David Broceño Caminero. Subdelegado del Gobierno de España en la provincia de Ciudad Real.- Hay lugares de España que uno conoce de paso. Y hay otros que, cuando los conoces de verdad, se quedan contigo. A mí me ocurre con Ceuta.
Durante mi etapa en el Ministerio de Educación y Formación Profesional tuve la responsabilidad de gestionar la FP de Ceuta y Melilla. Aquello me permitió conocer de cerca su realidad, trabajar con sus profesionales y comprender mejor su singularidad. También las dificultades añadidas que supone garantizar allí, cada día, los mismos servicios públicos, oportunidades y derechos que en cualquier otro lugar de nuestro país.
Por eso me preocupa especialmente lo que está ocurriendo.
Me preocupa la presión que soporta la ciudad. Me preocupa la inquietud de muchos ceutíes. Me preocupa la enorme responsabilidad que están asumiendo nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Y me preocupa ver a seres humanos en situaciones de extrema vulnerabilidad mientras alrededor de una situación tan compleja aparecen discursos que alimentan el miedo, la confrontación y, en algunos casos, el odio.
Lo ocurrido los días 30 y 31 de julio fue extraordinariamente grave. La declaración de situación de interés para la Seguridad Nacional reconoce una presión inédita sobre el control fronterizo, la identificación, la asistencia, la acogida, los servicios públicos y la seguridad ciudadana. Por eso el Estado ha reforzado sus medios y la coordinación para responder a una situación excepcional.
Y habrá que analizarlo todo. Qué funcionó, qué pudo hacerse mejor y qué debemos aprender. Quienes tenemos responsabilidades públicas tenemos también la obligación de explicar nuestras decisiones, asumir lo que nos corresponde y mejorar aquello que sea necesario.
Pero una cosa es exigir explicaciones y otra muy distinta aprovechar una situación así para presentar a España como un país desbordado, ausente o incapaz de defenderse.
Estos días hemos escuchado hablar de abandono y de “invasión”. Hemos visto cómo una situación extraordinariamente compleja se convertía rápidamente en otro campo de batalla política. El PP ha cuestionado con enorme dureza la respuesta del Gobierno. Vox ha ido mucho más allá, recurriendo al concepto de “invasión” y reclamando incluso la militarización de la frontera.
Creo que España necesita más altura de miras. Porque la españolidad de Ceuta no necesita que nadie la certifique.
Lo que ocurre en Ceuta nos ocurre como país.
Sus dificultades son nuestras dificultades. Su seguridad es nuestra seguridad. Sus fronteras son nuestras fronteras. Y la tranquilidad de los ceutíes debe preocuparnos exactamente igual que la de cualquier ciudadano en cualquier otro lugar de España.
Por eso defender Ceuta significa proteger a sus vecinos, nuestra soberanía y nuestras fronteras; respaldar a quienes garantizan la seguridad; aplicar la ley y atender con humanidad a quien se encuentra en una situación desesperada. Todo a la vez.
España puede ser firme sin dejar de ser humana. Puede controlar sus fronteras sin renunciar al Derecho. Puede actuar contra quien delinque y proteger a quien tiene derecho a protección. Puede defender su territorio sin convertir el origen de una persona en una sospecha. No veo ninguna contradicción en ello. Al contrario. Esa capacidad para combinar seguridad, legalidad y humanidad demuestra la fortaleza de un Estado democrático.
Desde el Gobierno estamos reforzando los dispositivos de identificación, las capacidades policiales y los mecanismos de protección internacional. La declaración de interés para la Seguridad Nacional permite además reforzar la coordinación de los recursos públicos ante una situación excepcional. Y resulta imprescindible mantener la cooperación con Marruecos y con nuestros socios europeos.
Porque estamos hablando también de una frontera exterior de la Unión Europea. Lo que allí ocurre exige coordinación entre administraciones, cooperación internacional, medios suficientes y decisiones responsables.
Y existe además una línea que ninguno deberíamos permitir que se cruce: la violencia.
Quemar asentamientos, amenazar a quienes prestan ayuda, impedir que voluntarios entreguen alimentos o señalar colectivamente a personas por su procedencia no defiende España. La empequeñece.
Del mismo modo, quien cometa un delito debe responder ante la ley, sea quien sea y venga de donde venga. Sin excusas. Sin excepciones. Eso también es igualdad.
Y quizá por eso estos días convenga hacerse una pregunta que va mucho más allá de Ceuta: ¿qué significa realmente defender España?
Para mí significa proteger nuestra soberanía y nuestras fronteras. Respaldar a la Policía Nacional, a la Guardia Civil y a quienes trabajan para garantizar nuestra seguridad. Defender nuestras instituciones y exigir que estén a la altura. Aplicar la ley y asumir nuestras responsabilidades.
Pero defender España también significa defender nuestra Constitución, nuestros derechos, nuestra convivencia y la dignidad humana.
No pienso regalarle a nadie la palabra España.
Ni aceptar que quiera más a este país quien más alto lo proclama. Ni que el patriotismo pueda medirse por la dureza de una frase o por la capacidad de señalar a quien es diferente.
España se demuestra cuando llegan los momentos difíciles. Y este es uno de ellos.
Por eso creo que PP y Vox se equivocan cuando utilizan Ceuta para profundizar en la división. Nosotros tenemos la obligación de explicar lo que hacemos, responder por nuestras decisiones y corregir lo que sea necesario. Esa responsabilidad va incluida en gobernar.
Pero la oposición también tiene una responsabilidad con España. Fiscalizar al Gobierno, por supuesto. Exigir respuestas, también. Pero contribuir a serenarnos cuando la situación lo requiere y no alimentar una tensión que ya es suficientemente grave.
Se puede discrepar. Se puede criticar. Se puede exigir. Pero hay momentos en los que, incluso desde la discrepancia, un país tiene que saber encontrarse.
España ha superado situaciones enormemente difíciles cuando instituciones, administraciones, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, servicios públicos y ciudadanía han trabajado en la misma dirección.
Conozco Ceuta. Conozco parte de sus dificultades y, sobre todo, conozco la capacidad de su gente. Por eso creo que ahora necesitamos menos ruido y más país: Seguridad, recursos, coordinación, cooperación, humanidad. Aislar a quienes buscan la violencia. Proteger a quienes sienten miedo. Aplicar la ley. Y conseguir que la política esté a la altura de la sociedad a la que representa.
Porque defender Ceuta es defender a sus ciudadanos, nuestra soberanía y nuestras fronteras. Pero es también defender la democracia y los valores que hemos construido juntos.
Eso también es ser profundamente español. Y precisamente ahora tenemos la oportunidad de demostrarlo.
No enfrentándonos entre nosotros.
Estando juntos.









