Javier María Díaz Vellón.- Hace pocos días, una amiga sufrió una caída mientras caminaba por una calle de Ciudad Real. El mal estado del pavimento provocó que perdiera el equilibrio y terminara con un brazo fracturado. Lo que podría parecer un accidente casual refleja, en realidad, un problema que muchos vecinos encontramos diariamente en nuestras calles.

Baldosas sueltas, desniveles, agujeros, tapas deterioradas y reparaciones provisionales convierten algunas aceras en auténticas carreras de obstáculos. Basta observar cómo caminan las personas mayores, quienes empujan un carrito de bebé o quienes tienen alguna dificultad de movilidad. En lugar de disfrutar de la ciudad, deben avanzar mirando permanentemente al suelo para evitar una caída.
No hablamos solamente de una cuestión estética. El mantenimiento del pavimento afecta directamente a la seguridad de los ciudadanos. Una baldosa rota puede ocasionar una fractura, semanas de recuperación, una baja laboral y numerosos problemas personales. Lo que para la Administración puede ser una incidencia menor, para la persona que la sufre puede cambiar su vida durante meses.
Lo difícil de comprender es que una ciudad con recursos municipales, una importante plantilla de trabajadores y empresas subcontratadas no sea capaz de detectar y reparar con rapidez estos desperfectos. El Ayuntamiento dispone de personal, medios técnicos y mecanismos para recibir avisos de los vecinos. Sin embargo, algunas deficiencias permanecen durante semanas o meses sin una solución definitiva.
Mientras tanto, conocemos anuncios de grandes proyectos, transformaciones urbanas y adquisición de nuevos espacios destinados a la gestión municipal. Todas esas iniciativas podrán ser necesarias, pero ninguna debería servir para olvidar las obligaciones más elementales. Antes de pensar en las grandes obras, quizá convendría garantizar que las calles que utilizamos cada día sean transitables y seguras.
Los ciudadanos no siempre reclamamos actuaciones millonarias. Muchas veces pedimos algo tan sencillo como que una baldosa suelta sea reparada antes de provocar una caída, que un desnivel sea corregido o que una acera deteriorada reciba el mantenimiento adecuado. Son actuaciones pequeñas, pero tienen un efecto inmediato en la vida diaria de muchas personas.
También resulta necesario mejorar la inspección de las calles. No debería recaer exclusivamente sobre los vecinos la responsabilidad de avisar de cada desperfecto. El Ayuntamiento debe contar con un sistema permanente de revisión, establecer prioridades según el riesgo y comprobar que las empresas responsables realizan correctamente los trabajos encargados.
Ciudad Real merece proyectos de futuro, pero también necesita atención en el presente. Una ciudad bien cuidada no es únicamente la que inaugura grandes instalaciones, sino aquella que resuelve con eficacia los problemas cotidianos y protege a quienes caminan por sus calles.
La calidad de la gestión municipal no siempre se mide por el tamaño de una obra ni por los millones anunciados. En ocasiones, se demuestra en algo aparentemente tan pequeño como reparar a tiempo una simple baldosa.







Totalmente de acuerdo contigo!!!
Muchas gracias por tu artículo, estamos totalmente de acuerdo con lo que dices, se debería tener en cuenta tus palabras ya que es una realidad en las calles.
Es totalmente cierto,la calidad del acerado en muchísimas zonas de la ciudad es muy lamentable, y es además peligroso. El otro día vi a un señor en silla de ruedas sorteando baches y agujeros en la ronda calatrava y me dió vergüenza ciudad real
Artículo muy acertado y necesario