Y serán los hombres y las mujeres del mañana

Eduardo Muñoz Martínez.- Hace apenas unas horas (son las 15:30 horas del día 15 de septiembre), he estado escuchando un test de Cultura General realizado a un grupo de jóvenes de ambos sexos que, si nada ni nadie lo remedia, serán los hombres y mujeres del mañana que ya comienza a vislumbrarse. Las preguntas, algunas como para estudiantes de Enseñanza Primaria, eran las siguientes: ¿Cuándo se votó la actual Constitución Española? ¿Las respuestas? Unos, cuando murió Franco; otros, en 1994; otros, en 1812. ¿Cuál es la capital de Castilla-La Mancha? Todos responden con seguridad que León. ¿Quién pintó La Gioconda? Hay quien asegura que Goya no, porque Goya no pintaba; otros dicen que Leonardo DiCaprio. ¿Quién es el líder actual de la Oposición? Responden que Pedro Sánchez o el Rey. ¿Cómo se llama el Rey? Coinciden en que Fernando VI. Y lo peor no es que no lo sepan; lo más grave es que se ufanan de su incultura, de su analfabetismo y, además, lo peor de todo, como decía al comienzo, son los hombres y mujeres del mañana al que, gracias a Dios, por edad pienso no llegar, aunque compadezco a quienes caigan en sus manos.

Aunque afortunadamente podemos hablar de excepciones, tales como Rodrigo, Lucía, Frank, Cristina, Marta, Irene, David, Ángel, Blas… que ahora me vienen a la memoria, y en la confianza de que ustedes tengan muchos nombres que añadir a la lista, por desgracia, los principales objetivos de una buena parte de nuestros jóvenes —y de nuevo pienso en los resultados del famoso test— son el «botellón», la fiesta —aunque no sepan lo que celebran—; acostarse con la novia o con la amiga de turno cuantas más veces, mejor; invertir el dinero que a veces ganan con el sacrificio de muchísimas horas de trabajo en unas zapatillas que pueden llegar a costar varios centenares y hasta miles de euros; adquirir camisetas hasta al precio de 1000 euros; tener —este año está de moda— la camiseta de la selección española de fútbol —los que aquí residen—, aunque en cualquier momento no duden en quemar su bandera, que obviamente no sienten… y tantas y tantas barbaridades como ustedes, posibles lectores, puedan imaginar. Y, vuelvo a insistir en el dato, son los hombres y las mujeres de un mañana que acecha a «la vuelta de la esquina».

Me preocupa extremadamente, créanme, que en este siglo XXI, que ya avanza hacia completar el segundo cuarto, lamentablemente haya jóvenes —chicos y chicas— que pregunten qué les has mandado por WhatsApp si les envías un artículo periodístico; que no encuentren un momento para, poco a poco, ir leyendo un libro aunque se lo regalen; que no les preocupen las tradiciones de donde residen, sin pensar que la tradición es historia… y les dé risa sufrir estas «lacras».

Me preocupan, se lo digo de verdad, los más pequeños y las más pequeñas de nuestra sociedad, porque el día de mañana, obligatoriamente, tendrán que estar en sus manos, y con semejantes «mimbres» dudo yo mucho que se puedan fabricar «buenos cestos». Pidamos a Dios que todo cambie, porque mejor nos irá, sin duda alguna.

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