El destino de la familia Molina Villa se decidió entre menestras y langostinos, durante un banquete de boda en el Almendralejo de los 70, cuando Gabriel Molina preguntó a otro invitado de Puertollano cuántos protésicos dentales había en su ciudad. La respuesta fue que ninguno para un «pueblo» de casi 60.000 vecinos, y Gabriel, veinteañero de chascarrillo rápido, gran conversador y de natural echao palante, ya no pudo quitarse la idea en toda noche. Mientras los novios partían la tarta con el espadón él dibujaba el futuro en las manchas de su servilleta, y no lo pensó dos veces: el fin de semana siguiente ya había alquilado tres habitaciones en Puertollano para instalar su primer laboratorio de protésico dental. Corría el año 1973 y Gabriel, su mujer Leandra Villa y su hija Gaby, de apenas seis meses, se trasladaron a la ciudad que acabaría acogiéndolos para siempre.









El resto es la historia de un negocio familiar forjado con sangre de tres generaciones. Clínica Molina ha abierto esta semana su nueva consulta en Argamasilla de Calatrava (calle Mayor, 2A) como colofón del trabajo de una saga extraordinaria en España: Abuelo, padre, madre, tíos y tías, todos dedicados a las prótesis desde que el abuelo Rogelio Molina aprendiera el oficio en Francia a mediados del siglo pasado, antes de instalarse en Extremadura. Allí nació Gabriel, un niño muy despierto que aprendió el oficio junto a su padre desde que cumpliera los ocho años de edad.
El mago de las sonrisas
Tras el «soplo» que recibió en la boda, el joven Gabriel se instala en el fabuloso Puertollano de los 70, cuando el municipio salía en los libros de texto como uno de los enclaves industriales más importantes de España. Eran otros tiempos, quizá más sencillos peor también más heroicos. La fabricación de prótesis no requería de estudios reglados, era un oficio transmitido de padres a hijos y Gabriel se presentaba con el halo mágico de un comerciante de objetos formidables. Porque era ante todo un «comerciante», un emprendedor de la vieja escuela, un señor, un caballero que se metía en el bolsillo a la clientela con franqueza y simpatía, y claro, el negocio familiar fue creciendo. Primero en la Plaza del Doctor Fleming, después en la calle Goya. Fue durante muchos años «el protésico de la calle Goya», primero trabajando para dentistas y después por cuenta propia, cuando las reformas legislativas de 1986 permitieron a Gabriel convalidar toda su experiencia y obtener titulación oficial, igual que su esposa Leandra, también protésica de profesión.





Gaby, técnica protésica dental de máximo grado, recuerda la figura de su padre, fallecido este año, con amor, admiración y gratitud. «Era un luchador y un ganador, marido y abuelo excelente, y muy querido por sus muchos amigos», señala emocionada. Era un coloso del trabajo, recuerdan también sus hijos Jesús y Juanma, odontólogo y protésico respectivamente. Gabriel y Leandra «no tenían ni un duro cuando llegaron a Puertollano”, recuerdan, pero iban sobrados de inteligencia, capacidad de trabajo y adoración por su familia. Gabriel era capaz de encadenar jornadas de quince horas junto a su esposa para sacar adelante a sus cuatro hijos, sacrificando su otra gran pasión, el tenis, disciplina en la que destacó como un gran campeón.
Llega la chavalería: del instituto al laboratorio
Otro gran giro en la historia familiar llegaría con la chavalería: Gaby, Jesús, Juanma y Lidia. Lidia es una gran optometrista y regenta dos magníficos establecimientos de óptica en la calle Goya de Puertollano y en la calle Mayor de Argamasilla de Calatrava. Pero Gaby, Jesús y Juanma crecieron literalmente entre la clínica dental y el instituto. Aún adolescentes, compaginaban las clases por la mañana con el trabajo en el laboratorio familiar por las tardes. Aquel aprendizaje, entre las carpetas del BUP forradas de pegatinas ochenteras y el desfile infinito de sonrisas de cerámica, fue tan intenso que, según recuerdan entre bromas, cuando llegaron a la Universidad ya sabían más que sus profes.
La vida seguía y en 1994 el laboratorio familiar se trasladó a la Avenida Primero de Mayo, junto al edificio del Gran Teatro. Allí, los tres hermanos abrieron su primera clínica dental con el cambio de milenio. En 2002 llegó la apertura en Calzada de Calatrava, y ahora, casi un cuarto de siglo después, se suma una tercera sede en Argamasilla de Calatrava.
El nexo en común de todas las clínicas es su naturaleza de negocio familiar, conservador en lo empresarial, innovador en lo técnico, honesto con las personas, y disciplinado en el trabajo en equipo porque la familia reúne distintas competencias profesionales. Ellos mismos explican con humor esa alineación: «Uno saca las piezas y otros las metemos», dicen entre risas.
La aldea de Astérix
En un sector marcado por la irrupción de franquicias, los hermanos Molina resisten «como la aldea de Astérix», bromea Juanma. Reivindican el factor humano, el comercio de barrio, la clínica de siempre, la confianza de un cliente atendido durante décadas. «Nos encargamos de cada tratamiento, de principio a fin, y son también somos nosotros quienes respondemos si años después surge cualquier problema», añade Jesús, el dentista. Frente a franquicias que, denuncian, cambian de nombre y de plantilla con frecuencia dejando a los pacientes con dos palmos de narices, la familia presume de compromiso: la confianza de generaciones enteras.






Esa cercanía convive con una apuesta por la tecnología más avanzada: la clínica trabaja con sistemas CAD-CAM y centros de fresado propios para el diseño y fabricación digital de prótesis fijas, y lleva más de una década realizando implantes guiados sin necesidad de cirugía abierta, una técnica que muchas franquicias anuncian ahora como una novedad. Su filosofía, explican, pasa por tratar a cada persona “como si viniera a su casa” y recomendar aquello que consideran necesario, aunque en ocasiones eso signifique derivar al paciente a otro especialista. Para ellos, saber cuándo hacer un tratamiento o cuándo decir al paciente que acuda a otro profesional forma parte de la responsabilidad sanitaria.
La historia continúa en Argamasilla
La nueva clínica de Argamasilla de Calatrava ofrece odontología general, implantología, ortodoncia, prótesis y cirugía para pacientes de todas las edades, incluidos los más pequeños. Jesús dirigirá el nuevo centro, porque su intención es mantener el modelo familiar y la relación directa con unos pacientes que, tras años de trato, ya no se fían de nadie más. Leandra, Gaby, Lidia, Juanma y Jesús agradecen ese legado mientras comparten el brindis de bienvenida con la emoción cosquilleando en los ojos como lágrimas de champán: «Va por ti, Gabriel».









