Hay noches en las que un pueblo deja de mirar al pasado para volver a vivirlo. Eso es
precisamente lo que ocurrió en San Carlos del Valle con la celebración de la II edición de
«La Luz del Valle», un espectáculo que volvió a llenar de vida, música, recuerdos y
emoción la Plaza Mayor de la localidad.
La gran afluencia de público obligó a realizar dos pases, congregando entre ambos a más
de 650 espectadores, además de numerosos vecinos llegados desde localidades cercanas.
Una respuesta que confirma que «La Luz del Valle» se ha convertido en mucho más que
una representación: es ya una cita cultural capaz de reunir a todo un pueblo alrededor de
sus raíces.
La singularidad de la propuesta comienza en el propio escenario. Los balcones de la Plaza
Mayor se convierten en protagonistas, mientras vecinos y visitantes asisten a un viaje por
la historia de San Carlos del Valle. Desde ellos, los actores y actrices van dando vida a
personajes, escenas y acontecimientos que forman parte de la memoria colectiva de la
localidad.
Detrás de esta iniciativa se encuentra el investigador local y profesor José Vicente
Rodríguez Bellón, autor de la obra, que ha dedicado un enorme esfuerzo a construir un
relato en el que historia y tradición caminan de la mano. Con minuciosidad y cariño, el
texto recorre los orígenes y la fundación del pueblo y recupera numerosas costumbres que
durante generaciones formaron parte de la vida cotidiana de sus habitantes.
Los peleles, las jotas, las fiestas del Cristo, los cantares y los bailes tradicionales aparecen
en una representación que también rescata escenas aparentemente sencillas, pero
fundamentales para comprender cómo era la vida en los pueblos manchegos: la matanza,
las labores del campo, las mujeres lavando, las reuniones para coser, los trabajos
cotidianos o las conversaciones que se producían alrededor de aquellas tareas que hoy
forman parte de la memoria de nuestros mayores.
La música tiene también un papel esencial. Los cantos y melodías tradicionales
acompañan una historia en la que la palabra se mezcla con el baile, los sonidos y la
representación. A ello se suman poemas de personas naturales de San Carlos del Valle,
escritoras y escritores que han dejado plasmada en sus versos parte de la identidad y el
sentir de su pueblo.
En esta aventura participan personas de todas las edades y procedencias: la carnicera del
pueblo, agricultores, maestros, jóvenes, fontaneros, niños, trabajadores de la residenciade ancianos, jubiladas, militares y muchos otros vecinos. Todos ellos, hijos y vecinos de
San Carlos del Valle, aportan aquello que pueden.
Uno coloca unas bombillas. Otro recupera una mesa antigua. Alguien prepara unas gachas
o productos típicos. Otro consigue un antiguo lebrillo. Una vecina aporta unas faldas.
Alguien presta un objeto que llevaba décadas guardado en casa. Y así, pieza a pieza, gesto
a gesto, se construye un escenario que termina convirtiéndose en la memoria de todo un
pueblo.
El compromiso llega hasta tal punto que algunos de los vecinos que trabajan como
autónomos llegan a reservarse varios días para participar en el montaje de la iluminación,
preparar la representación y, posteriormente, desmontar y recoger todo el escenario. Es
difícil encontrar una mejor definición de lo que significa hacer comunidad.
La «Luz del Valle» está organizada por la Cofradía de Jesús Nazareno de San Carlos del
Valle, en colaboración con el Ayuntamiento y con el apoyo de numerosas empresas y
establecimientos de la localidad. Una suma de voluntades que demuestra que cuando
asociaciones, instituciones, empresas y vecinos trabajan juntos, la cultura puede
convertirse en uno de los motores más poderosos de un pueblo.
Los propios actores y actrices terminaron la noche visiblemente satisfechos por la acogida
recibida. Y no es para menos. La respuesta del público confirma que existe un enorme
interés por conocer y conservar las historias que han construido la identidad de San Carlos
del Valle.
El espectáculo guardaba, además, una última sorpresa. Cuando todo parecía haber
terminado, la Plaza Mayor quedó completamente a oscuras. Entonces, los protagonistas
salieron a escena para sorprender al público con una coreografía de luces que simulaba el
movimiento de decenas de velas. En medio de la oscuridad, aquellas luces fueron
apareciendo y moviéndose al ritmo de la música, creando una imagen de enorme belleza
que terminó por emocionar a los asistentes.
Y es que San Carlos del Valle tiene mucho más que una de las plazas más singulares de
La Mancha y un impresionante conjunto arquitectónico. Tiene algo quizá todavía más
importante: una ciudadanía capaz de poner en marcha proyectos culturales propios, de
recuperar sus tradiciones y de compartirlas con quienes llegan de fuera.
La cabeza de este proyecto, el joven cristeño José Vicente Rodríguez Bellón, merece sin
duda el reconocimiento por el trabajo que está realizando por su pueblo. Pero «La Luz
del Valle» también demuestra que detrás de una idea hay un equipo enorme. Un equipo
formado por personas que aportan su tiempo, sus conocimientos, sus objetos, sus manos
y, sobre todo, su ilusión.
San Carlos del Valle volvió a encender su luz. Una luz que demuestra que cuando un
pueblo se une, su historia deja de estar escrita únicamente en los libros y vuelve a caminar
por sus calles. Quizá esa sea la verdadera grandeza de «La Luz del Valle»: que, durante
unas horas, San Carlos del Valle no solo recordó quién fue. Recordó quién es.










