Francisco de Asís Pajarón Hornero.- He dejado pasar unos días antes de escribir estas líneas. La Semana Santa de Ciudad Real merece reflexión y serenidad, no titulares apresurados ni calentones de una tarde.
Escribo estas líneas como un cofrade de a pie, de esos que creen que la Semana Santa es mucho más que unas elecciones y que sienten preocupación cuando la institución que debe representar a todas las hermandades transmite una imagen de bloqueo.
Y, después de todo lo ocurrido, hay una pregunta que no consigo quitarme de la cabeza: ¿Qué está pasando en la Asociación de Cofradías?
Porque lo verdaderamente llamativo no es que haya existido una votación. En democracia se gana y se pierde. Lo que me cuesta entender es otra cosa.
¿Cómo es posible que, existiendo una única candidatura y presentando un proyecto que hablaba de cambios, de abrir debates y de afrontar retos pendientes, una parte importante de las hermandades haya decidido cerrarle la puerta?
La cuestión no es una persona. Las personas pasan. La cuestión es el modelo.
Si se rechaza una propuesta que plantea recuperar el protagonismo de la Asociación, impulsar proyectos comunes, estudiar una redistribución de las cofradías en jornadas con escasa presencia procesional, recuperar actos colectivos como el Vía Crucis de la Asociación o fomentar una mayor colaboración entre instituciones públicas y privadas, es legítimo preguntarse:
¿Qué es exactamente lo que no se quiere cambiar?
Y esa pregunta conduce inevitablemente a otra aún más incómoda.
¿Qué intereses existen detrás de quienes prefieren que todo siga igual?
Quizá no haya grandes conspiraciones. Tal vez sea algo mucho más sencillo y, precisamente por eso, más preocupante.
Puede que existan hermandades instaladas en un cómodo inmovilismo. Puede que haya personas que entiendan los puestos de responsabilidad como espacios de poder que conviene conservar. Puede que determinados círculos, demasiado acostumbrados a decidir siempre entre los mismos, miren con recelo cualquier propuesta que altere el equilibrio establecido durante años.
También cabe preguntarse si todos los ámbitos relacionados con nuestra Semana Santa tienen verdadero interés en una Asociación fuerte, dinámica y capaz de liderar iniciativas propias. A veces da la sensación de que resulta más cómodo gestionar una realidad tranquila, previsible y sin excesivas aspiraciones que enfrentarse a proyectos ambiciosos que exigen esfuerzo, consenso y una cierta renuncia a viejas costumbres.
Pero la comodidad nunca ha hecho grande a ninguna Semana Santa.
Las hermandades que hoy admiramos nacieron gracias a personas que se atrevieron a cambiar las cosas. Hubo quienes fundaron nuevas corporaciones cuando parecía imposible, quienes apostaron por un patrimonio artístico mejor, quienes innovaron en la música, en los recorridos o en la forma de entender la evangelización pública.
Si aquellas generaciones hubieran pensado que todo debía permanecer igual, hoy disfrutaríamos de una Semana Santa mucho más pobre.
Por eso me preocupa que parezca haberse instalado una cultura del “mejor no tocar nada”.
Porque mientras otras ciudades crecen, promocionan su patrimonio, recuperan tradiciones perdidas y generan nuevas iniciativas culturales y turísticas, aquí seguimos discutiendo si es conveniente siquiera abrir determinados debates.
Y lo más triste es que quienes más sufren estas situaciones son los cofrades anónimos. Los que montan pasos, cosen túnicas, ensayan bandas, organizan cultos y trabajan durante todo el año sin esperar otra recompensa que ver crecer a su hermandad y a la Semana Santa de su ciudad.
No sé cuáles han sido las razones concretas de cada voto, y probablemente cada hermano mayor habrá actuado según su conciencia.
Pero sí sé que muchos cofrades nos hacemos la misma pregunta.
Si había una candidatura dispuesta a impulsar cambios que muchos llevamos años comentando en tertulias y corrillos, ¿por qué se ha rechazado?
¿Se ha votado contra una persona o contra las ideas que representaba?
¿Se ha preferido conservar determinadas posiciones antes que asumir el riesgo de evolucionar?
¿Se teme perder influencia si la Asociación adquiere un papel más activo y más independiente?
No tengo las respuestas. Pero creo que muchos cofrades tenemos derecho a formular estas preguntas.
Porque la Asociación de Cofradías no pertenece a quienes ocupan temporalmente sus órganos de gobierno. Pertenece, en realidad, a miles de hermanos que aman la Semana Santa de Ciudad Real y que desean verla avanzar.
Y quizá haya llegado el momento de decidir si queremos una Asociación que simplemente administre lo existente o una Asociación capaz de imaginar el futuro.
Porque, a veces, el mayor riesgo no es cambiar.
El mayor riesgo es empeñarse en que nada cambie.









El candidato que se presentó es molesto para muchos Hermanos Mayores, (y no Hermano Mayor), por eso creo que votaron en contra.
Otra cosa interesante sería saber quienes fueron esos 2 Hermanos Mayores que le retiraron el apoyo. Cual fue el motivo? Quién o quienes los convencieron?
Cosas raras que pasan
L mediocridad y la dejadez se instala en la Semana Santa de Ciudad Real. Y quien no se dé cuenta está ciego. Que juntas de gobierno voten en contra de solo una candidatura demuestra el talante de esas hermandades. Ahora que van hacer? Se presentarán quien ha votado en contra? O pondrán palos en las ruedas ? Una vergüenza
Al tio este ya lo echaron de la asociación y por eso no lo queremos. Los hermanos mayores sabemos que tipo de sanguijuela es y que es lo que busca.