Fermín Gassol Peco.- “Parece ser que los seres humanos hemos llegado a un dominio cuasi total sobre las «cosas; pero no así sobre la realidad que nos define como personas”.
Significar que la acepción de “cosa” que pretendo referir es la que define la RAE como “objeto sin vida”. No pretendo entrar por tanto en el complejísimo intento de tratarla desde una perspectiva filosófica o jurídica, dimanantes de ideas o conceptos mentales, aunque bien es verdad que muchas de ellas hayan sido y sigan siendo consecuencia de darle al coco de manera admirable.
Las cosas como entes inventados por los seres humanos. Las cosas como medios para poder disfrutar de una vida más cómoda, más humana, aunque eso quedaría reservado a los bienes, conceptos no siempre coincidentes, siendo este último un término muchísimo más acotado que el de cosa, un tema que trataré en otra ocasión.
Creo que la civilización de ahora mismo podría definirse como la que ha procurado y conseguido la perfección de las cosas; cuando dentro de unos lustros pase a la historia no creo lo haga por la brillantez de las ideas políticas, artísticas o filosóficas, (disciplina esta última que además para algunos prebostes de la cultura se trataría de un estadio del saber vetusto y superado, exponente de otras épocas donde las hicieron brillar grandes genios), sino que lo hará por el altísimo grado de perfección alcanzada en la concepción de artilugios admirables, muchos de ellos auténticas obras de ingeniería y biotécnica, medicina, complejísimos cálculos matemáticos, resultando ser perfectos en sí mismos. Una perfección que hace referencia a la obtención inmejorable de lo investigado. El último y complejísimo hallazgo, la Inteligencia Artificial,
Se diría, pues, que esta civilización habría dejado de buscar la perfección en el mundo de las ideas, de lo inaprensible, para hacerlo en el de lo tangible, cuestión tan necesaria como urgente para nuestro propio bienestar y dimensión material…y a fuer de ser sinceros que lo está consiguiendo.
Y ahora viene la pregunta: ¿Puede ser una cosa perfecta? algo que es inerte, ¿puede llevar el calificativo de perfecto? Yo respondo de manera afirmativa. Me baso al decirlo en que una cosa tiene la característica de poseer entidad propia y esa entidad responde últimamente a aquello para lo que fue concebida. Eso sí, se trataría de una perfección limitada, exclusiva y excluyente, estática, lejos de poseer una perfección universal. Pero a este nivel podríamos decir que la inteligencia del hombre es capaz de parir la perfección cósica o material.
Sin embargo, no deja de resultar curioso y objeto de reflexión, que ese mismos hombres y mujeres capaces de inventar tantísimas cosas que hacen de nuestras vidas un mundo lleno de avances, estén aún en mantillas respecto de encontrar y lograr la perfección nuestras naturalezas; que no terminen de encontrar la tecla que lance al viento una ecuación que despeje la gran incógnita de quiénes somos, una norma universal que haga de nuestras vidas en relación algo medianamente soportable.
Quizá esta pueda ser la hora feliz en que la humanidad, una vez encontrado el camino de la perfección material, el hallazgo de todo aquello que posee y pueda llegar a obtener, intente recuperar la senda abandonada que lo lleve a buscar y encontrar nuestra completa identidad. Esa perfección que ha sido capaz de conseguir en todo lo que depende de nosotros…buscándola dentro de su conciencia individual y colectiva.
Quizá sea este el momento idóneo de intentarlo cuando ante la búsqueda más importante, radical y definitiva,… sea lo que tiene, lo logrado, un bagaje que le haga más inteligente y agradecido para descubrir quién es en realidad. Porque resulta penoso que toda esa labor lograda, no se vea culminada, alumbrada y explicada plenamente por algo que es anterior a él. Quizá lo que nos falta, seres humanos positivos, pragmáticos, resolutivos, de resultados…es dedicar un tiempo en transitar el camino que nos lleve a darnos una “explicación de y a nosotros mismos”.
Para ello creo que deberíamos comenzar por aceptar de manera natural y en su verdadera dimensión la única “cosa” cierta y común que los humanos no podemos sortear, una “cosa” cierta y universal que evidentemente nos acaba sucediendo a todos: la muerte; pero no tratada como un abismo oscuro e incomprensible, sino como el necesario desembarco en una orilla situada enfrente de la que partimos.
Porque es en la muerte donde sí o sí, el ser humano despeja la última incógnita de su existencia y encuentra por fin la explicación a su verdadera dimensión. El problema está en que carece ya de tiempo para decir en qué consiste su verdadera y completa identidad, cuál es el significado de nuestras vidas…









