Donación del legado bibliográfico de Luis Díaz-Cacho a San Carlos del Valle su villa maternal

El próximo domingo 23 de agosto, a las 20:00 h, el poeta solanero protagonizará el acto de donación de su legado bibliográfico a la villa maternal, sellando el acto con un recital poético. Analizamos la trayectoria de una de las voces más genuinas del Humanismo Solidario, su estrecha alianza con el Grupo Oretania y su inmortalización en el Mirador Literario de la localidad.

La memoria de un poeta siempre regresa al agua limpia de sus orígenes. Para Luis Díaz-Cacho Campillo (La Solana, 1963), la poesía nunca ha sido un mero ejercicio de esteticismo burgués o pirotecnia verbal. Al contrario, su obra se erige como una «necesidad existencial», un asidero ético y una «herramienta de salvación compartida» frente a las heridas del tiempo y el estrépito de la modernidad.

Esa misma necesidad de compartir y agradecer es la que le llevará el próximo domingo 23 de agosto, a las 20:00 horas, a protagonizar uno de los momentos de la XXXVIII Semana Cultural de San Carlos del Valle. La donación de sus libros a la villa, seguido de un recital poético del propio autor.

No es una plaza cualquiera. San Carlos del Valle es la tierra natal de su madre y el mapa de sus veranos de infancia. En las páginas del programa de la Semana Cultural, el propio Díaz-Cacho evoca con una prosa nostálgica y nítida aquellos años setenta en los que los niños del pueblo formaban un «pequeño ejército» para regar la huerta de Pepe «Jalalo» a cambio de un chapuzón en su alberca de aguas frías y ova. Décadas después, aquel niño que aprendió a nadar a la fuerza y descubrió allí los primeros vestigios del trabajo comunitario, regresa transformado en un consumado «servidor de la palabra» para entregarle a sus vecinos su bien más preciado, su herencia literaria.

«Todo quietud, silencio desbordado, / remanso en los sentidos, / tierra y sol, / distancia y sueños». — Poema de Luis Díaz-Cacho inscrito en el Mirador Literario.

El Mirador Literario de San Carlos del Valle

El idilio lírico entre el escritor y este municipio no es un hito de reciente cuño, sino que ya se encuentra físicamente cincelado en la geografía urbana de la comarca. Dentro del Plan de Sostenibilidad Turística en Destino «Campo de Montiel, Tierra del Quijote», la localidad erigió el Mirador Literario de San Carlos del Valle, una parada obligatoria donde las letras y el horizonte manchego se funden en una sola experiencia artística.

En este rincón privilegiado, un monolito institucional rinde homenaje a Díaz-Cacho recogiendo una poética declaración de amor al entorno. Sus versos actúan como el mejor marco lírico para el visitante que contempla el paisaje: «Desde esta atalaya privilegiada / San Carlos se derrama por el Valle / para ofrecer al lector y al visitante / la sinceridad de un pueblo…»

El texto del mirador resume a la perfección la esencia del autor, la sensibilidad para captar «la explosión del color en la pupila», el juego cromático del bermellón con el amarillo, y el sosiego de un paisaje infinito que invita a la desconexión. Es, en palabras del propio poeta, «un rincón del cielo» donde reina la paz y la armonía. Este hito convierte el acto del próximo 23 de agosto en algo aún más orgánico; el autor que ya puso letra al horizonte del pueblo, ahora llena sus estanterías.

Del intimismo al compromiso

Licenciado en Filología Clásica, la trayectoria poética de Díaz-Cacho sufrió una sacudida tectónica en 1985. La muerte de su padre actuó como un doloroso catalizador que mudó la escritura en un bálsamo terapéutico. En la década de los noventa, su talento comenzó a ser respaldado en certámenes de hondo arraigo regional y nacional, cosechando el Primer Premio en el Concurso de Cartas de Amor de Puertollano (1993), el galardón del Molino de la Bella Quiteria en Munera (1994) y, de manera muy destacada, los prestigiosos premios Pámpana Amarilla (1996) y Chilanco (1999) en el certamen de El Trascacho en Valdepeñas.

Sin embargo, en el cénit de su reconocimiento, Díaz-Cacho asumió un compromiso activo en la vida política que se prolongó durante más de veinte años, llegando a ejercer la alcaldía de su natal La Solana. Fiel a su propia ética, tomó la determinación de apartarse de los concursos literarios para priorizar su labor institucional. Pero la palabra permaneció inalterable y la madurez trajo consigo sus textos más rotundos.

El Grupo Oretania y Ediciones C&G

Su consolidación editorial está indiscutiblemente ligada a Ediciones C&G, el sello editorial del Grupo Oretania de Comunicación. Esta alianza cultural ha dado luz a sus poemarios más maduros, caracterizados por una estética limpia, directa y profundamente adscrita al movimiento del Humanismo Solidario: “Poemas para vivir cada día” (2010), una bitácora que propone el verso como un manual de resistencia y optimismo diario. “Nos debemos la paz” (2014), un grito de denuncia social y concordia en tiempos convulsos. “En el Sahara las palomas comen cuscús” (2016), Coescrito con Nemesio De Lara, una obra de hondo calado solidario. “Cartas de Amor para Mavi (1992-2017)” (2017), una bellísima antología que recopila veinticinco años de correspondencia amorosa e íntima. “Vivir cada día” (2021), poemas de crecimiento personal que forman parte del prestigioso fondo poético Miguel Hernández. Y “En el círculo azul del calendario” (2024), una profunda reflexión sobre la futilidad del tiempo y el paso de las estaciones.

Llanto (2025)

Mención especial merece su obra más descarnada, íntima y reciente, “Llanto” (2025). En este poemario, editado primorosamente por Ediciones C&G, el autor se quita todas las armaduras para regresar al núcleo de su herida fundacional, la muerte de su padre.

Bajo la estela formal de las Coplas de Jorge Manrique, Díaz-Cacho transita por el duelo y la ausencia. Lo extraordinario de “Llanto” es que no se queda en la mera autocompasión; el poeta purifica su dolor privado para transformarlo en una elegía universal donde cualquier lector puede encontrar cobijo para sus propias pérdidas.

Encuentros y Hermanamientos

La vinculación del escritor con el Grupo Oretania desborda el libro impreso. Luis Díaz-Cacho es el coordinador y el alma de los Encuentros Oretania de Poetas. Este foro anual, que en este 2026 alcanzó su XVIII edición en Villamanrique bajo el lema “Palabras para la paz y la vida”, se ha convertido en el tejido conectivo más importante para los creadores de Ciudad Real, uniendo la lírica con causas urgentes como la no violencia de género o la concordia de los pueblos.

Esta vocación integradora de Díaz-Cacho como «arquitecto de la palabra compartida» desborda las fronteras puramente provinciales para tejer puentes de fraternidad entre identidades y territorios. Bajo su sensible coordinación en la vertiente castellano-manchega, y en estrecha alianza con el poeta Juan Camacho, han cobrado vida los Hermanamientos Oretania de Poetas, unas citas de hondo calado cultural que conectan la voz lírica de Castilla-La Mancha con los creadores de Euskadi, Madrid y Cataluña. Tras el éxito de una primera entrega en la localidad vizcaína de Arrigorriaga, la segunda edición de este encuentro tuvo un doble e histórico epicentro, el emblemático Palacio de Clavería de Aldea del Rey y, de manera muy significativa, la Plaza Mayor de San Carlos del Valle. Bajo el cielo de octubre, entre versos recitados en euskera y castellano, la «villa maternal» se convirtió en un territorio común sin aduanas, demostrando que la palabra de Díaz-Cacho no solo regresa a sus orígenes en los libros, sino también en el eco de los recitales compartidos.

Pero si hay una iniciativa donde la poesía de Luis Díaz-Cacho se despoja de artificios para transformarse en un latido social puro, es en el I Festival Nacional de Poesía «PROSVIDA». Coordinado por el propio autor solanero a nivel general —y respaldado por coordinadores locales en cada plaza—, este festival itinerante nació de una dolorosa experiencia compartida junto al editor, y amigo personal, Julio Criado para romper los tabúes que rodean al cáncer de próstata. Concebido bajo el lema de una «Poesía Útil» que cura, abraza y conciencia, el proyecto ha recorrido veinticuatro municipios de la geografía española. En torno al Día Mundial de la enfermedad, Díaz-Cacho ha liderado una red solidaria donde el verso se alía con la divulgación médica, el testimonio y el activismo social, demostrando que la poesía no habita en una torre de marfil, sino a pie de calle, dispuesta a salvar vidas y a sanar el dolor colectivo.

El acto del domingo 23 de agosto en San Carlos del Valle no será, por tanto, un evento cultural más. Será la consagración de un círculo vital. El regreso del niño de la alberca de Pepe «Jalalo», convertido hoy en el gran «arquitecto de la palabra compartida» de La Mancha, que acude a la villa de su madre para regar las estanterías de sus vecinos con el torrente inagotable de sus libros. Una cita imprescindible para testificar cómo la poesía, cuando es honesta, siempre halla el camino de vuelta a casa.

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