Manuel Valero.- España casi siempre se ha quemado así llega el verano. Recuerdo una campaña institucional que decía: Cuando un monte se quema algo suyo se quema. Eslogan que permitió al humorista gráfico El Perich, añadir con socarronería social la coletilla: … señor conde”, lo cual nos daba para sacar una adolescente conclusión. El monte no es nuestro, como decía el eslogan, sino del terrateniente. Ya sea marqués, conde o duque… de olivares o pinos piñoneros. Luego, nuestro querido Serrat, cantaba eso de Todos contra el fuego, genialmente imitado, después, por Martes y Trece.
Han pasado los años y dos leyes ordenan la gestión del monte, la estatal de 2003 y en nuestro caso la castellano-manchega de 2008.
Una opinión muy extendida, que uno suele escuchar desde su desconocimiento de la realidad profunda del campo y del monte, es que ambas leyes estrechan la libertad de movimientos de quienes tienen fincas, parcelas o campos más o menos extensos. Según la gravedad del incendio se inicia el ataque con las fuerzas locales, a las que se suman las autonómicas, el apoyo estatal (UME, hidroaviones) y, finalmente si son varios los territorios afectados el mando pasa al estado como ha ocurrido ahora por primera. Ay, la DANA. Una lectura de ambas leyes deja clara una cosa: la limpieza del monte compete al propietario si el monte es privado, a la comunidad autonómica con planes específicos, si es público que obliga a los propietarios. Además la ley estatal establece la obligación de las CCAA a hacer cortafuegos incluso en terrenos privados si la cosa se pone fea, etc.
Y sin embargo, repito, hay una opinión extendida sobre la burocracia forestal y el exceso de celo para la protección del medioambiente. Sobre este particular la Ley de 2003 no da derecho general a todo el mundo a recoger leña del monte porque es un aprovechamiento forestal que pertenece al dueño del monte. Si el monte es público se requiere autorización y permisos, así como la recogida de productos forestales como setas o piñas. Y lo más importante, el desbroce y la limpieza del bosque. La Ley estatal fomenta la limpieza pero el cuándo y el cómo dependen de la normativa regional si el monte está protegido o es de utilidad pública. No obstante, la norma indica que eliminar el combustible forestal no da vía libre a la eliminación de toda la vegetación, retirar la leña caída o la madera muerta. Y se habla también de cortafuegos tomados por la foresta, sin limpiar.
Y sobre el pastoreo, lo que establece es un pastoreo sostenible que no deje el monte como un erial, dice la ley, el suelo inservible o la biodiversidad y la regeneración tocadas. Quizá estos aspectos sean los que más polémica susciten, si bien hay que tener claro que, según la ley, el cuidado de los montes (además de a todos como es de sentido común) compete a propietarios y administración con las derivadas legislativas vigentes.
Ahora bien, la sensación de lo que estamos viendo estos trágicos días (omito la vomitiva pugna política,) es que no se hace nada o casi nada como prueba el espectáculo infernal televisado por capítulos.
Insisto, no soy un conocedor de la realidad campera como son quienes viven del campo o en él. Se quejan de no poder desbrozar por esa burocracia a veces tardía. Pero como ciudadano tengo claras varias cosas:
1.- Una obviedad. El monte es de todos de algún modo aunque no nos avale documento norial. Me refiero a su cuidado y prudencia.
2.- La coordinación en el ataque y la suficiencia de medios debe ser la apropiada, y más si cabe, para detener al dragón,
3.- Los intereses partidistas deben irse todos a tomar por donde amarga el pepino
4.- Un servicio de investigación que informe a la opinión pública del origen y causa de todos los incendios. Pues es sospechoso que sea el primer incendio de la temporada el que empiece el baile.
5.- El cambio o la emergencia climática (¿por qué ese cambio denominativo?) existe, sea antropogénico, que dudo, o no lo sea. Ya da igual. Pero el cambio climático no es una religión y más bien pareciera que es una máquina de generar ecologistas integristas, algunos de ellos de chapa y pintura, que ya andan reprochándole a la Ayuso de cosas. La fijación de la izquierda con la presidenta de Madrid, aburre hasta las cabras. El cambio climático no es ni de izquierdas ni de derechas como parecen vender los primeros.
6.- La mayor obviedad. Apenas pase el trago, se ponga el personal, propietarios y administración estatal y regional a movilizar a todo el personal y más personal si hace falta, para dejar el campo limpio como una patena. Aunque se produzcan incendios por imprudencia o terrorismo forestal tendremos más posibilidades de salvar el monte o evitar su endemoniada propagación, sean del conde o de su prima,
7.- Toque de arrebato a la unidad. Pacto, ya. 8 Presupuesto suficiente para tener los medios materiales de guerra contra el fuego. Ah, pero el Estado anda sin presupuestos. Bueno, esto es otra historia, no vaya a empezar yo con el mamoneo de la yenka: izquierda, derecha, adelante, detrás. Pues eso.














