El eco de la palabra frente al silencio en el I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA en Bilbao

El espacio de la Biblioteca Central de Bidebarrieta, en el corazón del Casco Viejo bilbaíno, se convirtió el pasado 10 de junio de 2026 en un santuario donde la palabra escrita y el compromiso social fundieron sus fronteras. En la víspera del Día Mundial del Cáncer de Próstata, las letras vascas unieron sus voces en el I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA, una movilización cultural de ámbito estatal ideada originalmente por el editor Julio Criado, y coordinada a nivel nacional por Luis Díaz-Cacho Campillo. El encuentro buscaba quebrar los tabúes y los estigmas que rodean a la salud urológica masculina a través de la sensibilidad del verso.

Para comprender la atmósfera de la velada es imprescindible detenerse en el contenedor que la acogió. El edificio de la Biblioteca de Bidebarrieta, diseñado por el célebre arquitecto Severino de Achúcarro e inaugurado en 1890, es uno de los máximos exponentes del eclecticismo sintético y neobarroco en la villa. Concebido originalmente como el «Palacio de las Libertades» para la Sociedad Liberal «El Sitio», el inmueble desborda suntuosidad desde su fachada ornamental exterior hasta sus interiores de mármol de Ereño, maderas de roble y herrajes forjados.

El acceso al recital exigía al público ascender por una imponente escalinata, coronada por una monumental vidriera original fabricada en Amberes donde se engasta el escudo de Bilbao. Tras los vitrales se abría la verdadera joya del edificio, su legendario Salón de Actos ovalado, un espacio de carácter romántico y teatral rebautizado hoy como Bidebarrieta Kulturgunea.

Al levantar la vista, los asistentes y poetas quedaban cobijados bajo una impresionante bóveda decorada al fresco por los pintores Anselmo Guinea y José de Echenagusia. Las pinturas despliegan una elaborada alegoría de la villa coronada por una rama de roble, rodeada de querubines y de figuras que encarnan la Justicia, la Ley, el Comercio y la propia Poesía. Además, desde el palco izquierdo del anfiteatro superior, una figura a tamaño natural del escritor Miguel de Unamuno, observaba impasible el escenario, erigiéndose en el espectador eterno de una cita consagrada a la memoria y a la vida.

Manifiesto

El acto comenzó con una bienvenida cargada de calidez y una declaración de intenciones. Los organizadores invitaron a los presentes a apagar los teléfonos móviles para encender la escucha de una poesía entendida como «bidelagun» (compañera de camino). El dinamizador Bernat Vidal y el bertsolari Felipe Zelaieta abrieron el fuego uniendo el euskera y el castellano en una lectura bilingüe y alternada del Primer Manifiesto Nacional de Poesía PROSVIDA.

El texto, de un profundo calado humanista, denunció cómo una combinación de factores genéticos, estilos de vida y, crucialmente, barreras sociales y de comportamiento —como el miedo psicológico a los exámenes urológicos— retrasan el diagnóstico y el tratamiento, transformando una enfermedad altamente tratable en una trampa mortal. Apoyados en cifras de gran magnitud del año anterior, concretamente 35.000 nuevos diagnósticos en el Estado español y más de 6.000 fallecidos durante 2025, los coordinadores exigieron la implicación de las instituciones desde una perspectiva múltiple, abarcando el ámbito asistencial, científico, político y social.

«La virilidad no está en el silencio, sino en el cuidado personal», sentenció el manifiesto, reclamando campañas masivas, claras y accesibles que alcancen a las comunidades más vulnerables y desatendidas, así como el acceso universal y gratuito a las pruebas de antígeno prostático específico (PSA). El llamamiento final apeló a la creación de redes colectivas, humanas y compasivas de apoyo emocional y médico para los pacientes y su entorno cercano.

Antes de dar paso a la lectura poética, el escenario de Bidebarrieta se llenó de la emotividad armónica de Bilbo Zaharra Abesbatza. Bajo la dirección magistral de Gorka Robles, la agrupación coral del Casco Viejo interpretó en primer lugar la célebre pieza tradicional vasca “Goizian argi hastia”, cuyas notas resonaron con solemnidad bajo los frescos de la bóveda.

Acto seguido, acometieron las estrofas de “Maite”, el emblemático zortziko de Pablo Sorozábal con letra de Luis Fernández Ardavin. Los versos cantados operaron como el preludio idóneo, preparando los espíritus de la audiencia a través de una música que transita entre la distancia, el mar, el recuerdo y la inmortalidad del afecto antes de iniciar el desfile lírico. El texto dice así: «Maite, yo no te olvido y nunca nunca te voy a olvidar… del sueño de la muerte para adorarte despertaré».

Recital

Bajo un cierto orden alfabético de apellidos, diez destacados creadores de la escena literaria euskaldun y estatal tomaron el atril para desgranar sus poéticas bajo la atenta mirada de Unamuno.

José Blanco

Abrió el recital José Blanco leyendo el poema homónimo de su último libro, ‘Derecho al olvido’. La pieza fue introducida por dos citas explícitas de creadores cercanos. La primera pertenece a Jon Andoni Goikoetxea Uriarte («Goiko») y dice: «Soy un obrero del arte y como tal me visto, me presento y me comporto». La segunda es una sentencia de Nacho Escudé: «Pero esto es así de duro, así de firme, así de canalla. No hay olvido».

Blanco desgranó una composición metapoética y laberíntica que viaja geográficamente por Bilbao, Granada e Ibiza. Su verso concibe el poema como una muesca o surco vertical en la conciencia de un reo, concluyendo amargamente que el fracaso es, en última instancia, «la ausencia de huella en la memoria».

Julián Borao

Julián Borao continuó con dos lecturas de hondo lirismo y lenguaje accesible. La primera estuvo guiada por una cita de la escritora griega Rita Boumi-Pappá: «Si saliera a pasear con mis amigas muertas, la luna llena treparía alto como un ramillete de azahares para coronar sus frentes». Inspirado en ella, presentó Si mis amigos muertos volvieran a vivir, una sobrecogedora fantasía donde la muerte resulta ser solo un «cruel malentendido».

Acto seguido, dio lectura a un poema inédito titulado ‘Las pinzas de la ropa’. Con notable sensibilidad, Borao describió la rutina de las pinzas de madera y de plástico de colores que cohabitan sin orden en un cestillo verde, compartiendo charlas imaginarias sobre las prendas que sujetan y describiendo los matices de la luz del día. El poema alcanza una gran altura metafórica al narrar la caída al vacío de una de ellas. Aunque considerada prescindible por el mundo exterior, en el cesto se guarda un «amargo silencio de añoranza» por la compañera que ha «bajado a la tierra».

Felipe Zelaieta

A continuación, llegó el turno de Felipe Zelaieta, quien rompió la solemnidad del atril proponiendo un vibrante ejercicio metapoético y lúdico al público, con «Hoy voy a contaros un secreto sobre cómo funciona la casa por el tejado. Primero pensamos el final». Explicó de viva voz las tres reglas cardinales para construir la estrofa, consistentes en elegir una melodía, respetar escrupulosamente el número de sílabas y clavar la rima.

Acto seguido, desafió a la audiencia a adivinar cuántas palabras rimaría en cada verso antes de lanzarse a recitar una veloz e ingeniosa composición oral en euskera que hizo vibrar el salón ovalado de Bidebarrieta. Sus versos ligaron conceptos tradicionales e imágenes insólitas como «Mallabitar bat Bidebarrietan, ez da erreza sinestea. Paradisuko atea ireki duen extraterrestrea…», —la traducción sería: (Uno de Mallabia en Bidebarrieta, parece difícil de creer. Como un extraterrestre que abre la puerta del Paraíso)— ganándose la complicidad de los asistentes y conectando el espíritu del recital con la milenaria tradición del bertsolarismo vasco a la hora de encarar colectivamente el miedo y la enfermedad.

José Fernández de la Sota

El dos veces Premio Euskadi de Literatura, José Fernández de la Sota, comenzó su intervención proponiendo un distendido juego de rimas consonantes con el público para luego dar paso a dos imponentes composiciones. En ‘Antílopes azules’, evocó con amargura la extinción de una especie cuyo último miembro fue abatido por el fusil de un cazador en la región del Cabo en el año 1800, construyendo una parábola lírica sobre el destino de nuestra propia estirpe.

Su segunda pieza, ‘Avistadores de OVNIS’, rindió homenaje a aquellos hombres que salían de sus casas a deshoras con mantas, termos de café hirviendo y libros rotos de Juan José Benítez para hincar los trípodes en la noche. Fernández de la Sota trazó un paralelismo perfecto con el propio oficio del escritor, quien pasa la vida guardando en medio de la oscuridad poemas que pasan cuando uno no puede verlos.

Santiago Liberal

Santiago Liberal aportó la carga más explícitamente vinculada a la concienciación del festival a través de cuatro poemas cortos. Con ‘Extraño inquilino’, describió la irrupción del tumor en el mapa de la sangre como un fantasma silencioso y astuto que toma células al azar, una «batalla oscura» donde el cuerpo no dicta sentencia, sino el amor y los brazos que sostienen al paciente.

Inmediatamente después, recitó el desgarrador texto ‘Alzheimer, te veo y no te veo’, una inmersión en la «muerte blanca» de la enfermedad, retratando la mudez de las habitaciones y el aislamiento del alma que, a pesar de todo, retiene el afecto por los suyos. Concluyó su intervención con dos piezas de advertencia, una dirigida a los jóvenes y otra dedicada a los mayores, quienes con los retales de alguna tela nueva van cosiendo con dignidad la historia de sus vidas.

Roberto López San José

El poeta Roberto López San José sumergió al auditorio en las aguas complejas de la migración forzosa a través de su poemario ‘Azucenas marinas’. Utilizando como preámbulo el canto octavo de la Odisea homérica, el autor denunció el racismo y la xenofobia institucional. Evocó la figura de Mohamed Tohov, cuya última visión fue la luz cegadora del foco de una patrulla guardacostas griega que le denegó auxilio, y el dolor de su madre, Faduma Yaddisalán.

Su verso fustigó la frialdad de la burocracia funcionarial que sustituye la incógnita de un nombre por una línea ordenada por fechas y una descripción de la ropa encontrada. Enlazó esta tragedia con la realidad mexicana en Guanajuato, citando el caso de Luis Antonio Rodríguez y de Catalina Vargas, de 60 años, miembro del colectivo Unidos por los Desaparecidos de León, escarbando la tierra entre amenazas y «cortinas de humo». López San José concluyó recordando que la existencia es una «frágil argolla» y que todos morimos emigrando de la vida.

Pablo Müller

La intervención poética de Pablo Müller es un profundo ejercicio de memoria, empatía social y arraigo que se desarrolla a través de tres grandes momentos.

En primer lugar, el poeta realiza una serie de cantos a los oficios cotidianos e invisibles para retratar la cara oculta del mundo moderno. Comienza homenajeando a los recolectores de basura, quienes limpian el mundo en la madrugada mientras los demás duermen. Luego, describe con crudeza la realidad de los informáticos, atrapados en el sedentarismo, los dolores físicos y un entorno digital que los desconecta de la realidad. En contraste, celebra la vitalidad de las peluqueras, capaces de transformar la rutina diaria en una fiesta a través de su oficio, y cierra esta sección con los pilotos de avión, destacando la fragilidad humana y la unión solidaria que surge entre los pasajeros ante la posibilidad compartida de la muerte.

En segundo lugar, el texto introduce una transición lírica basada en la naturaleza y la tradición, centrada en la muerte del viejo colmenero. Mediante un antiguo ritual, se les comunica a las abejas el fallecimiento del apicultor, quien siempre vivió y murió con extremo cuidado. El fragmento resalta la profunda memoria ancestral de las abejas, las cuales guardan el recuerdo de cien generaciones de colmeneros como un símbolo de gratitud y conexión eterna entre el ser humano y el entorno natural.

Finalmente, el autor culmina con un homenaje a sus abuelos y abuelas, a quienes define explícitamente como su verdadero territorio y raíz identitaria. A través de retratos íntimos y nostálgicos, evoca los nombres y las duras vivencias de sus antepasados, como la lectura del periódico de ayer, el trabajo en las minas, el vino de enero, el miedo envuelto en azúcar o el paseo con un hijo ciego. Estos personajes, marcados por el esfuerzo, el destierro y el dolor, representan la base moral y el hogar desde donde el poeta comprende los derechos y deberes del mundo actual.

Gotzon Plaza Jaio

Aportando la frescura del minimalismo lírico y la riqueza lingüística del entorno, Gotzon Plaza Jaio ofreció un recital estructurado rigurosamente en tres bloques formalmente diferenciados en lengua vasca.

El autor combinó en primer lugar una serie de composiciones de haikus clásicos estrechamente ligados a las estampas y variaciones de la naturaleza. El segundo bloque estuvo compuesto por poemas breves de tres versos que, si bien rompían la métrica ortodoxa japonesa, lograban retener con éxito el espíritu íntimo, observador y sutil del haiku. Finalmente, cerró con un tercer apartado dedicado a las cosas pequeñas de la vida, demostrando el poder de la brevedad para fijar la atención en lo cotidiano.

Pedro Ugarte

El novelista y columnista Pedro Ugarte subió al atril para compartir dos espléndidas lecturas en castellano. Con La llegada de la vida, desarmó la melancólica e inútil espera de una existencia perfecta e idealizada que emana de los libros o del recuerdo frágil de «las novias antiguas de la infancia». Ugarte defendió que los libros mienten porque ese es su oficio, y que la memoria insiste de forma estúpida en atormentar al ser humano con el recuerdo de lo que jamás ha vivido.

Posteriormente, leyó ‘Indautxu’, una magistral crónica sociológica de su propio barrio bilbaíno. Utilizando las sutilezas de los tiempos verbales, contrastó la marea juvenil y festiva de los fines de semana con la procesión dominical del barrio, habitada por cincuentones dañados por las cosas de este mundo que conducen del brazo a sus madres viejísimas, ancianos en muletas y mujeres migrantes absortas en las pantallas de sus teléfonos móviles, mientras en los pisos la muerte espera de forma discreta.

Bernat Vidal

Cerrando el turno de lecturas poéticas individuales, el coordinador y dinamizador Bernat Vidal regaló un extenso y delicado catálogo de haikus pertenecientes a su poemario ‘Cuando florece el limonero’. A través de sus versos, Vidal trazó el devenir del tiempo y la transmutación de la naturaleza retratando la vida de un árbol de su jardín que da flor y fruto a lo largo de las cuatro estaciones del año.

Los poemas guiaron al oyente desde el sutil sirimirí de marzo, las praderas cubiertas de dientes de león y las lluvias de mayo, pasando por las fragancias de los tilos de Bilbao en junio, las llamas de la noche de San Juan y las estrellas Perseidas del verano. Continuó con el olor a castañas y los eucaliptos del otoño, hasta llegar al invierno de tazas de té ahumantes, mimosas de febrero y campos de trigo que reverdecen bajo el frío. La obra utilizó la resistencia del limonero como una metáfora perenne de la esperanza y la curación personal, concluyendo con la advertencia universal de que «el tiempo vuela; para cuando te enteras, no queda nada».

Boga-Boga

Como broche de oro a una velada de alta tensión emocional, Bilbo Zaharra Abesbatza regresó al escenario bajo la dirección de Gorka Robles para interpretar el himno marinero “Boga-Boga”. Los intérpretes destacaron que, a pesar del cariz melancólico que comparte con los textos leídos sobre el escenario, el ritmo de boga simbolizaba perfectamente el acto de avanzar, ir hacia adelante y remar juntos hacia lo que queremos, superando el peso del silencio.

El acto concluyó con un pormenorizado capítulo de agradecimientos conducido por Bernat Vidal. En el plano de la solidaridad cultural, se reconoció la labor de Julio Criado y de Inma Díez, quien conectó el proyecto original a través de su festival en Amurrio. En el ámbito institucional, se agradeció expresamente a Íñigo Zubizarreta, concejal de Derechos Humanos, Convivencia e Interculturalidad, por facilitar el uso del espacio de Bidebarrieta Kulturgunea, así como la complicidad de Aitor Bilbao.

El cierre del evento se selló con un anuncio de gran carga simbólica. El alcalde de la villa, Juan María Aburto, se comprometió a que durante la jornada del Día Mundial del Cáncer de Próstata las fuentes de Juan de Garay, la Plaza Moyúa y el Parque de Doña Casilda se iluminaran por completo de color azul. El aplauso final, extensivo al equipo técnico en la mesa de control (Mohamed), al fotógrafo Yulen Uribe y al librero encargado de la mesa de venta de libros (Jorge García), refrendó el éxito de una cita donde el verso demostró ser una herramienta política, compasiva y profundamente humana.

Éxito

En última instancia, el éxito del recital de Bidebarrieta radica en su capacidad para demostrar que la creación poética carece de sentido si se aísla de las urgencias de su propio tiempo. Lo acontecido bajo los frescos neobarrocos de Achúcarro no fue una mera exhibición de virtuosismo estético o un ejercicio de complacencia grupal, sino una asamblea cívica de primer orden. Al utilizar el verso como un escalpelo capaz de rajar el tabú y la mudez que históricamente han rodeado a la salud urológica de los hombres, el festival ha inaugurado una vía de activismo cultural tan audaz como necesaria. La lírica, despojada de su torre de marfil, descendió a la arena pública para transformarse en medicina colectiva y en un refugio de cuidados compartidos.

La imagen final de la velada ofrece una poderosa metáfora de lo que la cultura puede lograr cuando se alía con la solidaridad humana. Mientras el eco de las voces de los diez poetas y de las últimas notas del Boga-Boga aún flotaba en el Salón de Actos, las calles de Bilbao se preparaban para recibir un destello de esperanza. La iluminación en azul de las fuentes de Moyúa, Juan de Garay y Doña Casilda no solo actuó como un recordatorio institucional de una dolencia que siega miles de vidas al año, sino también como la extensión urbana y lumínica de los propios poemas leídos. En un planeta herido y en una sociedad propensa al aislamiento egoísta, citas como la de PROSVIDA constatan que la palabra, cuando es honesta y compasiva, sigue siendo la herramienta más eficaz para alumbrar la oscuridad, derribar estigmas y, en el sentido más literal de la expresión, salvar vidas.

Enlace vídeo: https://youtu.be/U3K8Zc58228

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