El Colegio María Inmaculada de Puertollano celebra la festividad de San Vicente de Paúl reafirmando su compromiso con el servicio y la comunidad

El Colegio María Inmaculada de Puertollano, perteneciente a la Fundación Educación y Evangelio (FEyE), ha celebrado este 25 de septiembre una de las citas más significativas de su calendario anual: la festividad de San Vicente de Paúl y el inicio oficial del curso escolar. Un doble motivo de alegría que ha congregado a toda la comunidad educativa —alumnos, profesores, familias, AMPA y familia vicenciana— en torno a la fe, la fraternidad y el servicio a los demás.

Fieles al propósito de la FEyE de «animar comunidades movidas por el Evangelio» y bajo el lema del curso «SOY… SERVICIO», la jornada arrancó desde primeras horas de la mañana combinando la vida espiritual con actividades de convivencia interetapas.

Los más pequeños de Educación Infantil y los primeros cursos de Primaria (1.º y 2.º) vivieron momentos de oración cercana en la capilla del colegio con la Celebración de la Palabra, compartida mano a mano con sus familias. Por su parte, los estudiantes de 3.º a 6.º de Primaria y la etapa de Secundaria acudieron a la Parroquia de la Asunción para participar en la Eucaristía comunitaria. Un momento especialmente emotivo tuvo lugar tras la misa, cuando el alumnado de 4.º de ESO realizó el traslado del Santísimo hasta la capilla del centro escolar.

Tradición solidaria y protagonismo del alumnado

Uno de los hitos más arraigados en la comunidad educativa es la tradición del Pan-Paúl. Gracias al patrocinio y la organización conjunta de la AMPA y el colegio, se realizó el tradicional reparto por las aulas, recordando el legado vicenciano de compartir con alegría y solidaridad.

El broche final a esta mañana festiva lo puso la gran Gymkhana de convivencia a las 12:00 horas, organizada y liderada íntegramente por los estudiantes de 4.º de ESO para el resto de sus compañeros. Con esta iniciativa, el centro visibiliza su modelo pedagógico de participación corresponsable, en el que los propios alumnos descubren el valor de poner sus talentos al servicio de los demás.

Desde la dirección del centro y la Fundación Educación y Evangelio se destaca que la educación es un acto de acogida y acompañamiento desde el corazón, donde el rigor académico camina de la mano de la calidez humana.

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