Viña Xétar, buque insignia de El Progreso durante 20 años, mira al futuro para diferenciarse con «espíritu más fresco»

Viña Xétar, el «buque insignia» de la cooperativa El Progreso de Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real), nació hace más de dos décadas bajo la premisa de ofrecer un producto «de menor graduación» alcohólica y que fuera «más sabroso y más afrutado». Veinte años después sigue trabajando por buscar esa diferenciación, fundamentalmente entre un público que se inicia en el mundo el vino, con un producto «fresco» que busca también «espíritus más frescos».

Así se expresa el presidente de la cooperativa El Progreso, Jesús Julián Casanova, durante una entrevista con Europa Press en la que explica que Viña Xétar se adelantó a la tendencia actual de los vinos sin alcohol, primero creando un producto de menor graduación –un mosto parcialmente fermentado– en blanco y tinto, y posteriormente sus versiones 0,0, tanto en blanco como en rosado, que son las cuatro que actualmente comercializa la cooperativa.

Viña Xétar hace honor con su nombre a una zona de la comarca, en concreto a un pueblo denominado Jétar que existía en el siglo XIX entre Fuente el Fresno y Villarrubia de los Ojos, al que se llegaba por el ahora denominado ‘camino de los volanderos’ –también conocido como de los Veladores–, según detalla Casanova, que indica que la mayoría de las marcas de El Progreso tienen su origen en zonas geográficas de la comarca.

También pensando en la defensa de la variedad autóctona, el Viña Xétar blanco se hace con uva Airén y el tinto con Tempranillo. Sus primeras versiones tuvieron «una gran repercusión», especialmente entre los jóvenes y las mujeres, tendencia que ha continuado hasta la actualidad, siendo el producto que «mejor se comercializa y con más valor» de los que elabora la cooperativa.

«Tenemos un montón de productos más, entre ellos el ‘bag-in-box’, botellas, referencias como el Ojos del Guadiana, pero el Viña Xétar siempre, desde el principio, pegó muy fuerte y está muy consolidado».

Ese mosto que a mitad de fermentación se para, se estabiliza y se conserva en frío antes de ser embotellado, salió al mercado en otoño de 2025 con una producción de 15.000 botellas. Actualmente está en torno a las 200.000-220.000 botellas al año, una cantidad que para una gran corporación «no puede parecer mucho», pero que para El Progreso es importante «teniendo en cuenta el valor que aporta, lo que simboliza y lo difícil que es el mundo del vino».

CONTROL DURANTE TODO EL AÑO

En los orígenes del Viña Xétar estuvo el enólogo y director técnico de la cooperativa, Juan Nieto, que sitúa su nacimiento durante la vendimia, cuando mucha gente acudía de visita y probaba los vinos a medio fermentar –con entre 6 y 7 grados– y les gustaban. «Entonces dijimos: pues vamos a sacar un producto que no tenga tanto grado de alcohol», rememora.

Aunque la producción fue «pequeñita» al principio, según cuenta, «la verdad es que tuvo mucho éxito» porque tenía «poco grado de alcohol» y el dulzor del mosto natural de la uva. «Vimos que el primer año nos quedamos sin vino y entonces hubo que ir aumentando» y esa evolución ha ido «subiendo todos los años un poquito, que no está mal», teniendo en cuenta que ha salido «mucha competencia» durante estos años, algo que «obliga a no bajar la guardia».

El Viña Xétar se va embotellando «poco a poco durante todo el año» y controlando igualmente durante todo ese tiempo, pues «es un producto muy inestable que puede fermentarnos en el depósito. El control continúa tras embotellarse «para asegurarnos que las botellas no van a tener ningún tipo de alteración». Un «producto asentado en el mercado» que «de momento», precisa, no van a tocar.

PRODUCTO «DINÁMICO»

En estas más de dos décadas, el Viña Xétar se ha comercializado en diferentes formatos, algunos de los cuales se han «desactivado», como sucedió con el Viña Xétar 0,0 en lata. «Fue una prueba que parecía que tenía mucha tendencia» para este tipo de bebidas «intermedias» pero fue «muy difícil de implantar», relata Casanova, y no ha llegado a tener aceptación en la cultura española donde, como sucede en la francesa o la italiana, «la percepción de la lata (para un vino) no es una percepción de calidad».

Algo similar ha ocurrido con el tapón de rosca, donde el 49% de los clientes quiere rosca y el 51% quiere corcho, de tal manera que el corcho perdura en algunas versiones del Viña Xétar, mientras que en otras va con rosca. «Tenemos un protocolo de prueba y error. Desarrollamos un producto, lo sacamos y si funciona le damos; si no funciona, pues lo dejamos en stand-by un tiempo y luego vamos viendo», aclara.

Admite, en este punto, que con Viña Xétar «siempre se ha apostado por un producto joven, un producto fresco, un producto dinámico, un producto más sport» –la marca apuesta también por del deporte, en las carreras de Villarrubia de los Ojos, en el fútbol y en el fútbol femenino–, que «intenta arrastrar un poquito todas las tendencias que va habiendo más modernas» como ocurrió primero con los vinos de baja graduación, luego con la lata y después con el 0,0.

Aunque tiene sus «nichos» en el mercado internacional –especialmente en Asia donde «está funcionando muy bien», en el sur de Estados Unidos y en Iberoamérica– el presidente de El Progreso reconoce que el Viña Xétar «donde mejor funciona» es en el mercado nacional, en el que triunfa, también ahora, en el mundo de la coctelería.

MENOS ALCOHOL PERO CON MATICES DE VINO

«La verdad es que este mundo es muy difícil y continuamente piensas en diferentes maneras de diferenciarte. Yo creo que el secreto al final está en la diferenciación y seguimos trabajando dentro de los proyectos de I+D+i», subraya el presidente de la cooperativa El Progreso, que adelanta que ahora mismo trabajan en un producto de graduación intermedia entre el Viña Xétar y el Viña Xétar 0,0 y en un envase, de vidrio, más pequeño.

En su opinión, «lo más novedoso ahora mismo es buscar un poquito menos de alcohol y sin embargo seguir teniendo esos matices de vino», ha comentado Casanova, que evita poner fecha a la salida de ese nuevo producto al mercado. «Todo esto lleva su trámite y, como en cocina, al final tiene que llevar su tiempo que la legumbre salga bien» y eso está en manos del cocinero, especifica.

Llegados a este punto, reconoce que «cuesta mucho hacer un buen vino sin alcohol» porque –continuando con el símil gastronómico– «es como si a un chuletón le quitasen la proteína o la grasa. Pues ya no sería lo mismo». En ese sentido, cuando le quitas el alcohol a un producto, «lo suyo es que tenga algo».

«Hay cosas que funcionan y perduran por siempre, porque están ahí en un punto que gusta siempre, pero hay otros gustos que evolucionan y estamos viendo cómo precisamente la tendencia del consumo del alcohol en general es cada vez más baja», lo que hace que estos productos se acepten «mucho mejor», pero «tienes que dar con la tecla y la dificultad es dar con esa tecla para que la música suene como debe sonar».

Al Viña Xétar se suele acercar gente que se inicia en el mundo del vino y en muchos casos eso lo convierte en «una puerta de entrada» al mundo vitivinícola y a la cultura que lo rodea, pero ese interés –admite el presidente de El Progreso– «te va llegando a medida que vas avanzando también en la vida. Con 20 años no te apetece saber lo que es el vino, pero a lo mejor ya con 35 sí».

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