Un sevillano singular: I.- Vida pública

“Uno tiene tres vidas, la vida pública, la vida privada y la vida secreta. Vida pública es la que se muestra al mundo, la expuesta ante la sociedad, los medios o el entorno profesional”
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
(Premio Nobel de Literatura colombiano)

Hace algunos meses publiqué en el diario Lanza un artículo en el que se hacía referencia a un personaje poco conocido que, entre finales de los años cuarenta y finales de los cincuenta, vivió y trabajó en El Toboso y en Ciudad Real capital, donde ejerció sucesivamente como maestro nacional.

El artículo en cuestión se titulaba «Encantamiento» (este es el enlace) y en él se hablaba del sevillano José Luis Comas Acosta, principalmente por su condición de pintor y escultor, disciplinas para las que estaba especialmente dotado, pero también como poeta y escritor.

En los últimos meses he tenido acceso a nueva información y a diversa documentación que me ha permitido conocer un poco más a este peculiar sevillano: las referencias de la prensa en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España; diversos documentos de archivos digitalizados del Estado, del Archivo Municipal de Ciudad Real o de archivos de la Comunidad Autónoma de Andalucía; y, de manera especial, a través de la correspondencia personal que Comas Acosta mantuvo durante diez años con el maestro y alcalde de El Toboso, don Enrique Gómez Yébenes, que nos ha cedido su hijo.

Con la idea de saber un poco más de la vida de este sevillano, se van a publicar tres entregas que, como diría Gabriel García Márquez, se corresponden con las tres vidas que, según el premio Nobel colombiano, tenemos los humanos: la pública, la privada y la secreta. Comenzamos en esta entrega con la vida pública.

José Luis Comas Acosta fue un personaje polifacético que estudió Magisterio en su ciudad natal. Y, según parece, también estudió en la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla, por lo que fue considerado como un pintor destacado de la llamada escuela sevillana del periodo de posguerra.

De su estancia en El Toboso entre finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, además de su actividad docente, conocemos su autoría y donación a las escuelas toboseñas del fresco «El encantamiento de Dulcinea» y de un busto de Cervantes. Estas obras se inauguraron el día 12 de octubre de 1953, acto al que asistió su autor junto al alcalde don Enrique Gómez Yébenes, aunque él se había trasladado y ya estaba destinado enCiudad Real, si bien viajaba casi todas las semanas a Madrid.

En Ciudad Real, además de ejercer como maestro, continuó con su labor artística y literaria e hizo varias exposiciones de sus óleos y acuarelas en el Casino de la capital. Con motivo de las fiestas del VII Centenario de la ciudad, donó dos cuadros murales: «La aventura de los molinos» y «La aventura de los dos ejércitos», además de un óleo ecuestre de Alfonso X el Sabio para un nuevo colegio. Por ello recibió el reconocimiento del alcalde y un pergamino por su generosa contribución en pro de la cultura local.

Continuando con su actividad docente, se trasladó a Madrid, donde residiría definitivamente, y allí también se prodigarían sus actos culturales y exposiciones, lo que no le impediría viajar para exponer en distintos lugares de España, como Sevilla y Cádiz. Aunque él decidió dar un salto al ámbito internacional; primero lo hizo a varios países europeos y después a América, donde se expondrían sus obras, entre otras ciudades, en Bogotá, Lima, Río de Janeiro, México, Nueva York y Buenos Aires.

Poseía numerosas condecoraciones de distintos países europeos y americanos. Asimismo fue pensionado por el Ministerio de Educación Nacional para ampliar sus estudios artísticos, residiendo en París y Ginebra, entre otras ciudades europeas. En 1955 fue nombrado académico correspondiente de Ciudad Real en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Para ello, se tuvieron en cuenta sus méritos como pintor, poeta y recitador, además de su condición de conferenciante y columnista en diversos medios de comunicación, como el diario Lanza de Ciudad Real.

Participó en numerosas organizaciones culturales y artísticas tanto de América como de Europa, pero especialmente en España; presidió la Columbus Internacional española, que realizaba numerosas actividades para promocionar la figura de Cristóbal Colón; y, entre otras, fue un miembro destacado de la Asociación de Amigos de la Capa, a cuyas reuniones asistía asiduamente.

En los folletos de sus exposiciones pictóricas aparecía una reseña en la que decía: «miembro de honor de la Junta Cervantina de El Toboso», un reconocimiento que él llevaba con orgullo, además de hacer numerosas referencias a este pueblo; así, en su poema «Por la ruta del Quijote», aparece una estrofa que dice:

«Yo hablé con los labriegos amables del Toboso,
y ellos de ti [donQuijote] comentan, cual de un héroe famoso
que pisó en estas calles, en donde el sol flamea
a una casa que llaman mansión de Dulcinea».

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