De palabra e imagen

Los ocho años que los separan en su nacimiento (Pepe Carretero, Tomelloso, 1962 y Eduardo Barco, Ciudad Real, 1970) son casi los mismos años que han separado el acontecimiento dual, protagonizado por ambos autores, de presentar un libro e inaugurar simultáneamente una exposición. Así ha ocurrido con las celebraciones últimas de Carretero en Ciudad Real: la presentación de su poemario La vida abierta 1999-2015 (BAM, 2026) y la muestra Alrededor de un jardín. Bodegones y flores. Muestra pictórica que retoma lo exhibido en Madrid, en el Jardín botánico el pasado año, y que prolonga las particulares obsesiones y preocupaciones de su pintura y de su escritura. Y, también, su derivada botánica y floral. En la medida en que buena parte de sus representaciones interiores anteriores, no dejan de ser en la práctica Bodegones, vistos tempranamente como Modelo inerte o como Cosas en reposo. Que son algunas de las acepciones que despliega el importante libro de Norbert Schneider, Naturaleza muerta (Taschen, 2003).

Donde se nos participa del nacimiento de la acepción del Stilleven hacia 1650 en Holanda dentro del descubrimiento de los valores menores del Interior y los objetos cotidianos. De la Naturaleza inmóvil o del Modelo inerte holandés, paralelo a la inflexión científica de la óptica y la conceptual de la filosofía de Spinoza, se pasaría un siglo más tarde, en Francia, al concepto de Nature morte. Explorando la otra inflexión, la pictórica, de representación de la Fugacidad de las cosas frente a la vocación precedente de representar la Permanencia. Referida ahora, a escala menor, esas preocupaciones representativas, a la meditación no tanto de las flores como de los bodegones. Bodegones meditativos en su silencio inanimado, que anticipan la conclusión del género Vanitas. Por más que existan vasos comunicantes entre ambos campos del universo floral y del mundo del Bodegón. Por más que el Bodegón, al ser entendido como Naturaleza muertao Naturaleza callada bordee las representaciones inanimadas que se prolongan en la referida Vanitas.

Incluso la definición del adverbio Alrededor, en el título de la exposición, se vincula con el doble carácter de su designación. Un carácter ambivalente de tiempo y de espacio. Alrededor, referido en la escala temporal a un momento impreciso y poco determinado del día o de la noche. De igual forma que el Alrededor espacial fija una posición de proximidad envolvente o define un entorno de algo más preciso espacialmente. De aquí el paralelismo de lo pintado con lo escrito en el texto La vida abierta. Que obviamente anota apuntes diversos de dieciséis años de escritura y de pintura.

Eduardo Barco en 2016 ya había verificado esa doble aproximación con su exposición Lugar común, en el CEX –hoy tristemente varado como una barca envejecida y sin destino cierto y creíble–, juntamente con la presentación de libro Pensamientos lineales (BAM, 2016). Bien diverso éste del carácter del carrteriano La vida abierta 1999-2015 en la medida en que los Pensamientos lineales de Barco esbozan un campo exploratorio entre los aforismos y el juego descompuesto de las imágenes. De todo ello tuve oportunidad de escribir en estas páginas, con el texto Poesía en línea (19 febrero 2015). “De forma perecida Eduardo Barco se esfuerza en formular todo un trabajo sorprendente que merece advocaciones varias, bajo la estela de una denominación comprometida como la de ‘Pensamientos lineales. Dando a entender que, por oposición a lo lineal, pueda haber pensamientos no lineales, que serán consecuentemente ‘Pensamientos discontinuos’, como la luz misma; ‘Pensamientos curvos’,como cierta geometría no euclidiana; ‘Pensamientos simultáneos’, a la manera de Nietzsche y hasta ‘Pensamientos quebrados’. Un ‘Pensamiento lineal’ será, consecuentemente, tanto el que se produce sobre la vida y milagros de las líneas en su conjunto, como el que opera con esa determinación precisa de una secuencia temporal, que cuenta con un principio y con  un final. Aunque luego hablaremos de los finales. Y es que una línea, pese a su neta espacialidad, introduce, dolorosamente, el tiempo en los bolsillos de nuestras vidas”.

Y esa secuencia del tiempo en los bolsillos, nos devuelve al campo esbozado antes del tiempo en el espacio y de las palabras en las imágenes. De forma que se puede añadir que “El segundo asunto relevante, tiene que ver con el desplazamiento de las experiencias en Eduardo Barco [o en Pepe Carretero] desde lo plástico a lo poético, y desde lo visual a lo verbal. No es que no haya habidos precedentes de creadores plásticos que en un momento de su trabajo deciden matizar sus ideas desde la reflexión escrita en formas variadas, ya los sonetos en Miguel Ángel, ya los aforismos en Leonardo, ya los tratados en Alberti, ya las meditaciones en Kandinsky; sino que todo ese caudal de palabras señala un déficit de las imágenes”. Quizás fuera ese el déficit señalado por el filósofo Fernando Savater, al decir que “soy de los que creen que la imagen no sólo vale más que mil palabras, sino que necesita más de mil palabras para valer algo”.

Razonamiento que yo forzaba, y por ello debería haber dicho, no para valer’, sino para ver algo en esa imagen, se precisan las mil palabras justas o más. Pero tampoco las divisorias deben de ser tan rotundas, porque hay palabras que llevan ya su cargamento de imágenes, de la misma forma que las imágenes reclaman palabras para abrir sus sentidos”. Incluso el añadido final. “No es que la ‘Poesía sea una arma cargada de futuro’ como quiso y quisiera Blas de Otero, sino que creo que ‘la Poesía es un arma cargada de imágenes’.  Frente a los que piensan y captan el ejercicio poético, exclusivamente como un mar de palabras, hay lectores y autores que suelen encontrar en esos materiales verbales un yacimiento de imágenes. ¿Pero cómo se pasa de las palabras a las imágenes? Esa es la cuestión que no es ni nueva ni novedosa, pese a lo que pudiera parecer. Hay ya una trayectoria plural de miradas poéticas y de palabras pintadas. Flores que viajan desde los Caligramas’ de Apollinaire, a las reflexiones de Juan Ramón Jiménez, desde los Aforismos’ de Ángel Crespo a la Poesía en línea’de Gregorio Prieto o a la ‘Poesía letrista’ de Cirlot. Por no citar otros ejercicios de intersección de imágenes y poemas, a la manera de Joan Brossa, de Carlos Edmundo de Ory, de Alfonso Reyes, de Chema  Madoz o de  Teo Serna”.

Se me dirá incluso, que no hay palabras que no lleven una mochila de imágenes a cuestas, por lo que esa designación de palabra e imagen es pura repetición y pura evidencia. También, para otros, puro oxímoron.

Relacionados

ESCRIBE UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí


spot_img
spot_img
spot_img