El día que Almodóvar del Campo se quedó sin bares: Canción triste del turista hambriento

20.30 horas del miércoles, 30 de septiembre de 2026. Un grupo de visitantes franceses, tras recorrer cientos de kilómetros en carretera, salen de un hotel rural de Almodóvar del Campo con ganas de cenar y disfrutar de la gastronomía local. Sin embargo, se encuentran con una estampa desoladora e inusual en España: persianas echadas, terrazas recogidas y ni un solo bar o restaurante abierto en todo el casco urbano.

“¿Qué tienen que hacer ahora? ¿Coger de nuevo los coches e irse a Puertollano?”, se lamenta en su cuenta de Facebook Conchi Sánchez Tello, gerente del hotel rural. El caso es que parece que no se trata de un incidente aislado, ya que ha abierto en las redes sociales un debate sobre la gestión de los servicios, el despoblamiento, los costes del sector hostelero y el tipo de turismo que aspira a atraer la España rural.

El panorama de la hostelería durante las recientes fiestas de Almodóvar del Campo tampoco resultaba muy acogedor para el visitante ocasional. En el mediodía del sábado de la semana grande almodovareña, la mayoría de los establecimientos del centro dejaron de servir al visitante en las barras, ni siquiera una cerveza, y redujeron todo el servicio a los clientes con reserva para comer. Ahora, con el regreso a la normalidad, el panorama de la hostelería ha basculado al polo opuesto, porque los dueños de los establecimientos han decidido irse de vacaciones tras los días festivos o cerrar tardes y noches por la baja rentabilidad del negocio a esas horas.

Latas en los bancos del parque

La respuesta de los vecinos en las redes sociales refleja malestar. Fátima L. S., vecina de la localidad, relata su experiencia: “Salí con una amiga que venía de fuera y tuvimos que comprarnos un bote e irnos a un banco del jardín. Como cuando los adolescentes hacen botellón. En un montón de bancos había gente sentada con bebidas de los chinos porque no quedaba otra”.

Para muchos almodovareños, el cierre involuntariamente simultáneo de la hostelería en días laborales supone un duro golpe a la proyección del municipio. “Si la gente de fuera que viene tiene todo cerrado, no creo que repitan”, lamenta Arévalo García Rodrigo, quien rechaza que el fenómeno se deba únicamente al tamaño de la población: “Esto no se trata de pueblos pequeños; en Argamasilla de Calatrava están abiertos y en Tirteafuera cierran un día entre semana. Esto de los pueblos pequeños da risa”.

Otros residentes, como José Vicente Lara García-Minguillán, apuntaban directamente a la pérdida de vida en el corazón del pueblo: “¡Qué pena da ver nuestra icónica y preciosa plaza sin actividad de ningún tipo!”, afirma, proponiendo recuperar espacios emblemáticos como el histórico Casino como centro de ocio y hostelería mediante colaboración municipal.

La resaca festiva y los números de la hostelería

La coincidencia temporal de los cierres responde en parte al calendario local: tras el intenso esfuerzo de las recientes fiestas patronales, varios establecimientos concentran en estas semanas sus días de descanso.

Así lo explica Carmen Santos, recordando la variada oferta habitual del pueblo (locales como La Mina, La Parada, El Mercado, La Merina, La Première, El Mesón o La Era): “Es mucha casualidad. Lo que ha pasado es que coincide con las semanas después de fiestas, donde los locales cierran para descansar o hacer las limpiezas oportunas. Aun así, además de la imagen que damos como pueblo, es un trastorno para los visitantes”.

Por otro lado, se sitúa la inviabilidad económica de mantener abiertos los negocios entre semana. Juan Carlos, otro de los vecinos, pone el foco en los costes fijos que asumen los profesionales de la hostelería: “Tenemos los mismos impuestos, los mismos costes y peores servicios que en las ciudades. Entre semana desgraciadamente hay pocos clientes y eso se refleja en recortes de horarios. Lo que no es de recibo es pedir que los restaurantes den comidas a deshoras; por favor, un respeto para los trabajadores”.

Bares «de guardia»

La solución que proponen algunos pasa por la autorregulación y el diálogo. Vecinos como Jerónimo Naranjo sugieren la creación de turnos de guardia o cuadrantes de apertura para garantizar que, independientemente del día de la semana, siempre exista al menos una alternativa abierta para residentes y visitantes.

“Falta consenso, comunicación y debate, respetando siempre que cada negocio cierre o abra cuando considere oportuno”, señalaba Naranjo, aludiendo a la necesidad de coordinar los servicios para evitar que Almodóvar del Campo termine convirtiéndose, como temen sus vecinos, en un mero “sitio de paso”.

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4 COMENTARIOS

  1. Soy de Almodóvar, y siempre que leo algo de mi pueblo es algo relacionado con toros o santos. Obviamente, la tradición y la historia no se pueden esconder; es lógico tratar estos temas. Pero no dan de comer. La caída de población de mi pueblo pasó ya de preocupante a terrorífica; andar por calles desoladas no anima a establecerse. Que el negocio de un pueblo sea sobrevivir es causa de muerte segura. Obviamente, el actual alcalde es responsable; no ha hecho nada por el pueblo, salvo potenciar el carácter monolítico de toros y curas. Las empresas no se van, se fueron, y las bondades de un pueblo rico en historia, territorio y posibilidades no se potencian. Pero sería injusto no decir que la mayor parte de la situación es consecuencia de los propios habitantes, entre los que me encuentro. Esperar soluciones de arriba, no establecer iniciativas y no ayudar a esas iniciativas cuando suceden es característica de nuestro pueblo. Aquí los nuevos negocios se topan con el primer obstáculo, que no es otro que la desconfianza de los vecinos y el desapego por nuestros paisanos. Es una opinión.

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