Joaquín G. Cuevas Holgado. Presidente del Club Triatlón Puertollano.- Hay medallas que se cuelgan al cuello de un deportista y hay medallas que, además, llevan consigo la historia de todo un club. La de José Antonio Ruiz Fernández pertenece a esta segunda categoría.
Este sábado, 22 de agosto de 2026, en Mérida, José Antonio ha conquistado la medalla de bronce en el Campeonato de España de Triatlón, dentro de la categoría paralímpica PTS5, defendiendo los colores del Club Triatlón Puertollano. Ha cruzado la meta en 1:28:29, después de completar 750 metros de natación, el sector ciclista y la carrera a pie, y lo ha hecho ocupando un lugar en el podio nacional.
Pero sería quedarse en la superficie contar solamente que José Antonio Ruiz es tercero de España.
Porque detrás de ese bronce hay mucho más.
Hay horas de entrenamiento. Hay sacrificios. Hay madrugones. Hay carreteras, piscinas y kilómetros. Hay compañeros. Hay entrenadores. Hay familias. Hay ilusión. Y, sobre todo, hay más de un cuarto de siglo de historia de un club que lleva formando triatletas, acompañando deportistas y construyendo una manera de entender este deporte desde Puertollano.
Un bronce que empieza mucho antes de la línea de meta
A las 8:37 de la mañana, Mérida acogía la final masculina PTS5 del Campeonato de España. Las condiciones invitaban al esfuerzo: 13 grados de temperatura ambiente, 26,8 grados en el agua y neopreno permitido.
José Antonio sabía que delante tenía una carrera exigente y que cada segundo contaba.
El triunfo fue para el murciano Gabriel Amado Garagarza, del Club Koryo Torre-Pacheco, con 1:19:22. La segunda posición correspondió a Eduardo Oliva Calderón, del Grupo Serman Triatlón Marbella, con 1:22:03.
Y el tercer puesto fue para el triatleta del Club Triatlón Puertollano.
1:28:29. Bronce de España.
Sus parciales reflejan una competición completa: 17:25 en natación, 38:06 sobre la bicicleta y 26:06 en la carrera a pie.
No fue una medalla heredada ni una casualidad. Fue una medalla construida disciplina tras disciplina, metro tras metro, pedalada tras pedalada y zancada tras zancada.
Y cuando José Antonio cruzó la meta, el nombre de Puertollano volvió a aparecer entre los mejores del triatlón español.
Cuando un club se convierte en una escuela de vida
Un resultado como este permite mirar mucho más allá del cronómetro.
Porque el Club Triatlón Puertollano no nació para fabricar únicamente resultados. Su verdadero legado se mide también en las personas que han pasado por sus entrenamientos, en los niños y jóvenes que descubrieron allí el deporte, en quienes aprendieron a competir y en quienes simplemente encontraron un lugar donde disfrutar del triatlón.
Más de 25 años dan para mucho.
Dan para varias generaciones de deportistas. Para épocas mejores y peores. Para bicicletas que han cambiado, materiales que han evolucionado y entrenamientos que se han transformado. Dan para cientos de kilómetros recorridos y para incontables mañanas de esfuerzo.
Y, sobre todo, dan para construir una identidad.
La historia del Triatlón Puertollano es la historia de quienes estuvieron cuando todo empezaba, de quienes tomaron el relevo después y de quienes hoy mantienen vivo aquel proyecto. De los primeros triatletas a los últimos en ponerse el mono del club. De quienes subieron a un podio a quienes cruzaron una meta mucho más atrás, pero descubrieron que también habían ganado.
Porque un club deportivo no se mide solamente por sus campeones.
Se mide por todos los que hacen posible que un campeón exista.
Del primero al último
En más de 25 años, muchas personas han vestido los colores del Club Triatlón Puertollano. Cada una ha dejado algo.
Unos aportaron sus primeras brazadas. Otros, las primeras pedaladas. Otros enseñaron que correr después de nadar y montar en bicicleta era posible. Hubo quienes abrieron caminos y quienes, años después, los recorrieron.
Y así se construye un club.
Generación tras generación.
El triatleta que llega hoy a la entidad quizá no conozca los nombres de todos aquellos que estuvieron antes. Pero entrena sobre una historia que ellos ayudaron a construir. Y cuando un deportista como José Antonio Ruiz se coloca una medalla de bronce en un Campeonato de España, esa historia vuelve a hacerse visible.
El podio de Mérida pertenece a José Antonio.
Pero también pertenece al club.
Pertenece a todos los que alguna vez entrenaron bajo su escudo. A quienes estuvieron en las salidas de las primeras competiciones. A quienes acompañaron en los viajes. A quienes esperaron en una transición. A quienes animaron desde una cuneta. A quienes enseñaron, ayudaron, organizaron y empujaron cuando las fuerzas ya escaseaban.
Y pertenece también a los que todavía están por llegar.
El valor añadido de un podio paralímpico
Hay, además, una dimensión especialmente significativa en el éxito de José Antonio.
El Campeonato de España de Mérida no solo reunió a la élite y a los grupos de edad. La cita incorporó también las categorías paralímpicas e inclusivas, demostrando que el triatlón puede y debe ser un deporte en el que cada persona encuentre su espacio.
En ese escenario, el bronce de José Antonio adquiere una dimensión especial.
Porque representa competitividad, sí. Pero representa también superación, integración y normalización del deporte paralímpico.
José Antonio no aparece en Mérida como una nota al margen de la competición. Aparece en el podio de un Campeonato de España. Con tiempos oficiales, con parciales, con rivales y con una medalla que acredita el resultado de su trabajo.
Y lo hace llevando el nombre de Puertollano.
1:28:29 que cuentan una historia
Quizá dentro de unos años alguien mire una clasificación y solo vea tres cifras:
1.º Gabriel Amado Garagarza — 1:19:22.
2.º Eduardo Oliva Calderón — 1:22:03.
3.º José Antonio Ruiz Fernández — 1:28:29.
Pero esas cifras no cuentan todo.
No dicen cuántos entrenamientos hay detrás de esos 88 minutos y 29 segundos.
No dicen cuántas veces hubo que empezar de nuevo.
No dicen los días buenos ni los malos.
No dicen las personas que acompañaron el camino.
Y tampoco dicen que, detrás del dorsal 4068 y del nombre de José Antonio Ruiz Fernández, estaba el escudo de un club de Puertollano con más de 25 años de historia.
Eso es lo que convierte este bronce en algo más grande.
Puertollano vuelve a tener un lugar en el podio nacional
El deporte de una ciudad también se construye así: con personas que un día deciden intentarlo y con clubes que permanecen cuando pasan las temporadas.
El Club Triatlón Puertollano lleva más de 25 años haciendo precisamente eso: mantener encendida la llama del triatlón.
Y hoy, en Mérida, esa llama ha brillado especialmente fuerte.
José Antonio Ruiz Fernández ha sido tercero de España en PTS5.
Ha nadado en 17:25.
Ha pedaleado durante 38:06.
Ha corrido en 26:06.
Ha parado el reloj en 1:28:29.
Y ha subido al tercer escalón del podio.
Pero detrás de él sube también una historia.
La de los primeros.
La de los que continuaron.
La de los que llegaron después.
La de todos los que, durante más de un cuarto de siglo, entendieron que el triatlón era mucho más que nadar, pedalear y correr.
Y por eso la medalla de José Antonio tiene un significado especial. Porque hoy, en Mérida, no solo ha ganado una medalla un triatleta de Puertollano.
Hoy, después de más de 25 años, el Club Triatlón Puertollano vuelve a demostrar que su historia sigue teniendo futuro.










