ella siempre lo devuelve multiplicado.
La calidad de la literatura local tuvo su espacio de honor gracias a Lola Hervás Alcaráz, una vecina del municipio que hace poco tiempo presentó su libro de poemas con un gran éxito de ventas en la zona. Lola explicó con cercanía que la inspiración le llegó una noche de forma natural tras haber ido a comprar tomates y miel a casa de unos amigos del pueblo, concretamente a la casa de Feli y Leandri. Esa misma velada escribió una poesía preciosa dedicada al patrón de Villamayor, Jesús el Nazareno, y a unos peregrinos locales que en ese preciso instante se encontraban haciendo el Camino de Santiago, pidiendo al patrón que los ayudara a llegar sanos a su meta.
La nostalgia por la tierra continuó con Carmen del Barrio López, quien subió al escenario con muchísimas tablas y decidió recitar completamente de memoria. Carmen emocionó a todos los oyentes con un texto muy personal sobre los recuerdos de la infancia, evocando con ternura el olor a pan recién hecho, la tierra mojada, el rebaño y el huerto, rindiéndose con amor ante sus raíces y ante su patrona, la Virgen del Rosario. Luisa González Rodríguez divirtió y sorprendió al público al salvar con una nota excelente un poema complicado titulado ‘Versitos para descalzarnos’. El texto funcionaba casi como un trabalenguas sobre ardillas con zapatillas, sapos con galochas y gatos con sandalias, y Luisa lo leyó con un ritmo perfecto. Por su parte, Manuela Puentes López conmovió los corazones de los asistentes al enlazar el poema ‘Mariposa del aire’ de Federico García Lorca con un segundo texto sobre los sueños de un niño que vuela, dedicándoselo con toda su alma a su nieto pequeño tras haber recibido un vídeo de él sonriendo esa misma mañana. El broche final de las lecturas del taller de memoria lo puso Charly Palombo Velasco, una vecina de la que Gema destacó que siempre tiene una sonrisa amable y un «sí» dispuesto para cualquiera, a cualquier hora del día. Charly interpretó de forma magnífica y emocionante el clásico poema ‘Se equivocó la paloma’ de Rafael Alberti, cerrando la participación de las mayores por todo lo alto.
El momento cumbre de todo el festival llegó cuando la propia coordinadora, Gema Pérez Pinto, decidió romper el guion establecido del acto. Visiblemente emocionada y reconociendo ante sus vecinos que sentía muchísima vergüenza, se armó de valor para leer un poema de su propia autoría. Explicó que lo había escrito directamente con el corazón tras conocer el diagnóstico de su amigo Julio Criado García. Lejos de ser un lamento, sus versos resonaron como una poderosa declaración de rebeldía y acción. Gema comenzó reconociendo que la noticia le golpeó el alma, pero de inmediato transformó ese impacto en un motor de lucha al lanzar una serie de preguntas directas al público, «¿Y si hacemos algo? ¿Y si lo evitamos? ¿Y si le robamos minutos al destino?». El poema se convirtió en un escudo de protección absoluta y un canto rotundo a la esperanza, donde Gema proclamó que no quiere heridas para su amigo, sino sueños y vida. Con una enorme firmeza, le aseguró a Julio que no debe temer al camino porque ella estará ahí para animarlo, acompañarlo y abrazarlo, cerrando su intervención con un enérgico grito colectivo, «¡Por ti, por mí, por la vida, por PROSVIDA!». Al terminar, con las mejillas rojas por la intensidad del momento, la sala estalló en un aplauso cerrado que reconoció la valentía de sus palabras.
Acto sucedido, con el Centro Social en un silencio absoluto, Gema llamó al escenario a Manolo Muñoz y al propio Julio Criado García, promotor de PROSVIDA, para entregarles un cuadro con un humilde pero significativo homenaje. Julio tomó el micrófono ligeramente emocionado tras haber presenciado el esfuerzo de los niños y de las mujeres mayores de Villamayor. Con honestidad y valentía relató cómo se le vino el mundo encima el día que un médico le comunicó que tenía cáncer y el sufrimiento que experimentó al pensar en cómo iba a sentarse con sus seres queridos para darles una noticia tan dura.
Julio explicó con mucha claridad que el cáncer de próstata es una enfermedad que, si se detecta a tiempo, se cura prácticamente en el cien por cien de los casos. Compartiendo su dura realidad actual. Aunque nació en la localidad de Puertollano y actualmente reside en el municipio cercano de Argamasilla de Calatrava, Julio se sintió un vecino más arropado por el calor de Villamayor al desnudar su alma ante el público. Confesó que, por culpa del desconocimiento general, por no haber tenido nunca información clara a su alcance y por no saber que un simple análisis rutinario de sangre lo habría solucionado de forma sencilla hace años, en su caso llegó demasiado tarde. Explicó que lleva ya tres años de calvario médico y que actualmente su cáncer se encuentra en estado cuatro con metástasis, por lo que ya no es una enfermedad curable.
Compartir esa dolorosa situación ante los asistentes no nació de la tristeza, sino de una rabia profunda y positiva. Julio relató que fue precisamente esa rabia la que le hizo dar voces y gritar bien alto por todos los rincones de España. Julio de nuevo insistió en que PROSVIDA significa precisamente eso, próstata y vida, y que la sociedad tiene que desterrar la idea de la muerte cuando escucha esta palabra porque la información es la clave de la supervivencia.
Pidió con insistencia a todas las mujeres presentes que actúen como altavoces en sus hogares para que sus maridos, hermanos, hijos y nietos dejen a un lado los prejuicios absurdos y las ideas antiguas sobre las visitas al urólogo. Recordó que este I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA ya está sembrando esta semilla con 24 recitales en regiones como el País Vasco, Cataluña, Madrid, Ciudad Real o Albacete, y que al ser Villamayor la segunda parada de la ruta, el camino por delante es tan necesario como ilusionante. Su gran deseo es que en cada rincón de España se escuche este mensaje para que ningún hombre vuelva a perder la vida nunca más por pura ignorancia o por vergüenza.
El destino y las casualidades quisieron que el final del acto fuera todavía más emotivo y auténtico. La organización no pudo contar en el último momento con el acompañamiento musical que tenía programado debido a problemas técnicos y de agenda. Los vecinos reunidos en el Centro Social unieron sus voces para cantar juntos, a capela las notas de su himno local. Las voces limpias de los niños, la emoción de las mujeres mayores y el canto de todos los asistentes recordando los campos de olivares, los leales viñedos, las queridas fiestas de septiembre y a su patrona, la Virgen del Rosario, cerraron la tarde de una manera que nadie podrá olvidar. El recital terminó entre un mar de aplausos, abrazos sinceros y con el firme compromiso de los vecinos de Villamayor de convertirse desde hoy mismo en valientes portavoces de la vida, asegurando que en su pueblo el silencio no volverá a ganar ninguna batalla.









