El 17 de julio se hizo pública y se supo la sentencia del Tribunal Superior de Castilla-La Mancha, suspendiendo un acuerdo municipal del año 2021, consistente en el cambio del nombre de calles de personas y hechos referidos a la Guerra Civil de 1936-1939. Situación derivada, en principio, de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica y sus causas derivadas. El razonamiento del TSJ de CLM se basa en aplicaciones jurisprudenciales previas, para invertir el acuerdo recurrido. Tales como la de que debe de existir “un vínculo claro” entre la mención de una persona y su “significación favorable a la guerra o la sublevación” para la retirada de este tipo de símbolos del callejero y del memorial guerrero. El acuerdo municipal de la corporación presidida por Pilar Zamora, con el aval de la ya extinta Mesa de la Memoria Histórica de Ciudad Real, integrada por expertos, técnicos y representantes políticos, había propuesto, en 2016, el cambio de estas calles –modificadas en 2021 y revocado su cambio en 2026– “por el pasado franquista de sus protagonistas. Tres de esos personajes —José Gutiérrez Ortega, Gregorio Sánchez-Puerta y Vicente Galiana Utrilla— fueron, según este comité de expertos, destacados falangistas”. La particularidad del cambio revocado es su aparatosidad y puede, que su provisionalidad. Al volcar en el retorno del nombre viejo del ‘camarada’ Gutiérrez Ortega al actual de Pasaje de la Pandorga. Celebración local en plena marejada anual de citas y referencias que acontece en el filo mismo del caluroso verano manchego y que desarma las voluntades municipales superpuestas de su declaración como Fiesta de interés Turístico Nacional, superando la declaración de Interés Reginal de 1985. Celebración que, este año de 2026 aparecerá desprovista de su reconocimiento en el callejero local. Por deficiente mala tramitación administrativa o por exceso de celo judicial.

Que una corporación puede recurrir al cambio de nombres de calles –sin apoyo del aparato legal de la Ley de Memoria Histórica– queda claro si recordamos que la primera corporación municipal democrática de 1979 alteró un paquete importante del callejero de nombres vinculados a la milicia del ejército franquista. Todo lo que conformaba la Ciudad Jardín, perdió su nombradía de milicia ardorosa –Mola, Moscardó, Sanjurjo o Millán Astray–, para dejar lugar a calles con nombre botánicos: Robles, Encinas, Quejigo o Madroños. Y todo ello sin quebrantos de nombradía y rememoraciones viejas.


El mismo día Andrés Trapiello, publicaba en el diario El Mundo la pieza conmemorativa del 90 aniversario de la sublevación del ejército de África que dio lugar al comienzo de la Guerra Civil. Y que denominaba A 18 de julio de 2026, donde podía leerse –con la dureza analítica habitual en el autor de Las armas y las letras su alegato juliano, propio del mes de julio– la afirmación siguiente. “Los comunistas españoles nunca pidieron perdón por sus crímenes, porque perdieron la guerra. Los comunistas soviéticos tampoco, porque la ganaron. Los comunistas y no pocos socialistas y republicanos españoles consideraron que haber perdido la Guerra Civil los eximía de cualquier responsabilidad penal anterior, y si desde 1939 buena parte de la izquierda olvidó los crímenes que pudieran haberse cometido en su bando hasta entonces, creyéndolos expiados por la brutal represión franquista, a partir de 1975 a los únicos que, de facto, se les ha exigido responsabilidades ha sido a la derecha, a la que se hizo heredera indiscriminada del franquismo”.
El día 18, El País publicaba de mano de José María Barreda –expresidente de la Junta de Comunidades y exsecretario general del PSOE de CLM, otro memorial –ahora no guerrero, sino personal, aunque de índole política, como ya ocurriera con su trabajo Historia vivida, Historia construida. La Mancha en la Memoria (Almud ediciones, 2022) – Porqué sigo siendo del PSOE, que verifica en afirmativa, cuando el relato habría demandado mejor la interrogativa, su posición actual entre tantas Escilas y Caribdis del trayecto del viejo y nuevo partido. Donde da cuenta de un estado de desánimo que recorre las bases – como el viejo fantasma del Comunismo cuando recorría Europa en el siglo XIX, no unificada ni unitaria– sobre todo, las bases lisas y llanas, frente a tanta información judicial y judicializada que acaba acogotando y preguntado a esas bases militantes, pero no militarizadas, la real posición del PSOE. Y por ello, reflexionaba: “Podría poner infinidad de casos de dedicaciones ejemplares de alcaldes altruistas, de militantes de base, que han dejado lo mejor de su vida sirviendo a la sociedad desde su compromiso socialista, pero elegiré sólo uno: el alcalde de Chillón durante 28 años, Luis Toledano”. Quien ejemplifica todo lo que ya no es el partido en el cual sigue militando JMB, y donde sobresalen más otros perfiles, bien diferentes al del citado Toledano, que ahora se silencian y callan.

Y, finalmente, el día 19, nació la conmoción exagerada por la segunda estrella obtenida, por la selección nacional de futbol en el campeonato del mundo resuelto en la final de New York frente al combinado argentino. Una conmoción desproporcionada, con efectos multiplicadores, vistos los efectos comerciales y económicos del fútbol en las sociedades espectacularizadas. Reacción, ahora sí de Pan y circo, que ha permitido el adormecimiento de todo lo precedente que se olvida con el resorte de la celebración de jóvenes millonarios. Que van a merecer el reconocimiento oficial del gobierno, con la medalla del Mérito deportivo. Cuando bien sabemos, donde descansan los méritos y esfuerzos de la sociedad..














