José Belló Aliaga.- Este Premio Internacional se crea en 1999 por el Grupo Editorial Sial Pigmalión, para reconocer la obra de autores de todo el mundo que se hayan destacado como poetas.
Un jurado internacional muy prestigioso propone cada año a autores sobresalientes en el género poético y otorga este galardón, convocado para celebrar la fundación de nuestro grupo editorial, que cumple su vigésimo noveno aniversario.

El Premio Internacional “Sial Pigmalión de Poesía” ha sido otorgado, entre otros, a los siguientes autores: Pedro M. Víllora, Ángel Petisme, Emilio Barrachina, Yolanda Sáenz de Tejada, Inma Jiménez Jorquera, José María Triper, José Luis Marín Aranda, Bella Clara Ventura, Ana Isabel Ballesteros, Luciano García Lorenzo, Antonio Portillo Casado, David Coll, Francisco Javier González Ponce…
Convocatoria 2026
Y, en la convocatoria de 2026, un jurado internacional presidido por Francisco Gutiérrez Carbajo y formado por Marisabel Balderrama (Bolivia), Cecilia C. Lee (EE.UU.), Lidia Corcione (Colombia), Jesús María Gómez y Flores, Abdul Hadi Sadoun (Iraq), Pauline Le Roy (Chile), José María Paz Gago, Adelaida Porras-Medrano, Basilio Rodríguez Cañada, Beatriz Saavedra Gastélum (México), Raja Samet (Túnez) y Carlos Vásquez-Zawadzki (Colombia), decidió, por unanimidad, conceder este galardón a María del Carmen Aranda, por su poemario El arte de resucitar y el conjunto de su obra.
El libro premiado será presentado en las próximas ferias del libro de Santo Domingo, Guadalajara (México), Bogotá, Madrid, etc.
Madrid, 2 de agosto de 2026
Basilio Rodríguez Cañada
Presidente
Grupo Editorial Sial Pigmalión
María del Carmen Aranda
María del Carmen Aranda es escritora, conferenciante y promotora cultural madrileña. Ha publicado varios libros de narrativa, además de participar en más de cincuenta antologías nacionales e internacionales. Su obra, de marcado carácter humanista y social, ha sido reconocida en España, Italia, Estados Unidos e Hispanoamérica. Ha impartido conferencias y participado en congresos literarios en países como España, India, Perú y Estados Unidos, incluyendo intervenciones en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Es vicepresidenta de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna Internacional (ANLMI) , capítulo reino de España y miembro de diversas academias e instituciones culturales. Su compromiso con la literatura, la paz y los derechos humanos constituye el eje central de su trayectoria intelectual y creativa.
El arte de resucitar
El arte de resucitar trasciende el ámbito estrictamente literario para adentrarse en una reflexión de mayor alcance sobre la memoria, el sufrimiento, la belleza y la esperanza. Resucitar no significa aquí desafiar las leyes naturales ni regresar a un pasado imposible. Supone impedir que desaparezcan las huellas de aquello que ha dado sentido a la existencia. Implica rescatar del silencio la voz de quienes fueron olvidados, devolver la dignidad a las víctimas de la violencia, reconstruir los puentes entre culturas aparentemente distantes, reivindicar el papel de la mujer en la historia de la creación artística y recordar que el amor, incluso cuando nace de la ausencia o del dolor, continúa siendo una de las formas más profundas del conocimiento humano.
Quienes conocemos desde hace años la trayectoria intelectual de María del Carmen Aranda sabemos que esta obra no constituye una excepción dentro de su recorrido creativo, sino la consecuencia natural de una manera de entender la literatura como servicio, encuentro y compromiso.
La lectura de El arte de resucitar produce desde el principio una impresión reveladora. El libro no nace encerrado entre las paredes de un despacho ni se alimenta exclusivamente de la tradición libresca, aunque esa tradición esté presente de manera constante. Procede, sobre todo, de una experiencia directa del mundo. Cada poema parece haber sido escrito después de haber escuchado muchas voces, recorrido muchos caminos y compartido innumerables conversaciones con personas pertenecientes a horizontes culturales muy distintos. Esa amplitud de mirada explica que el sujeto lírico renuncie con frecuencia al confesionalismo exclusivo para convertirse en portavoz de otras existencias, de otras memorias y de otros silencios. La autora no habla únicamente de sí misma; habla desde los demás y, en ocasiones, deja que sean los propios otros quienes terminen hablando a través de ella.
Existe otro rasgo que confiere a El arte de resucitar una personalidad singular dentro del panorama poético actual: la manera en que establece un fecundo diálogo con quienes hicieron de la creación artística una forma de supervivencia moral. No se trata únicamente de un homenaje a grandes nombres de la literatura, de la pintura o de la cultura universal.
Especialmente significativa resulta la constante presencia de la luz. Desde el primer hasta el último apartado del libro, la luz adopta formas cambiantes, pero nunca pierde su condición de símbolo esencial. Es claridad moral, esperanza, nacimiento, revelación, conocimiento, reconciliación y también permanencia. Frente a ella se alzan la sombra, la noche, el polvo, el humo o la ceniza, imágenes que representan el sufrimiento, la pérdida, la guerra y el olvido. Sin embargo, la autora evita cuidadosamente construir una oposición simplista entre ambos universos. La luz no existe porque ignore la oscuridad, sino porque ha aprendido a atravesarla. Esa diferencia resulta decisiva. La esperanza que recorre estas páginas jamás nace de la ingenuidad. Procede siempre de la experiencia del dolor. Es una esperanza conquistada, nunca heredada.
María del Carmen Aranda ha elegido un camino que exige una considerable honestidad creadora. En una época en la que buena parte de la poesía contemporánea parece debatirse entre el hermetismo que convierte el poema en un territorio reservado para unos pocos iniciados y el excesivo coloquialismo que, en ocasiones, diluye la intensidad estética en una mera conversación cotidiana, ella opta por una tercera vía: la claridad. Escribir de manera que el lector comprenda desde la primera lectura la emoción esencial del poema y, al mismo tiempo, descubra en sucesivas aproximaciones nuevos matices de significado exige una depuración verbal que solo suele alcanzarse tras muchos años de trabajo.
El arte de resucitar no busca ofrecer respuestas definitivas ni levantar un sistema cerrado de certezas. Prefiere sembrar interrogantes, despertar conciencias, rescatar nombres, devolver dignidad a quienes fueron relegados al olvido y recordarnos que la belleza solo alcanza su plenitud cuando es capaz de dialogar con el sufrimiento humano sin sucumbir ante él. De esta manera, representa una manera de entender la creación literaria que continúa creyendo en la palabra como instrumento de conocimiento, de concordia y de esperanza.
Tal vez el mayor mérito de El arte de resucitar consista en haber comprendido que la poesía no modifica el pasado, pero sí transforma nuestra manera de habitarlo. No devuelve la vida a quienes desaparecieron, pero impide que desaparezca el sentido de sus vidas. No detiene las guerras, pero mantiene viva la conciencia de quienes continúan creyendo en la paz. No elimina el sufrimiento, pero evita que el dolor quede reducido a una estadística o a un titular efímero. Allí donde la historia contabiliza fechas y acontecimientos, el poema rescata nombres, miradas, gestos y silencios. Esa es la diferencia decisiva entre la memoria documental y la memoria poética. La primera conserva los hechos; la segunda preserva su dimensión humana.
Quizá esa sea la enseñanza más perdurable de este hermoso libro. Frente a una época que con demasiada frecuencia confunde el éxito con la fugacidad y la notoriedad con la permanencia, María del Carmen Aranda reivindica otra forma de victoria, mucho más discreta y difícil: la de quienes continúan sembrando belleza allí donde otros solo alcanzan a ver ruinas; la de quienes siguen confiando en la palabra cuando el ruido parece haberlo invadido todo; la de quienes comprenden que la cultura constituye una forma de responsabilidad compartida y que escribir significa, en último término, asumir el compromiso de dejar el mundo un poco más habitable de como lo encontramos.
BASILIO RODRÍGUEZ CAÑADA
Escritor y editor












