Cada 1 de octubre, el calendario nos recuerda una realidad que debería estar presente todos los días del año: las personas mayores son una parte esencial de nuestra sociedad. El Día Internacional de las Personas de Edad no debe ser únicamente una fecha para felicitar o para dedicar unas palabras de reconocimiento. Debe ser una oportunidad para detenernos, escuchar y valorar todo aquello que las generaciones mayores han aportado y continúan aportando.
Hablar de nuestros mayores es hablar de experiencia, de esfuerzo, de sacrificios, de familias construidas con trabajo y de pueblos y ciudades que han crecido gracias a su dedicación. Pero también es hablar de presente. Porque cumplir años no significa dejar de participar, de decidir, de aprender, de ayudar o de aportar.
Durante años, He situado en el debate público cuestiones relacionadas con el envejecimiento activo, la dignidad de las personas mayores, la soledad, los cuidados y su participación en la sociedad. Durante mi actividad parlamentaria defendí iniciativas relacionadas con la mejora de la imagen de las personas mayores y con la necesidad de garantizar su autonomía y su calidad de vida.
Y quizá ahí se encuentre una de las claves de este día: no debemos mirar a las personas mayores únicamente desde sus necesidades, sino también desde todo lo que pueden seguir ofreciendo.
Una sociedad que envejece tiene ante sí importantes retos. Necesitamos buenos servicios de atención y dependencia, apoyo a las familias cuidadoras, viviendas y ciudades accesibles, una sanidad que tenga en cuenta las necesidades derivadas del envejecimiento y, sobre todo, combatir una de las grandes amenazas de nuestro tiempo: la soledad no deseada.
Pero también necesitamos algo que no siempre aparece en las estadísticas: respeto.
El 1 de octubre debería servirnos también para romper estereotipos. La edad no puede convertirse en una etiqueta que limite las capacidades de una persona. Cada vida tiene su historia, sus circunstancias y sus aspiraciones. No existe una única manera de envejecer.
Nuestros mayores no son solamente memoria del pasado. Son también parte del presente y protagonistas del futuro.
Por eso, en este día, quiero dedicar unas palabras de especial reconocimiento a todas las personas mayores: gracias.
Gracias por vuestro esfuerzo. Gracias por vuestra paciencia. Gracias por las familias que habéis levantado, por los valores que habéis transmitido y por las dificultades que habéis superado. Gracias también por seguir enseñándonos que una sociedad se construye pensando en todas las generaciones.
Que este 1 de octubre no sea solamente un día de celebración. Que sea un compromiso: el de construir una sociedad en la que cumplir años nunca signifique perder derechos, oportunidades, autonomía ni dignidad.
Porque una sociedad que cuida, escucha y respeta a sus mayores es, en definitiva, una sociedad que se respeta a sí misma.
Carmen Quintanilla Barba
Presidenta Nacional de AFAMMER
Parlamentaria Permanente y de Honor de la Asamblea Parlamentaria del
Consejo de Europa





