A estas alturas ya sabemos qué puede hacer la Inteligencia Artificial: viguerías. Pero empecemos por el principio. La propia denominación. No hay inteligencia sin razón, ni razón sin consciencia, ni consciencia sin conciencia. El desarrollo digital de los últimos años ha acelerado la ya acelerada progresión geométrica. En la última década, la tecnología digital aplicada ha supuesto un avance equivalente a todos los siglos anteriores.
Para ir al grano: la Inteligencia Artificial, IA, es una herramienta a la que nos tendremos que acostumbrar como lo harán las próximas generaciones, que sepa Dios, cómo irán las cosas. Por lo tanto, es una más que como todas las herramientas o inventos del hombre son como mister Hyde y el doctor Yekyll. La gasolina puede valer lo mismo para calentar un hospital que para destruirlo de un pepinazo.
A un servidor la IA le cae muy mal. Es antipática, manipuladora, falsaria, y casi diabólica. Me pregunto si hoy vale como prueba ante un juez la fotografía de una señora que es infiel a su marido y ha sido captada por la cámara de un detective. ¿Detective? ¡Ja!. Teclita, aquí, teclita allá y ya tenemos a la pava con el pavo caminito del hotel nocturno. Lo mismo que la utilización de la IA para animar fotos (a mí me da un poco de repelús) o montar un pequeño video con música incorporada. Algunos trabajillos son divertidos pero son los más los que se destinan a ridiculizar a una persona a la que se la odia o se la tiene ojeriza. Y más si son públicas. O para falsear una realidad con imágenes o fotos que nada tienen que ver. Antes teníamos las viñetas de los grandes humoristas políticos con la tranquilidad que da saber que han salido de la cabeza y la mano del autor. En fin, que la IA es la cosa esa artificial que sirve también para manipular mensajes con el objeto de acercarlos a la propia ideología. IA e ideología, como forma de ataque, serán un binomio que habrá que estudiar con detenimiento. Es un acceso al conocimiento dirán ustedes y un fácil camino para recabar documentación y datos y quizá esto sea lo único perdonable. Por mi parte. Insisto.
Como escritor la considero una intrusa igual que el intruso que utiliza a la intrusa. Una amigo mio, de toda la vida, me comentó lo útil que es para su profesión -es ingeniero- y que por hacer una prueba, a sabiendas de que uno escribe, le pidió a la listilla artificial que le escribiera un relato con cuatro datos y se quedó sorprendido. Si dato mata relato, ambos juntos matan el esfuerzo humano. ¡Cómo voy a llevarme bien con una herramienta que puede escribir una novela en unos minutos que escrita humanamente te lleva años! De ninguna manera.
No es por tirarme el moco, ya saben que soy un escritor empedernido. Estoy embarcado en una novela que será gorda (no sé si buena) pero será al estilo de los grades novelistas. Insisto: no trato de homologar el mío con el de un Balzac, Galdós o Dickens porque sería un grave síntoma de deterioro delirante. Pero sí les digo que en ella no habrá asesinos en serie, no será un trhiller betselleriano que es en lo que se ha convertido la literatura (con minúsculas). Tampoco habrá monstruos medievales, ni secretos ocultísimos. Irá de nada. O sea de la vida. O sea, todo. Y llevo peleándome con ella dos meses desde que la comencé sin tener previsto siquiera el final temporal, aunque tengo anotado el final de la hostoria. Quizá un año o…
Y me dará las páginas que salga de la narración misma que es la que te indica lo que ha de durar un texto. Es la primera vez que me embarco en un novelón, por la extensión no por la calidad, y les anticipo que no irá de Pueblo (Puertollano), sino que estará ambientada en una villa de la costa norte de Escocia. Y puestos a hacer confidencias, también les digo que he utilizado el buscador o el GPT en español que supongo que será el más utilizado por los garrulos como yo, para recabar datos que no maten el relato, que este es cosa mía, sino para que le den coherencia y credibilidad.
Pues bien, si se pone uno a pensar que un logaritmo loco es capaz de rebuscar en un nanosegundo el material para escribir un tomazo de 800 páginas, se le caen las letras del diccionario. ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Quién me garantiza que los betsellers que se publican a cascoporro no son producto de un simple tic en una tecla aunque se le reporten unos cuántos detalles? Dicen que hay programas detectores de la intrusa y que incluso cualquier texto sacado por ella debe ser advertido al lector, pero no me vale.
Como escritor declaro non grata a esa cosa cuando se utilice torticeramente para dar el pego. Voy, por ello, a por mi novelón decimonónico, salga el sol por el Mar del Norte. Pero la IA, ¡Ay con la IA!, no tendrá nada ver en esto.
Inteligentementes, humanos y naturales, buenos días.










