Julián Plaza. Etnólogo.– Año tras año el día 31de julio se celebra en Ciudad Real la fiesta de la Pandorga. Desde el balcón del Ayuntamiento se oye la canción “¡Pandorga, mi pueblo cantará, Pandorga!” La canción se estableció como himno y su autor, Javier Segovia, cuando la compuso no pensó la trascendencia que iba a tener en el futuro. Pero aunque muchas generaciones de ciudadrealeños sabemos de la vida del desaparecido autor, conviene recordar a la persona que hizo posible este impulso de un acto que emana del pueblo. Me atrevo a decir que tejió una base sólida que contribuyó a proyectar la fiesta, favoreciendo su permanencia en el tiempo. Por esto, las nuevas generaciones no tienen que perder de vista a las personas que ayudaron a que la fiesta no desapareciese.
¿Quién fue Javier Segovia? fue un cantautor que desarrolló su talento en una capital de provincias. El ambiente de Ciudad Real durante la década de los 60 y los 70, era un tanto provinciano y para socializar en la capital había que pasar por bares, tabernas y cafés de referencia obligada. En estos lugares se participaba en las tertulias, cultivando la amistad y fomentando el debate. En alguna taberna como la de Paco Carrión o la del Niño Gloria, se amenizaba a los clientes con acordes de guitarra. Javier frecuentaba todos los locales en donde pudiese encontrar la inspiración. Mucho se ha escrito de este cantautor, pero quizás falta ver el aspecto más profundo de sus composiciones musicales. Sus canciones son un reflejo de la sociedad de la época, de su rebeldía personal, de su carácter humano y del amor que tenía por su tierra. Este carácter fue el que contribuyó a encender la hoguera y mantenerla ardiendo durante su corta vida. En este caso aunque fue corta, fue muy enriquecedora. Si no hubiera sido así, hoy no estaríamos hablando de Javier.
Las dificultades para abrirse camino como cantautor fueron muchas. Aunque podemos afirmar que todos los cantautores de la época no sólo eran artistas, sino también actores socioculturales, utilizando la música para abordar temas sociales y políticos de manera creativa y provocativa. Pero volviendo a Javier fue el que compuso la canción que llegaría a ser el himno oficial de la fiesta y la llamó con el mismo nombre de Pandorga. Aunque apareció en el año 1973, no fue hasta el 1996 cuando la Corporación Municipal la designa como el himno oficial. Con esta canción Javier y su grupo, que se llamaba como la canción, formado por Luis González Hervás, José Luis Alba, Paco González y Alberto Segovia, consiguieron el segundo puesto en el I Festival Juvenil de la Canción Manchega, celebrado en la plaza de toros de Ciudad Real el 12 de agosto de 1973. Esta canción estaba predestinada a convertirse en un referente de identidad manchega para los ciudadrealeños. Desgraciadamente el compositor no lo llegó a ver, pues perdió la vida en un accidente de tráfico en el año 1977. Su vida fue breve, nació el 10 de mayo de 1953, pero intensa y su obra perdura con el paso del tiempo. Siempre preocupado por su tierra, defendiendo las tradiciones e inquieto por el desarrollo social de sus conciudadanos. Nuestro recuerdo y gratitud por su aportación serán infinitos. Su canción Pandorga permanecerá inalterable con el paso del tiempo y de esta forma, las nuevas generaciones podrán conocer a través de esta canción, las raíces de esta extraordinaria fiesta popular.
Con relación a la fiesta de la Pandorga quiero reflexionar sobre otro personaje, que aunque no coincidieron en el tiempo, también se preocupó por mantener vivo el sentimiento manchego, me refiero a Francisco García Consuegra y Márquez, conocido como Mazantini. Este apodo por el que se le conoce, fue puesto por el parecido que tenía con el torero de la época, Mazzantini. Francisco vivió a caballo entre finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, y falleció en junio de 1951, fue una figura destacada en el folclore manchego. A lo largo de su vida hizo patente sus grandes dotes artísticas, recreando con estilo los bailes populares e interpretando canciones folclóricas. Con el tiempo llegó a imprimir su particular forma y estilo de cantar y bailar.
A Mazantini lo que más le seduce es aproximarse al pueblo y a la tierra. Por la característica de su oficio, recorre los pueblos manchegos y el contacto con sus gentes lo dejan marcado para siempre. Actúa como si solamente fuese importante su baile y su lírica popular folclórica. Presenta una constancia desmedida en lo concerniente al baile, al canto y a esa música manchega. Fue protagonista indiscutible de la celebración, durante algunos años, de la fiesta de la Pandorga. Se sabe que allá por los años veinte, cuando la ciudad no llega a los veinte mil habitantes, lo vemos un treinta y uno de julio en el templete metálico del Prado. Muchas personas se arremolinaban alrededor del templete y después del rezo de la salve a la Virgen del Prado, sobre las once de la noche, suenan los aires manchegos. La voz de Mazantini es un rezo hecho canto. Luego la noche se puebla de seguidillas manchegas, fandangos, torras o meloneras. El grupo de baile se mueve con gracia y en la rondalla están Atanasio, Paco Carrión y Paco Argumosa. Es el homenaje a la Morena del Prado, para no olvidar aquel veinticinco de mayo de mil ochenta y ocho, en el que una virgen morena quiso quedarse en el Prado.
Javier también cantó a la Virgen del Prado y para ello se inspiró en lo más profundo de las raíces manchegas. Su lirismo se desbordó llegando a una clara rebeldía, todo ello para defender la fiesta de la Pandorga, una fiesta que guarda la más clara identidad del pueblo de Ciudad Real. Compone su canción Pandorga, para impulsar la fiesta, pues no estaba pasando por sus mejores días. Comprometido con su tiempo y con las costumbres, se puso a componer. Haciendo una lectura reposada de la canción, podemos ver con claridad el desarrollo de ese tiempo festivo y los valores que están presentes en todo momento. Inicia la canción indicando la fecha de celebración, el 31 de julio, para seguir diciendo que esta conmemoración viene determinada por la tradición “Se ensalza la tradición”.
Esta primera afirmación nos indica que la fiesta surge en una sociedad tradicional. Es una sociedad fundamentalmente agrícola, tipificada por relaciones esencialmente personales, anclada en formas de vida, instituciones y valores heredados del pasado. Como es lógico pensar, esta sociedad tradicional no se libra de los cambios. Con el paso del tiempo irá cambiando lentamente y fundamentalmente por influencias externas de la sociedad moderna. Pero hay unos elementos representativos de la sociedad tradicional: lo puro, lo no contaminado, lo natural, que es preciso recoger para evitar su desaparición. Esta labor fundamental y que actualmente lo llevan a cabo los grupos folclóricos, es la que consigue mantener vivos los elementos más representativos de esa sociedad. Por esto, Javier en su canción hace mención al largo tablón que se eleva entre el Prado y la Catedral, para que los “pueblos manchegos”, refiriéndose a la participación de las distintas agrupaciones folclóricas que actúan esa noche, bailen y canten a la Virgen del Prado. Estas agrupaciones llevan a cabo un trabajo fundamental: profundizar en el análisis de nuestras raíces culturales propias. Por aquellas fechas participan grupos locales como Mazantini o la Asociación de Coros y Danzas de Ciudad Real. También lo hacían grupos provinciales como el Grupo de Coros y Danzas de la Renfe de Alcázar de San Juan o el Grupo de Coros y Danzas de Herencia. Pero con el nacimiento en el año 1981del Festival Internacional de Folclore de Ciudad Real, aumenta la participación a grupos folclóricos nacionales e internacionales.
Como es lógico pensar, numerosas personas se agolpan en el Prado para ver la actuación de los distintos grupos, “el Prado se llena de gentes”. También es normal que ante una noche de ronda, los mozos aprovechen para relacionarse con las mozas, “la moza con el moscón”. Aunque uno de los valores de la fiesta se basa en la participación familiar. Toda la familia participa como espectadores. Las generaciones se van sucediendo: abuelos, padres nietos. Asistimos a la continuidad generacional. Todos contemplan a los jóvenes que se inician en el baile, “los espectadores quieren ver a Eusebio, el hijo del brigada, bailar con la Paz”. Suena la música y comienza la danza. El canto resuena en la quietud de la noche. Es una composición anónima y colectiva, que nace para acompañar todos los momentos de la vida.
Esta manifestación de baile y canto se hace como homenaje a la Virgen del Prado que es la protagonista de la fiesta. Sin ella no existiría la Pandorga. La Patrona se asoma satisfecha por su mirador. Y “el poeta que canta no encuentra los versos para culminar”. Los ciudadrealeños estamos agradecidos a la Virgen del Prado, nuestra protectora. Este es el único motivo por el que surgió la fiesta de la Pandorga y también para mantenerla viva. Hablar de la Virgen, de su aparición en aquellos tiempos medievales en donde imperaba el acto de fe, es hablar de nuestra propia existencia como pueblo. Entramos de lleno en el campo religioso y en el ámbito de lo sagrado. Todas las personas, en mayor o menor medida, necesitan caminar acompañados de un guía espiritual, que en este caso es la Virgen del Prado. Por eso aparece la devoción de los fieles, que no es otra cosa que la veneración y el amor que se tiene a la Virgen. Se puede constatar como un sentimiento de profundo respeto y admiración, de carácter un tanto mística. Los devotos la contemplan como intercesora de su hijo Jesucristo. Como Madre de Dios es el camino para conseguir la protección divina. A través de la devoción se convierte en protectora y consuela a todas las personas que se acercan a su lado.
Cuando la fiesta finaliza, “la moza regresa a casa y el padre la espera en la puerta para regañar”. La mujer estaba muy limitada en sus actuaciones, situación que ha ido cambiando con la llegada de la democracia. El padre ejercía como protector de todas las mujeres de la casa, en su ausencia era el hijo mayor o en su defecto un hermano del padre. Esta situación está patente en la composición de Javier, el padre inquieto por la tardanza de la hija espera en la puerta de la casa para regañarla. Aunque en ese tiempo era tomado no tanto como represalia, sino como un sentimiento de protección hacia la hija. Todo queda en buena armonía y la noche es testigo de alabanzas, sentimientos y esperanza. Otro año más se cumple con la tradición, que se manifiesta por el amor de los ciudadrealeños tienen a su Virgen del Prado.
Para terminar diremos que Javier, al componer la canción, refleja de forma clara que la Pandorga es una fiesta popular con raíces manchegas. El pueblo participa sin distinción de clases o edades, y aunque en otros tiempos la fiesta se circunscribía a los límites de la provincia, en la actualidad se unen a la celebración personas del resto de España y del extranjero. Su permanencia en el tiempo está asegurada, convirtiéndose en un elemento de identidad de nuestra personalidad manchega. Así cada año el 31 de julio, todas aquellas personas que participan en la fiesta unen su voz para cantar:” ¡Pandorga, mi pueblo cantará, Pandorga!”
Este año, como no podía ser de otra forma, la Asociación Cultural Amigos de Javier Segovia dará la bienvenida a la Pandorga con su tradicional concierto en los Jardines del Prado. En esta ocasión el espectáculo se titula Recorriendo el Camino 2, y rinde homenaje a la obra del autor del himno de la fiesta. Al finalizar todos los presentes cantarán Pandorga, cuya letra originaria se incluye en este artículo.














