En el Museo Marítimo del Cantábrico (MMC), visita a la exposición ‘Luisa de la Vega: el arte de ilustrar la ciencia’. Santander recupera el legado de la pionera de la ilustración científica marina

Por José Belló Aliaga

En nuestro reciente viaje a Santander, estuvimos en el emblemático Museo Marítimo del Cantábrico, ubicado en la ciudad, excelente institución que merece ser visitada, y queremos expresar nuestro agradecimiento a su directora Lucía Fernández Granados y a Raul Gutiérrez Rodríguez, técnico del Departamento de Historia del Museo,  por su amabilidad y gentileza que nos ha permitido la realización de estos reportajes.

El primero de ellos corresponde a la exposición temporal dedicada a Luisa de la Vega, muy vinculada al Museo, que podrá ser visitada hasta el día 27 del próximo mes de septiembre.

Exposición ‘Luisa de la Vega: el arte de ilustrar la ciencia’. Santander recupera el legado de la pionera de la ilustración científica marina

El Centro Oceanográfico de Santander del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) junto con el Museo Marítimo del Cantábrico (MMC) inauguraron el pasado día el 8 de junio, coincidiendo con la celebración del Día Mundial de los Océanos, la exposición temporal ‘Luisa de la Vega: el arte de ilustrar la ciencia. Una vida caleidoscópica en la historia no contada del Océano’, una muestra que podrá visitarse de forma gratuita en la Sala Naos del Museo Marítimo del Cantábrico hasta el referido día 27 de septiembre de 2026.

La exposición se enmarca en la conmemoración del 140 aniversario de la fundación de la Estación de Biología Marina de Santander (1886), primera institución marina española dedicada al estudio científico del océano y origen del actual Instituto Español de Oceanografía y del propio MMC.

La exposición

La muestra recupera y destaca como merece la figura de Luisa de la Vega, ilustradora científica, educadora y pionera en un contexto histórico en el que las mujeres apenas tenían acceso a los espacios académicos y científicos. A través de un recorrido biográfico y documental, la exposición propone dar a conocer el valioso legado de una mujer cuya obra contribuyó de manera decisiva al desarrollo de las ciencias naturales y marinas en España. La exposición reúne ilustraciones científicas, acuarelas, documentos históricos y materiales de archivo, incluyendo obras inéditas o poco conocidas hasta la fecha.

Sus láminas zoológicas y botánicas destacan por la precisión del trazo, la sensibilidad artística y su enorme valor científico, convirtiéndose en testimonio de una forma de hacer ciencia basada en la observación meticulosa y el rigor técnico. Quien visite la exposición podrá acercarse no solo a la trayectoria vital de Luisa de la Vega, sino también al papel fundamental que desempeñó la ilustración científica en la construcción del conocimiento oceanográfico a comienzos del siglo XX. Además, la exposición se acompaña de un catálogo original elaborado específicamente para la ocasión, que recoge el trabajo de investigación histórica y documental desarrollado en torno a la figura de Luisa de la Vega y su contexto científico, educativo y social.

Con esta iniciativa, el Centro Oceanográfico de Santander y el Museo Marítimo del Cantábrico reafirman su compromiso con la divulgación del patrimonio científico y cultural vinculado al océano, así como con la recuperación y visibilización de las mujeres que contribuyeron al avance de la ciencia desde posiciones históricamente invisibilizadas.

En el Museo Marítimo del Cantábrico (MMC), visita a la exposición ‘Luisa de la Vega: el arte de ilustrar la ciencia’, en Santander

El Instituto Español de Oceanografía

El Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), es un Centro Nacional del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, dedicado a la investigación en ciencias del mar, especialmente en lo relacionado con el conocimiento científico de los océanos, la sostenibilidad de los recursos pesqueros y el medio ambiente marino. El IEO representa a España en la mayoría de los foros científicos y tecnológicos internacionales relacionados con el mar y sus recursos. Cuenta con nueve centros oceanográficos costeros, cinco plantas de experimentación de cultivos marinos, 12 estaciones mareográficas, una estación receptora de imágenes de satélites y una flota compuesta por cinco buques oceanográficos, entre los que destacan el Odón de Buen, el Ramón Margalef y el Ángeles Alvariño.

De un excelente artículo de Sandra Álamo Poza hemos entresacado interesante información sobre María Luisa de la Vega Wetter.

María Luisa de la Vega Wetter (París, 1862 – Madrid, 1944)

María Luisa de la Vega Wetter (París, 1862 – Madrid, 1944) fue una de esas mujeres pioneras en las ciencias del mar en una época en la que la investigación marina se vinculaba, principalmente, a la figura masculina. Mujer culta, de ingente educación, fue muy admirada entre quienes la conocieron. Trabajó, prácticamente durante toda su vida, como ilustradora de las obras de destacados naturalistas marinos y terrestres. Su afán por aprender y comprender las pautas del mundo natural la convirtieron en una gran ilustradora científica en zoología y botánica, cuyas detalladas y rigurosas imágenes fueron un complemento imprescindible en las publicaciones científicas y divulgativas de las primeras décadas del siglo XX.

Además, su vinculación a la Institución Libre de Enseñanza resalta su figura, no solo en el campo de la ilustración científica, sino también en el de la educación de la mujer y la libertad de pensamiento. Siempre dispuesta a ayudar, Luisa de la Vega ejercerá como profesora en distintas instituciones y con el anhelo de, algún día, establecer una escuela para niñas donde se eduque en libertades y valores de igualdad.

Vida privada. Su familia

Su padre, Federico de la Vega, originario de Jerez de la Frontera (Cádiz), fue un periodista, escritor y corresponsal de prensa extranjera que emigró a París, donde vivió gran parte de su vida. Allí conoció a Emilia Wetter, francesa de origen alsaciano-alemán, con quien se casó en segundas nupcias. Fruto de su matrimonio nació, en 1862, Luisa de la Vega.

En esta época de mediados del siglo XIX, las niñas alrededor de los 13 años ya abandonaban la escuela y la poca instrucción que recibían era en casa. A pesar de ello, Luisa tuvo la suerte de tener a su lado a su madre, Emilia Wetter, quien le imprimió un carácter bastante fuerte y le incentivó a estudiar, aprender y a interesarse por la naturaleza. Así Luisa pudo llegar a estudiar magisterio en París.

Augusto González de Linares

Su futuro marido, el naturalista Augusto González de Linares (1845-1904) fue una figura muy relevante en su vida, tanto personal como profesionalmente. González de Linares, catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela, es expulsado de la cátedra como consecuencia de la segunda cuestión universitaria decretada en 1875. A pesar de ello, la estrecha relación que le unía a Francisco Giner de los Ríos le proporciona la oportunidad de viajar a París y a diferentes estaciones de biología marina en Europa.

En 1880, González de Linares se encuentra trabajando en el Laboratoire des recherches de la Section de Botanique du Museum de París cuando recibe la noticia de que ha sido padre de una niña, fruto de una relación extramatrimonial con una mujer casada. En distintas cartas enviadas a Giner de los Ríos manifiesta su desesperación en relación con este hecho. Sin embargo, un nuevo horizonte se abre ante los ojos de Linares cuando, en 1881, en una visita a un pariente cercano, Federico de la Vega, conoce a Luisa, hija de este, con la que se casará ese mismo año.

Luisa de la Vega se convirtió enseguida en la persona que Linares necesitaba a su lado. En una nota necrológica sobre su marido redactada por Salvador Calderón en junio de 1904, el autor declara sobre Luisa que era una “dama admirable por todos conceptos, que ha sido durante largos años la compañera fiel y cariñosa del sabio en su vida de luchas y afanes, la auxiliar de sus trabajos, dentro del santuario mismo de su laboratorio, la mujer abnegada, cooperadora activa y modesta en la obra del hombre a quien unió su destino”.

Además de hacerse cargo de María (París, 1881-1911), la hija de Augusto, Luisa tendrá también dos hijos propios con el naturalista: Antonio (Concarneau, 1884 – Madrid, 1947) y Genara (Madrid, 1887 – Madrid, 1979).

Viajes y aprendizaje. La estación de biología marina de Santander y el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Una Real Orden con fecha de 30 de julio de 1886 permitirá a González de Linares formarse en la Estación de Biología Marina de la ciudad de Nápoles. Luisa acompaña a su marido y será aquí donde comience a adentrarse en el mundo de la pintura y la ilustración científica de los animales del mar.

A pesar de no tener una formación académica previa, la perseverancia y el afán por aprender y descubrir de nuestra protagonista serán la base de su desarrollo como ilustradora. En Nápoles aprenderá dibujo y acuarela, y establecerá los cimientos que más tarde pondrá en práctica en todos sus trabajos. En una carta fechada en 1887, González de Linares comunica a Giner de los Ríos: “Luisa aprende formas, dibuja las que observo, y además estudia dibujo y acuarela con el dibujante de la Estación, el Sr. Merculiano, que le da lección particular pagada”.

Los inicios profesionales de Luisa de la Vega como ilustradora científica se vinculan al establecimiento de la Estación de Biología Marina de Santander fundada por su marido en 1886 y establecida físicamente en la capital cántabra en 1889 . En 1907 se construye un pabellón adosado donde se instalará el museo, ampliándose tiempo después con un modesto acuario y en 1922 en Laboratorio Oceanográfico.

En el caso de Luisa de la Vega, como en otros muchos ejemplos comparables, el acceso de las mujeres a labores relacionadas con la ciencia y la investigación dependía de vínculos con un científico varón con el que colaboraban en tareas consideradas auxiliares, siendo la relación matrimonial y la ayuda a sus maridos una de las formas más típicas de este patrón social. Con lo que Luisa va a alternar su trabajo como auxiliar artístico en la Estación con el cuidado de la casa y de sus hijos.

Luisa llega a España sabiendo tres idiomas, cosa rara para una mujer española en aquel momento. A pesar de su excelente currículum no pudo acceder a una formación científica ya que para cursar estudios superiores se debía pedir permiso a la autoridad competente, requisito que se mantuvo hasta 1910. Sin embargo, su habilidad artística, sobre todo en el dibujo y la acuarela, unida a sus conocimientos en pedagogía y filosofía, llevan a González de Linares a considerarla parte fundamental en la Estación , que a comienzos del siglo XX dependerá administrativamente del madrileño Museo Nacional de Ciencias Naturales. Por ello, desde el 4 de octubre de 1900 formará parte del personal adscrito a ese Museo en calidad de auxiliar artística interina ilustrando la fauna y la flora que llegaban a la Estación y que permitiría un estudio más detallado de la anatomía de las especies. Sin embargo, al no tener la titulación correspondiente (Licenciado o Doctor en Ciencias Naturales) solo pudo ejercer su plaza un año, momento en el que quedó cubierta la plaza por un titular. A pesar de todo, eso no le frenó y prosiguió en su labor colaborativa con la institución plasmando en sus láminas los ejemplares de la fauna marina recogidos en las costas santanderinas.

En torno a 1902, González de Linares obtiene una cátedra en la Universidad Central de Madrid, y tiene que trasladarse allí durante unos meses. Además, le ofrecen dirigir una sección en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y Luisa le acompaña, tras lo cual llegará a obtener una plaza como dibujante auxiliar en el mismo Museo usando sus trabajos en Santander como carta de presentación.

La Institución Libre de Enseñanza y la Fundación Sierra-Pambley

Luisa también participó en tareas docentes de la Institución Libre de Enseñanza (ILE). Según Enrique Serrano Fatigati, Luisa de la Vega fue “una mujer de talento, de corazón y de cultura superior” que logró proyectar su amor por la ciencia y la enseñanza a todo aquel que se cruzara en su camino.

Tras la muerte de su marido, el 1 de mayo de 1904, la falta de subvenciones para mantener la Estación y la complicada situación económica que vivía la familia Linares en ese momento llevaron a Luisa a ejercer como profesora, generalmente de francés, e incluso a acoger a una o dos niñas de pensión. Francisco Giner de los Ríos propuso a Luisa viajar a Villablino, un pueblo de la provincia de León, para colaborar con la formación agrícola impartida por la Fundación Sierra-Pambley, una entidad muy cercana a la Institución Libre de Enseñanza. La ilustradora se traslada a esa localidad leonesa junto a su hija Genara, quien a sus 17 años logra ser la primera mujer en conseguir el bachillerato en León. Con Juan Alvarado, un afamado profesor de Villablino, y amigo de la familia, acabará casándose en 1907.

Además, apoyada por la mencionada ILE, Luisa llega a ejercer como profesora de francés, comercio y matemáticas en la Escuela de Enseñanza Mercantil y Agrícola que había fundado Alvarado, con la esperanza de poder reunir algún día los medios económicos necesarios para abrir una escuela para mujeres en Sierra-Pambley. Durante esos años seguirá vinculada a la Estación de Biología Marina de Santander como acuarelista.

Será por fin en 1910, concretamente el 9 de marzo, cuando se derogue la Real Orden de 1888 que no permitía la entrada de las mujeres al bachillerato ni a la universidad sin consulta previa “a la Superioridad”. La nueva Real Orden, publicada en la Gaceta de Madrid, abrirá definitivamente la puerta a la educación superior de las mujeres, en igualdad con los hombres.

Residencia de Señoritas (1915-1936)

Finalmente, en 1913, se establece la sección de niñas en Sierra-Pambley donde Luisa trabajará como profesora junto a su hija Genara, que abandonará durante un tiempo sus estudios universitarios en Ciencias Naturales en Madrid.

Luisa mantendrá estrechos lazos con los miembros de la Institución Libre de Enseñanza, reflejado años más tarde con la creación en Madrid de la Residencia de Señoritas (1915-1936), considerado el primer centro oficial en España para la formación superior de las mujeres, donde coincide con María de Maeztu.

A la muerte de su marido (Alvarado) en 1914 y después de unas cuantas idas y venidas de León a Madrid y viceversa, Luisa es comisionada otra vez a través de la Junta para Ampliación de estudios (JAE) y viaja a Francia, Bélgica y Suiza. Asimismo, asistirá a varios congresos relacionados con la agricultura y las artes domésticas hasta que en 1916 regresa a Madrid para ejercer como profesora en el Instituto Escuela, relacionado con la ILE.

En 1923 consigue un puesto de auxiliar de dibujante en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, donde coincide con Josefa Sanz Echeverría, otra pionera en las ciencias del mar, para la que trabajará ilustrando las láminas de sus obras sobre otolitos de peces . Situación que abre un ámbito de colaboración plenamente femenino que resulta novedoso en la época.

Asimismo, realizó dibujos para Enrique Rioja colaborando a su vez en las obras de su padre, José Rioja, particularmente centrándose en las publicaciones sobre poliquetos marinos.

Luisa de la Vega continuó durante el resto de su vida con su labor de ilustradora, siendo parte fundamental en el desarrollo y difusión de las ciencias naturales españolas y colaborando en tareas docentes relacionadas con la Institución Libre de Enseñanza hasta su fallecimiento en 1944.

José Belló Aliaga

Pies de foto

Foto 6:     Luisa de la Vega trabajando en su despacho de la Estación Biológica de Santander

Foto 11:   Grupo en la escalinata de la Primera sede de la Estación: Augusto González Linares, Luisa de la Vega, Antonio Linares, José Rioja y Martín, Eugenio Muñoz, un ayudante de éste, Madrid Moreno, Julián Fresnedo y mozo del laboratorio

Foto 12:   Ilustración de Luisa de la Vega en una publicación de Josefina Sanz de 1928 en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural

Foto 23:   En la parte inferior carta a sus nietos

Foto 24:   En la foto de la izquierda, Luisa de la Vega, con su hija Genara. A la derecha, Luisa de la Vega

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