
No es de extrañar que Cervantes situara a La Mancha en una esfera mágica, y que en el Quijote describiera cavernas hechizadas, como la de Montesinos. O al propio Guadiana como el escudero del caballero Durandarte, convertido en río por arte de encantamiento, al igual que la dama Ruidera y sus hijas, transmutadas en lagunas multicolores. Miles de visitantes disfrutan del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, una joya de la naturaleza única en el mundo, pese a la alteración del paisaje por la mano del hombre, que se ahora se muestra esplendorosa.
Las lluvias registradas en las últimas semanas han obrado el prodigio, y las bellas señoras del agua, rebosantes de vida, ya juegan cogidas de la mano en cascadas encadenadas, reflejando los tonos misteriosos de las profundidades de esta tierra donde, dicen, reposan los restos encantados de un héroe medieval con el corazón arrancado.

Las Lagunas de la Ruidera han recuperado su poder de fascinación tras la recarga del acuífero 24, y el agua va cayendo en cascadas hasta el bello salto del Hundimiento. Además, cientos de turistas se han animado a descubrir sus atractivas rutas a pie, en canoa o barco. Especialmente interesantes son los parajes habilitados para la visita en los últimos años, y gestionados por empresas de turismo activo, como la impresionante y enigmática quebrada del Toro, una vertiginosa sima que se asoma a las entrañas de la tierra.
Las Lagunas de Ruidera fueron declaradas en 1931 como Sitio Natural de Interés Nacional, y en 1979 como Parque Natural, un año después de Tejera Negra, por lo que es el segundo en antigüedad de Castilla-La Mancha. Está formado por un conjunto de 15 lagunas separadas y conectadas entre sí por barreras de formación tobácea que forman cascadas o arroyos que enlazan cada laguna superior con la siguiente inferior; por lo que no son lagunas, en sentido estricto, sino «remansos» fluviales.
Además, está incluido en la Red Natura 2000 declarado como Lugar de Importancia Comunitaria LIC Lagunas de Ruidera, zona núcleo de la Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda y está incluido en la Lista de Humedales de Importancia Internacional (Ramsar).
El complejo lagunar se ubica en un rebosadero natural del acuífero 24. Las aguas de lluvia que caen sobre este acuífero disuelven la roca caliza y estas aguas extraordinariamente cargadas de carbonatos rebosan de este acuífero por distintos manantiales naturales situados en el entorno de las Lagunas de Ruidera. Las barreras tobáceas constituyen sin lugar a dudas el principal valor de este espacio natural. Y es que únicamente en Croacia existen formaciones similares, la más importante de todas ellas el Parque Nacional de Plitvice (declarado Patrimonio de la Humanidad).
La singularidad del complejo lagunar radica en la aparición de represas naturales, denominadas barreras tobáceas. La toba es una roca caliza muy porosa que le da nombre y que posibilitan la creación de zonas donde las aguas quedan parcialmente remansadas, formando un rosario de 15 lagunas que se extiende a lo largo de 25 kilómetros de extensión por la cuenca del Alto Guadiana, salvando un desnivel de aproximadamente 120 metros entre la laguna más alta (Blanca a 880 metros) y la de menos altitud (Cenagosa a 760 metros).
Flora y fauna
En cuanto a la fauna, destaca la presencia de aves acuáticas como el ánade real, cercetas, focha común, porrón moñudo, etc. Luego se encuentran otras especies como la abubilla, el gavilán, aguilucho, lechuza, martín pescador, perdiz, tórtola, etc. Los mamíferos los encabezan los conejos y las liebres, acompañados en menor magnitud por jabalíes y zorros, sin olvidarnos de los murciélagos en las cuevas y las nutrias en las lagunas. En las lagunas también encontramos 19 especies diferentes de peces, de las cuales 8 son endémicas. Se constata la existencia de 8 especies diferentes de anfibios (tritones y sapos son los más abundantes) y 12 de reptiles, entre los que destacan el lagarto ocelado y la culebra bastarda. En cuanto a la flora del parque, entre las más de ochocientas especies de plantas, árboles y arbustos que podemos encontrar, las más significativas son las encinas, sabinas, olmos, enebros y álamos blancos.
Este parque natural se ha convertido en uno de los espacios naturales más visitados de la región, con cifras cercanas al medio millón de visitas anuales, que tienden a concentrarse en la época estival y especialmente los fines de semana, y ha sufrido importantes alteraciones por la acción urbanística. Pese a ello, y a la necesidad de más protección, sigue siendo un lugar mágico, único en el mundo, salpicado de establecimientos hosteleros que ofrecen lo mejor de la gastronomía manchega.

Plan de visita
Un plan muy recomendable para tener una visión de conjunto sería comenzar la visita en el embalse y castillo de Peñarroya. Situado dentro de los límites del parque natural, es una parada obligatoria. El embalse tiene un uso hidroeléctrico y de abastecimiento para las poblaciones de Tomelloso y Argamasilla de Alba. Anexo al mismo se encuentra el castillo de Peñarroya que tradicionalmente se ha considerado de origen musulmán, aunque funcionó como fortaleza cristiana construida en el siglo XIII por la Orden de San Juan. Su principal función fue militar y a partir del XIV su función pasó a ser eminentemente económica, siendo una de las principales fuentes de ingreso de la orden.
La visita a este recurso es libre y gratuita y podemos contemplar: el foso, la antemuralla, la torre del homenaje que es de tipología rectangular y constituye el punto neurálgico de todo el dispositivo defensivo del castillo, la antemuralla o camino medieval de acceso tradicionalmente conocido como la “M”, al ser de trazado zigzagueante pues salvaba el desnivel existente entre el fondo del valle y el emplazamiento del castillo.
Otros elementos de interés que encontramos son el patio de armas, el espacio central del castillo, del que apenas se conservan restos ya que su superficie se encuentra fuertemente alterada por las obras de construcción de la presa del embalse. También, podemos visitar la ermita del despeñadero y el Santuario de Nuestra Señora de la Encarnación de Peñarroya, insertado en el castillo. Se trata de una construcción del XVII, presenta planta rectangular y la cabecera está cubierta con una bóveda avenerada (en forma de concha), mientras que la nave lo está con una bóveda de cañón sobre lunetos. El conjunto está presidido por un retablo del Barroco tardío, las paredes laterales de la cabecera y primer tramo de la nave presentan pinturas murales. Las que se conservan presentas escenas iconográficas del Evangelio.
Ya en el complejo lagunar, existe la opción de hacer un recorrido a pie o en bicicleta por la senda del margen izquierdo y que recorre varias lagunas medias (Rey, Colgada, Batana y Santos Morcillo). Es una ruta lineal y antes de iniciarla, podemos desviarnos desde el cementerio de Ruidera para visitar el mirador de la cascada del Hundimiento. Se originó en 1545, cuando unas crecidas extraordinarias del río rompieron la barrera travertínica de la Laguna del Rey.
Regresamos al cementerio y cruzamos la carretera para tomar la senda del margen izquierdo, que recorre las lagunas del Rey y Colgada, hasta que llega a la puerta del refugio de fauna, lugar donde termina el sendero. Aunque se puede continuar por el carril que bordea las lagunas, atravesando la cañada de las Hazadillas y pasando junto a la casa homónima hasta llegar a la laguna Batana, donde una senda con tres puentes nos lleva a la vieja Central Hidroeléctrica de Santa Elena y a la carretera que recorre las lagunas. Pero antes de cambiar de margen, podemos continuar un poco más por el carril para visitar el mirador de la laguna Batana y asomarnos a la laguna de Santos Morcillo. La vuelta podemos realizarla por el mismo sendero o bien por la senda anexa al tramo de carretera.
En cualquier caso, hay múltiples opciones para hacer rutas en bici o en vehículo por toda la carretera que atraviesa las lagunas hasta llegar al sendero que conduce a la laguna Blanca. Y durante ese recorrido, es imprescindible visitar la “Plaza de toros”, una formación kárstica en forma de lagunazo localizado en un canal de la rampa tobácea que separa las lagunas Tomilla y Tinaja. Posee forma casi circular, con un diámetro de 37 metros y en épocas de lluvia supone un auténtico espectáculo visual.










