Industrias antiguas de Villanueva de la Fuente: Los molinos harineros, batanes, hidroeléctricas y telares entre los siglos XIV y XX

Juan Ángel Amador Fresneda.- Desde antaño venían funcionando algunas industrias en la localidad. La mayoría con diferentes titularidades y arrendatarios. Se explotaron hasta bien entrada la mitad del siglo XX. Tres de los cinco molinos harineros, también con batanes y telares. Casi todos venían teniendo actividad desde mediados del siglo XIV, situados en el cauce del Río Villanueva: el del Cubo, el Palo o del Concejo, a partir del XVI y el del Traquejo-Cañamarejo, propiedad de la Encomienda, gestionado por el Comendador de Villa Nueva y después por particulares. Además, la Encomienda tuvo otro molino en el Río de Balazote:“(…) Tiene más en Valaçote vn molino, el qual se avia derribado e quemado en tienpo de las guerras, e el dicho comendador lo ha fecho de nuevo (…)”.

Restos del molino y batán del “Traquejo o Cañamarejo” en el Río Villanueva. Creemos que aludido en el Quijote

Algunas de estas actividades estuvieron en régimen de arrendamiento a particulares y a cambio la Encomienda recibía unos ingresos para completar su economía y finanzas. Disponían estos molinos como privilegio; que estuvieran obligados a moler en ellos los de la villa de Montiel, los de Torres, los de Villahermosa y los de Cañamares, “(…) viniendo a el aojado de la ribera de los dichos molynos (…)”. Esta última antiquísima actividad industrial, la del molino del Traquejo-Cañamarejo la debió tener arrendada Juan “El Batanero” a la Encomienda. Y este fue el más importante con la industria del batán desde la Edad Media y en el comienzo del XVII, teniendo su protagonismo en el libro cervantino en el capítulo XX, de las Aventuras de Don Quijote y Sancho. La edificación ya muy envejecida acometía su mayor restauración y puesta a punto en 1687, como anunciaba su inscripción en una piedra tallada de su pared.

La sección del mencionado batán funcionó durante largo tiempo en el proceso de transformación y aprovechamiento de pieles, con telares para hilaturas de lanas para hacer tejidos y paños. Luego los productos obtenidos en la transformación de las materias primas los adquirían los talleres de sastrería locales para confeccionar prendas de vestir de encargo. Lo más común: trajes, chalecos, ropa de señoras, abrigos, capotes, peales para las albarcas, polainas y zurrones, paños de camas y para tarimas, costales para almacenar los granos. Los productos además se comercializaban en los mercados y posteriormente en la Feria de Villanueva y en los pueblos cercanos de las comarcas de Alcaraz, Montiel y alguna que otra provincia cercana.

Al final del siglo XV, el citado “Batanero” construía un molino en el Río Salobre, en Reolid, para aprovechar la fuerza del agua, habiendo solicitado licencia de construcción al Concejo de Alcaraz, pagando un censo de cien maravediés. “(…) Juan Batanero Vva. Molino). Relaçion que fizo Juan batanero vezino de Vva.  Que le manden dar sus merçedes vn sitio para vn batan e vn molino en el rio del Salobre cabo Cardos. Que dando çient maravedíes de çense a la çibdad, y que lo mandan dar conforme a la hordenança, y que se pregone (…)”.

Transcurridos varios siglos, cuando se redactó el Catastro de la Ensenada en Alcaraz, a medidos del XVIII, el molino originalmente del Batanero, ya se encontraba en manos de Pedro Montoya, de Alcaraz y de los herederos de Matias de Cózar, de Vianos. Cuando pasada una centuria, a mediados del XIX, dichas industria ya se llamaba “De Iramala”, el sobrenombre o apodo debido al humor y actitud social de su propietario. Últimamente, en el siglo XX por herencia aquel molino pasaba a Emeterio Rozalén y de este a manos de su hija Edelmira Rozalén. Y más reciente en la década de los cuarenta, en 1947, fue adquirido por los hermanos Juan Tomas y Mariano Rodenas Marín, y por la siguiente herencia la propiedad de Valeriano Rodenas, vecino de Reolid-Salobre era destinada a vivienda rural.

Documento de julio de 1494, acuerdo del Concejo de Alcaraz para la construcción de molino y batán en el Río Salobre. Juan “El Batanero” vecino de Villanueva, construía dicha industria en dicho el Río, cercano al paraje de Cardos. Posteriormente, al menos desde mediados del XIX, se comenzó a llamar molino “De Iramala” hasta la actualidad.

A partir del siglo XVIII ya eran cuatro los molinos en el cauce del Río Villanueva, algunos de ellos con otros propietarios y titulares: el de El Cubo ya pertenecía a la Familia de los Coca y los Bracamonte desde el XVII, aunque realmente aparece en el XVIII en la descripción de bienes de la Encomienda de 1731, que hizo el escribano público de la localidad Juan Gómez Lozano, siendo el comendador Marciano Joseph Fernández Pacheco, Marqués de Bedmar y de Moya. Así mismo, el Catastro de la Ensenada contempla la titularidad de Félix Juan de Coca y Bracamonte, alcalde ordinario por los labradores y el común de los vecinos.

El cuarto de estos molinos el “De Osorio” -de la capellanía de Juan Romero- aparecía en fechas más tardías. Muy posteriormente, en la desamortización de mediados del XIX, el molino de El Palo y de El Concejo, catalogado como un bien municipal de propios, pasaba a la familia Ortiz.  Un siglo después, a partir de las dos primeras décadas del XX, en estos molinos harineros se desarrolló un funcionamiento industrial diversificado. Y junto a la sección de la molienda de granos se iniciaba la explotación de sus saltos de agua, para producir energía hidroeléctrica, para el consumo particular y alumbrado público de varias calles de Villanueva.

En el del Cubo, el más cercano al nacimiento del río, la empresa “San José”, teniendo por titularidad a Josefa Rodríguez Ramírez, madre de Rafael Romero, empezaba con dicha actividad de producción eléctrica con una potencia de unos 4.000 vatios. En años anteriores y posteriores a la II República española, el mencionado del Palo, situado un poco más abajo, estuvo arrendado a Antonio Pérez Vázquez, para abastecer al ayuntamiento y a particulares, con unos 2.000 watios, luego arrendado a “La Ciprianeta”. El tercero en el cauce del río, “El Traquejo-Cañamarejo”, finalmente con dos socios, Piqueras y Antonio de la Vega explotando una pequeña producción eléctrica de 1.500 watios, añadida la producción textil.

Molinos y otrosPropiedadProducc. Fan. trigoValor RvDerechoContenido, denominPeriodo Trabajo
CuboF.J. de Coca  B.701190Todo   RíoPiedra Catalinanov–abril. 4 días may-oct
PaloConcejo52884  idRodezno  id
TraquejoEncomienda52884  idRodezno  id
OsorioCapll. de Juan Romero52680  idRodezno  id
Batán Paños Ball550 Río   id
CurtiduríaAlfonso Coca 700 Río   id
3 hornosConcejoLibra x fan.750 arred.PoyaLas eras, el grande y la torreIndefinido
CalderaJ.M. Garcilópezaguardiente100orujos  id
CalderaJosefa de Ríosaguardiente100orujos  id

   Elaboración propia. Relación de molinos y otras industrias de Villanueva de la Fuente. Catastro del Marqués de la Ensenada de 1753

Sobre los nombres de estas industrias era normal, y a veces casi obligado, denominarlos con el topónimo o nombre de la institución propietaria o con el del particular que lo explotaba. En la tabla adjunta se detallan sus propietarios, la producción en fanegas de trigo, el rendimiento en reales de vellón, los derechos, la denominación y contenido y el tiempo de actividad durante el año. Aunque es preciso reconocer y comentar que los datos de producción y su valor, al proceder de un documento de carácter fiscal o catastral, en principio, pudieran no ajustarse a la producción real de la época. Para finalizar, es necesario reflejar que estos molinos, salvo el de Juan “El Batanero” y luego “De Iramala” en el río de Salobre, se encuentran casi desaparecidos y sólo podríamos apreciar, en cualquier caso, los restos murales de su fundación.

De la próxima publicación “Los últimos 800 años de Villanueva de la Fuente”

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