El silencio que nos cuesta la vida

Julio Criado García
PROSVIDA

Cuando escuchas la frase «cáncer de próstata metastásico en estado IV», no valoras bien su significado, pero algo dentro de ti se paraliza. Después no puedes evitar reflexionar y darle vueltas a los números cuando te dicen que «la tasa de supervivencia relativa a los cinco años es del 37%».

En ese momento tu mente, incapaz de procesar el porcentaje con la frialdad de las estadísticas de laboratorio, hace la cuenta de la vieja de que, de cada cien hombres como yo, sesenta y tres morirán en esos cinco años. Te quedas mudo y una sensación fría y dolorosa se abre en tu interior; me han colgado una fecha de caducidad. Todo un torbellino de sensaciones, miedo, desesperanza y tristeza se aferran a tu corazón. Sin embargo, nunca me pregunté ¿por qué a mí? La verdadera pregunta que me atormentaba en bucle era otra: ¿Por qué no lo supe antes? Y la respuesta que encontré fue tan simple como indignante; simplemente porque sobre este cáncer no existe información, ni preventiva, ni de ningún tipo, solo la nada.

Afortunadamente, el conocimiento y la medicina actual nos permiten desarmar el terror de los números. Ahora sé que ese dato del 37% no refleja los tratamientos más actuales que están logrando cronificar la enfermedad. Además, esa cifra incluye a pacientes de avanzada edad que fallecen dentro de ese periodo por causas naturales, infartos u otras causas ajenas al propio tumor. La realidad clínica actual demuestra que se puede vivir mucho más tiempo y con una excelente calidad de vida, al menos eso espero yo.

Sin embargo, el impacto que provoca escuchar ese porcentaje te cambia para siempre. Y es precisamente ahí, en el borde de ese abismo, donde nace la indignación que encendió el motor de PROSVIDA.

No podemos seguir permitiendo que miles de hombres sigan llegando a esa misma consulta, a enfrentarse a la angustia de esas estadísticas, simplemente por desinformación o por un pudor absurdo que nos silencia. El cáncer de próstata es el tumor más frecuente en los hombres, pero se sigue tratando como un tema tabú. Nos falta educación, nos falta hablar sin miedo de la salud masculina y, sobre todo, nos faltan protocolos institucionales de cribado y concienciación que lleguen a cada rincón de nuestra sociedad.

Si un simple análisis de sangre (PSA) y una revisión a tiempo pueden evitar que un hombre tenga que enfrentarse al diagnóstico de una metástasis, no implementar campañas masivas de información es una negligencia social. Mi realidad actual, con la que convivo desde 2022, ya no es solo una batalla médica personal; es una cruzada colectiva. Luchamos a través de la palabra, de la cultura y de iniciativas como el Festival Nacional de Poesía PROSVIDA, porque el arte también es una herramienta política y sanitaria para romper el silencio.

No quiero que nadie más tenga que calcular sus probabilidades de supervivencia bajo una cifra aterradora por culpa del desconocimiento. La información salva vidas. El diagnóstico precoz nos devuelve el futuro. Exijo, exigimos que se informe a tiempo, porque llegar antes de la metástasis no es un privilegio, es un derecho fundamental que nos pertenece a todos. Más de seis mil muertes al año es una terrible brutalidad que se debe acabar. El cáncer de próstata es curable casi al cien por cien si se detecta a tiempo.

Yo ahora me enfrento a un dilema personal profundamente complejo. Por un lado, siento el orgullo colectivo de un éxito rotundo conseguido en pocos meses, se ha logrado entre todos lo impensable, hemos celebrado 24 recitales por toda España y se ha sumado el apoyo de miles de personas.

En este camino, romperé siempre una lanza a favor de los ayuntamientos; todos, sin excepción, nos abrieron sus puertas con sensibilidad. Pero de ahí hacia arriba, el silencio institucional ha sido absoluto (provincial, regional y nacional), lo que me deja una dolorosa sensación de fracaso a pesar del éxito social y cultural conseguido.

Por otro lado, está mi coste personal. Llevo peleando contra este cáncer desde 2022 y, a través de PROSVIDA, no he podido dejar de pensar en él ni un solo instante. Necesito pasar página, olvidar la palabra cáncer y volver a tener una vida normal. Esta lucha no va a curar mi enfermedad que hoy es incurable, ni me dará más tiempo del que ya tengo. Deseo no ser uno de esos sesenta y tres que se marchan antes de tiempo, pero si lo soy, tengo una vida hermosa más allá de la enfermedad y quiero vivirla con toda la intensidad que me sea posible; el tiempo que me pueda quedar, que espero sea mucho.

Por todo esto, he decidido tomarme un tiempo de calma durante los meses de verano para descansar y pensar con perspectiva; será entonces cuando decida si el proyecto PROSVIDA sube un nivel conmigo al frente o si, por el contrario, ha llegado el momento de dar un paso al lado y apoyarlo en la distancia.

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