Fermín Gassol Peco.- Hijas de las que florecieron allá por primavera, rosas rezagadas que en agosto ofrecen los rosales, flores nacidas ajenas a su tiempo, rosas pálidas, calladas, apenas sin olor, temerosas porque el zarpazo de algún rayo abrasador arrebate la frescura que sus hermosas madres sí lucieron.
Son las rosas que en días suaves de verano como hoy se abren y florecen, fugaces como el soplo de un efímero fulgor que un sol envidioso parece querer ajusticiar, celoso que unas luces más pequeñas y cercanas, oculten su insoportable calor y majestad.
No caigáis en el error de florecer en este tiempo, aguantar a que el astro rey ceda en su fuerza, no luchéis contra un implacable dios que vanidoso os vencerá y agostara…que es mejor ser rosa hermosa en un otoño ya sereno, que pequeña y desvaída flor ahogada en el estío que desde hace años padecemos.












