En el otoño de 2022, en San Carlos del Valle, diecisiete poetas de la provincia de Ciudad Real rompieron el tabú del adiós en una cita lírica que hoy se recuerda como un hito de la presencialidad. El próximo 23 de junio a las 21:00 horas en el Cementerio de Granátula de Calatrava, Antonia Piqueras, Eloísa Pardo, Juan José Guardia Polaino, Luis Romero de Ávila, Yolanda de la Cruz, el poeta local José V. García y Luis Díaz-Cacho, acompañados por un trío de trompetas, integrado por los músicos Félix Donoso Cañizares, Luis Miguel Donoso Fleitas y Esteban Gómez Nieto, desgranarán composiciones líricas del libro coral “Palabras a la muerte” resultante del XIV Encuentro Oretania de Poetas.
El tiempo otorga la perspectiva necesaria para calibrar la verdadera trascendencia de los hitos culturales de la provincia. Vista desde este mes de junio a punto de estrenar el verano, la tarde del sábado veintinueve de octubre de dos mil veintidós en el Centro de la Juventud de San Carlos del Valle ha adquirido la categoría de gran acontecimiento en la historia de las letras manchegas. Aquella decimocuarta edición del Encuentro Oretania de Poetas se celebró en un contexto social delicado, marcado por el regreso definitivo a la presencialidad tras las restricciones sanitarias. El coordinador solanero Luis Díaz-Cacho Campillo y el editor Julio Criado García propusieron un desafío lírico mayúsculo a los creadores de Ciudad Real, para romper los silencios de la sociedad contemporánea y dedicar sus composiciones a la única certeza ineludible de la existencia como es la muerte.
Casi cuatro años después de aquella cita cultural, las páginas del volumen colectivo resultante no han perdido un ápice de vigencia. La respuesta de los autores no se diluyó en la truculencia ni en el lamento estéril, sino que configuró un mapa emocional de la Mancha de la mano de Ediciones C&G. Como advirtió la poeta Elisabeth Porrero Vozmediano en el prólogo de la obra, cantar a la muerte supuso, en el fondo, una manera de curarnos de todo lo vivido durante la crisis pandémica.
El luto y la vida
La gestación del libro físico conllevó un intenso debate conceptual. El equipo de diseñadores del Grupo Oretania rechazó los manidos tópicos de cementerios o esqueletos en favor de una serenidad otoñal que resultase inclusiva para cualquier creencia. Julio Criado García resolvió el dilema con una fotografía analógica capturada por él mismo en el Estanque de los Patos de las Pocitas del Prior, en Puertollano. La imagen mostraba el reflejo dorado de las hojas en unas aguas tranquilas, capturando el fin de un ciclo natural que anticipa el renacer de la primavera.
La paleta cromática de la cubierta se redujo a tres tonos esenciales, el negro, que evoca la ‘Pragmática de Luto y Cera’ dictada por los Reyes Católicos en mil quinientos dos; el blanco, que recupera la sobriedad de los ritos funerarios de la antigua Roma; y el amarillo, que predomina en los fondos como símbolo absoluto de luz, sol y energía vital.
La obra, editada bajo el sello de Ediciones C&G, se inicia con Alfredo Jesús Sánchez Rodríguez, quien plantea la existencia humana como un proceso inevitable de desgaste biológico donde nunca hubo engaño. La periodista Antonia Cortés recoge el testigo con «Y muero», un texto de una intensidad abrumadora sobre el desorden de la pérdida, que complementa con «Te hablo», donde entabla una conversación sosegada con una muerte que llega a descansar en su propia cama. Por su parte, la maestra Antonia Piqueras Jiménez aporta sonetos marcados por la entereza ante la enfermedad y cierra su intervención solicitando ser rodeada de rosas blancas que vistan su espíritu hacia la claridad.
La poesía se vuelve bitácora de viaje en las manos de Diana Rodrigo Ruiz, quien reconstruye de forma cronológica el trayecto en tren desde Alicante tras recibir la noticia del fallecimiento de su abuelo, evocando los recuerdos de las lentejas memorables y el patio de la infancia. Una de las propuestas más viscerales pertenece a Eloísa Pardo Castro, quien introduce al lector en su propia geografía corporal al hablar de una cicatriz real en su pecho izquierdo como advertencia de una batalla ganada al abismo, instando a quemar las naves porque somos únicamente el tiempo que nos queda.
El contrapunto agrario llega con Eusebio Loro, cuyos textos están imbuidos del cansancio secular de los barbechos y los surcos donde el viento escupe la muerte, describiendo el sueño diario como un duelo nocturno frente a la existencia. Esta crudeza conecta con Francisco Jesús López Sánchez, quien dedica sus versos a las ausencias de la cruel y mísera pandemia, denunciando la frialdad de una realidad solitaria bajo mantos de hormigón y carnes de asfalto.
La filóloga Isabel Villalta Villalta estructura su aportación en tres tránsitos definidos que abarcan desde el desgaste del trabajo diario hasta la bandera a media asta y la memoria enlutada. En el ecuador del encuentro destaca la composición narrativa de Juan Camacho, «La niña del beso», donde recrea una alcoba antigua donde una pequeña moribunda sonríe a la muerte y le lanza un beso, conmoviendo a la parca, quien le devuelve el gesto sanador en la mejilla antes de desaparecer dejando solo su capa negra sobre la escarcha.
Juan José Guardia Polaino irrumpe con una poesía torrencial de hondo calado existencial en «Cuando un bosque de fusiles malditos te asesina», rescatando la memoria herida de la intrahistoria española. Su lírica da paso a la de Luis Alberto Lara Contreras, quien narra el proceso del entierro desde la insólita perspectiva del propio difunto, describiendo el viaje descendente y el sonido de las cuerdas deslizándose por la fosa.
El coordinador Luis Díaz-Cacho Campillo plantea en «He de morir» la urgencia de exprimir el día a sorbos y aporta un soneto desgarrador dedicado a su amigo fallecido Eusebio García-Abadillo. El contrapunto místico lo firma Luis Romero de Ávila Prieto, quien entabla un diálogo con el Creador solicitando «que espere el cielo» para poder consolidar la casa del amor en la tierra, evocando también el beso protector de su madre desde una estrella del universo.
Natividad Cepeda introduce una herencia ritual sagrada inspirada en las mujeres de su linaje que protegían el hogar con albahaca y lamparillas de aceite, cerrando con una poderosa afirmación tradicional de que la muerte es la vida creciendo en nuestro vientre. Pilar Serrano de Menchén indaga en las arrugas del tiempo ante el espejo, recibiendo la respuesta de una muerte que vela el alba de su casa. Santiago Romero de Ávila y García-Abadillo firma una devastadora «Carta desde la eterna soledad» y exige en un soneto tajante que tras su deceso no se levanten monumentos vacíos ni se añadan cruces o epitafios a su sepultura. El cierre lírico definitivo lo pone Teresa Sánchez Laguna con «La muerte de la memoria», un texto que aborda la crueldad del Alzheimer a través de una madre que ha perdido sus recuerdos y llama con desesperación a su propia progenitora, sin saber que la mujer que la consuela en silencio es su hija.
Barro e ilustraciones
El encuentro de San Carlos del Valle demostró que la lírica es un arte interconectado con la historia de su territorio. Los alfareros Ángel Leal y Graci Arias participaron de forma activa obsequiando a los participantes con una réplica exacta de la «Olla del Santo Voto» de Puertollano, una vasija popular cuyo origen se remonta a la epidemia de la peste negra de mil trescientos cuarenta y ocho. Las trece familias supervivientes de la plaga ofrecieron una promesa solemne a la Virgen de Gracia consistente en cocinar una comida compartida para los necesitados en grandes ollas de barro.
El volumen colectivo se completó con la labor de Rosa Leal Arias, licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, cuyas ilustraciones texturizadas a base de óleo, tinta y carboncillo analizan la fragilidad del rostro y las sombras vegetales. Sus dibujos constituyeron el reflejo visual perfecto para una obra coral que, observada con la perspectiva que otorga el presente año dos mil veintiséis, demuestra la vigencia de los colectivos literarios de la provincia de Ciudad Real y confirma que la palabra poética sigue siendo el único asidero capaz de arrebatarle terreno al olvido.
El anuncio de este recital en Granátula de Calatrava demuestra que el proyecto ‘Palabras a la muerte’ ha trascendido el formato del libro impreso para convertirse en un organismo cultural vivo e itinerante. Cuatro años después del encuentro original de 2022, la poesía manchega demuestra su madurez al colonizar espacios sagrados de nuestra geografía popular, rompiendo el silencio de los camposantos mediante la alianza estratégica entre la palabra y la solemnidad de las trompetas. En un tiempo que tiende a la prisa y al olvido de nuestros mayores, la cita de este 23 de junio consolida al Grupo Oretania de Poetas como un pilar fundamental en la resistencia de la memoria poética de Ciudad Real, demostrando que el arte es el único lenguaje capaz de transformar el luto en un legado imperecedero bajo la luz del solsticio.
El broche de oro a esta andadura cultural lo pondrá el riguroso protocolo diseñado por Luis Díaz-Cacho, para la mágica noche del 23 de junio de 2026, donde la palabra y la música sacra se fundirán a partir de las 21:00 horas en el Cementerio de Granátula de Calatrava. El trío de trompetas integrado por Félix Donoso Cañizares, Luis Miguel Donoso Fleitas y Esteban Gómez Nieto abrirá el acto con los sones litúrgicos del ‘Ave María’ de Vladimir Vavilov, dando paso a las intervenciones institucionales de la alcaldesa de la localidad, Yolanda de la Cruz, y del coordinador del encuentro, Luis Díaz-Cacho. Tras la interpretación del canto sacro ‘Cerca de ti, Señor’, el silencio del camposanto se romperá con el primer bloque de lecturas poéticas a cargo de Luis Romero de Ávila, Antonia Piqueras y Juan José Guardia Polaino. La posterior transición armónica del ‘Ave María’ de Franz Schubert guiará el recital hacia la segunda ronda de versos, defendida por Eloísa Pardo, Luis Díaz-Cacho y la propia Yolanda de la Cruz, antes de que los acordes instrumentales del célebre ‘Hallelujah’ de Leonard Cohen sellen de manera definitiva este hito de la lírica manchega bajo la luz del solsticio.
Una cita ineludible, de una belleza sobrecogedora y un hito lírico irrepetible que ningún amante de la cultura debería perderse; un encuentro con la memoria y la emoción de nuestra tierra que aguarda la llegada de todos los que deseen vivir una noche inolvidable.









