PROSVIDA y el arte rompen el silencio en Amurrio (Álava) frente al cáncer de próstata

El centro cultural ‘Nagusi’ de Amurrio acogió el I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA, una cita solidaria coordinada por la escritora Inma Díez que reunió a más de una decena de autores y colectivos sociales con el objetivo de utilizar la palabra y la música para eliminar los tabúes que retrasan el diagnóstico médico masculino.

La poeta Inma Díez, asumió la tarea de unificar las voces de poetas, músicos y representantes institucionales en una jornada de gran sensibilidad. El evento comenzó con una fuerte carga simbólica mediante la intervención de Juan Antonio Alaña, quien hizo sonar un cuerno tradicional vasco, conocido como adarra, en tres ocasiones. Esta práctica entronca directamente con la tradición de los montes bocineros, las cumbres desde las que históricamente se convocaba a la población a las Juntas Generales mediante señales acústicas. Alaña dejó de manera consciente pausas de tres a cinco segundos entre cada emisión sonora con el objetivo de propiciar un espacio de recogimiento y obligar al público a frenar la inercia de una sociedad que camina de forma acelerada, señalando que en una cotidianidad donde se vive corriendo también se necesita un poco de reflexión.

Tras esta apertura tradicional, la propia coordinadora del evento, Inma Díez, leyó el Manifiesto oficial en castellano y la activista Bárbara Martín hizo lo propio en euskera. El texto expuso la gravedad de la enfermedad mediante los datos oficiales del año 2025 en España, periodo en el que se diagnosticaron unos 35.000 nuevos casos y fallecieron más de 6.000 personas. El documento de PROSVIDA incidió en que el machismo, la falta de información y el miedo a los exámenes médicos transforman una dolencia altamente tratable en mortal, exigiendo a las administraciones públicas campañas masivas de información, el acceso gratuito al análisis del antígeno prostático específico (PSA) y revisiones regulares a partir de los 50 años, o antes si existen antecedentes familiares. Al concluir la lectura, el acto registró un instante de naturalidad cuando las lectoras gestionaron un cierre imprevisto con el documento digital, comentando con humor ante el auditorio que la tecnología requería un momento para cerrarse.

El respaldo médico e institucional llegó con Miren Bilbao, presidenta de la Asociación Contra el Cáncer de Álava. Bilbao ratificó las exigencias del manifiesto y lamentó que los hombres sigan siendo el colectivo más complejo de atraer a los programas de cribado y prevención a pesar de su alta incidencia. Durante su intervención, explicó que la asociación cuenta con un equipo de voluntarios y destina por estatutos el 18% de sus ingresos a la investigación, habiendo invertido en los últimos años más de casi dos millones de euros en proyectos enfocados en cánceres de baja supervivencia, definidos clínicamente como aquellos que no alcanzan el 30% de tasa de superación. Asimismo, recordó la presencia de la entidad en el territorio mediante la atención que ofrecen una psicóloga y una trabajadora social los martes en la Casa de Cultura de Amurrio. Completó su participación facilitando el teléfono gratuito de asistencia 24 horas (900 100 036) y agradeciendo a Toño, Belén y al equipo de la asociación local Aurreraka su implicación en la organización de la marcha solidaria fijada para el 27 de septiembre de 2026, cuyos fondos se destinarán íntegramente a investigar la enfermedad.

El recital poético estuvo arropado por los acordes del guitarrista Salva Salazar y comenzó con el primer grupo de ponentes de la escaleta. Maite Lorenzo inauguró las lecturas expresando su agradecimiento a la asociación de Eibar por la ayuda psicológica brindada para poder atender a su padre, quien falleció tras superar dos procesos oncológicos previos. Lorenzo reflexionó sobre la necesidad de afrontar la etapa de los cuidados paliativos con fortaleza y alegría para ayudar a los enfermos a realizar el tránsito sin temor, antes de recitar el poema ‘La carta’, una obra de Julio González que describe el deshielo y el silencio blanco de un paisaje de olmos junto al río, donde un ángel invita a reposar la cabeza en su pecho y a no temer la hora de marchar. A continuación, el autor bilbaíno Bernat Vidal compartió una selección de haikus estructurados como siete poemas de cabestán pertenecientes a su último libro, titulado ‘Cuando florece el limonero’. Vidal describió el transcurso de las estaciones mediante elementos como el sirimiri primaveral, los tilos de Bilbao en junio, el aroma otoñal de las castañas y las mimosas de febrero, cerrando con una reflexión invernal sobre una taza humeante de té y la rapidez con la que vuela el tiempo. El bloque se cerró con Manoli López, también procedente de Bilbao, quien dio lectura a su poema propio ‘Cáncer’, resiliencia, una pieza que retrató el impacto del diagnóstico como un tronido en el pecho, pero ensalzó el espíritu que danza en la adversidad, definiendo la resiliencia como una flor que brota en el asfalto para demostrar que en cada herida existe la posibilidad de renacer mediante el amor.

La perspectiva de la igualdad en la sanidad y la gestión de la ausencia marcaron el segundo tramo de la tarde, presentado como el segundo grupo de la escaleta. Miren Palacios, llegada desde Madrid, defendió la necesidad de que los hombres dispongan de los mismos programas de cribado que las mujeres y leyó el microrrelato ‘La memoria’ se fue de viaje, dedicado a la pérdida de recuerdos de una mujer llamada Laura en un entorno marcado por las desdichas de la guerra y el hambre familiar. Por su parte, Héctor López invitó al auditorio a evocar a las personas perdidas debido a la enfermedad antes de dar lectura a una elegía de su propio libro. El poema contrastó el dolor actual de tener los huesos huecos de penas y olvidarse de lirios y azucenas con la nostalgia de un viaje descalzos por la montaña durante el verano del año 1980, cuando una hora era más larga y el ser querido aún no se había transformado en polvo al viento. La escritora Rosi Puelles completó este bloque con tres composiciones cortas e inéditas de su autoría. La primera describió un cuerpo marcado por cicatrices profundas erizadas por agujas oxidadas, la segunda narró el desequilibrio físico que sintió cuando el mar anidó entre sus tripas y la tercera detalló su empeño diario por enhebrar con hilos de plata el día que amanece roto y negro, asumiendo los nudos y remiendos del camino. Puelles cerró su espacio leyendo un texto titulado ‘Fragmento roto’, que define al dolor como un huésped silencioso al que se le sirve té porque recuerda que se sigue viva, aunque no intacta, y el poema ‘Raíces compartidas’, una dedicatoria a la amistad duradera que se recorre junta a través de la niebla y disuelve el olvido.

La vulnerabilidad y el compromiso de los medios de comunicación locales centraron la tercera sección de las intervenciones. Idoia Sojo, dibujante y escritora, superó una severa crisis asmática para presentar el relato ilustrado ‘La verdad de tu jardín’, dedicado a las emociones de su hija y de su padre enfermo, a quien describió emotivamente como el océano, la corriente, la marea y el gigante invencible de su infancia que reparaba su mundo con grandes manos y firmaba pactos silenciosos con el todo irá bien. El texto reivindicó el derecho de los pacientes a no simular una serenidad constante y otorgó un permiso explícito para llorar como un mecanismo necesario para volver a respirar, concluyendo que la meta no es ser fuerte todo el tiempo, sino aprender el arte de quedarse, de respirar, de sentir y de simplemente estar. Santiago Liberal, quien acudió junto a su compañero Carlos Toral en representación de la emisora Radio Onda Marina, criticó el silencio informativo que a veces rodea a estos procesos y se comprometió a trasladar el festival a las ondas. Liberal recitó las obras ‘Extraño inquilino’, centrada en la invasión celular del tumor que avanza sin pedir permiso ni saber de calendarios, y ‘Te veo y no te veo’, una descripción en primera persona del aislamiento, la cocina muda y la pérdida de identidad que genera el Alzheimer, salvando únicamente el alma donde permanecen los seres queridos. La vecina de Amurrio Itziar Jaio aportó dinamismo escénico al interpretar la obra ‘Tomo la palabra’, un texto de la campeona nacional de Poetry Slam Sandra Lucena que reflexiona sobre la complejidad, las trampas, los prejuicios y los kilómetros de posibilidades de malentendido que genera el uso de la palabra hablada, concluyendo que lo más importante no cabe dentro de ningún vocablo.

El tramo final del encuentro recuperó las composiciones directas sobre la salud del varón y la resistencia psicológica. Jokin Carames dio lectura a las piezas tituladas ‘Silencio’ y ‘Guardianes del mañana’, donde subrayó que la prevención es el nombre de la primavera para evitar que el invierno ahogue la vida, señalando que la verdadera fuerza no consiste en callar la causa sino en alzar la frente y dejarse cuidar dentro de un cerco de padres, hermanos y amigos. Carlos Toral, locutor de Radio Onda Marina, agradeció a Inma Díez que le impulsara a debutar como poeta y leyó una obra sin título que describe al cáncer como un polizón ciego que pretende poner ceniza donde arde fuego, ensalzando el cerco de abrazos y las raíces de amor que crean un refugio donde el alma descansa. Toral completó su intervención recitando el poema ‘No te rindas’ de Mario Benedetti, un canto a la resistencia que invita a sepultar los miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo y recordar que aún hay fuego en el alma y vida en los sueños. Inma Díez asumió la clausura literaria con dos textos de su autoría. En el primero, titulado ‘Hay palabras’, la coordinadora rechazó de forma tajante la etiqueta social de guerrera indomable para mostrar la rebelión natural de quien está enferma y solo desea recuperar su vida anterior sin que la muerte se haga zafia en su nombre. En el segundo, bajo el nombre ‘Quiero dar voz’, rindió un homenaje directo a los hombres que callan sus emociones por mandatos culturales, animándolos a romper la costumbre de la queja digna, a pedir abrazos y a entender de manera franca que una lágrima a veces desatasca el corazón.

Como conclusión, este primer festival demostró que las alianzas entre las asociaciones de pacientes, los creadores locales y las instituciones resultan indispensables para visibilizar los problemas de salud pública. Antes de que el encuentro finalizase, Alaña volvió a intervenir para realizar un último toque de cuerno. Este cierre circular funcionó como una despedida ritual que selló los compromisos adquiridos y extendió el eco de la responsabilidad médica entre el vecindario. Justo antes de este broche tradicional, Inma Díez transmitió los agradecimientos al Ayuntamiento de Amurrio por la cesión del centro Nagusi, citando de manera expresa el apoyo del alcalde, Txerra Molinuevo, y de la técnica, Alderi. Las menciones finales se dirigieron a la Escuela de Música de la UEDA; a las emisoras Radio Llodio y Onda Marina Radio, por su colaboración técnica y su labor como altavoces en las ondas; y a la revista Hauxe da, consolidando así una jornada donde la cultura se transformó en una herramienta de concienciación social.

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