Un sevillano singular: y III.- Vida secreta

“Uno tiene tres vidas, la pública, la privada y la secreta. Vida secreta es el espacio íntimo que se guarda solo para uno mismo, es la verdadera fuente de inspiración para la literatura”
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
(Premio Nobel de Literatura)

José Luis Comas Acosta fue un personaje del que se ha mostrado una imagen pública polifacética; unas relaciones personales intensas y numerosas en los distintos campos y en los destinos en los que él trabajó; que acreditaba una actividad frenética en todo a lo que se dedicaba y que poseía una personalidad más que atractiva. Aunque llamaba la atención que alguien que añoraba tanto su tierra no volviera para residir en su ciudad natal.

Se podía pensar que habría alguna circunstancia que condicionaba su regreso definitivo a Sevilla. Aunque no se sabía si esa decisión tenía que ver con alguna íntima creencia personal o con algún impedimento más poderoso que limitara, cuando no impidiera, su retorno. En cualquier caso, este enigma no lo resolvía la documentación que se había manejado, lo que obligaba a dar un paso más: rastrear la causa en otras fuentes menos habituales.

Estando en estas tuve una idea: buscar en otro tipo de archivos en los que poder encontrar un pasado supuestamente secreto que a él le resultara incómodo y que, por algún motivo, quiso ocultar. De haberlo y aflorar públicamente, la imagen que él se había creado y con la que se sintió a gusto podía venirse abajo. Entonces accedí a los expedientes que, sobre un periodo negro de nuestra historia menos reciente, pudieran aportar luz a ese pasado.

Por eso accedí al Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares. En su registro aparece un expediente abierto a José Luis Comas Acosta, de Sevilla, por el que fue depurado como maestro por desafección con el nuevo régimen, que se incoó en 1936 y concluyó en 1942. Comprobado que el destinatario de este expediente se correspondía con nuestro personaje, procedimos a acceder a la documentación que había en el archivo.

El origen del expediente era la vinculación con una parte de su familia que eran docentes y residían en Utrera. Allí, una tía materna y su hermana fueron separadas del servicio. Y a su cuñado, que también era docente, se le aplicó el bando de guerra por actividades revolucionarias, lo que le supuso ser fusilado. Como visitaba a la familia, se le atribuyó, con o sin razón, su pertenencia a los grupos rebeldes de los que ellos formaban parte.

Pero él aún no era docente, ya que, terminados sus estudios, hizo el servicio militar, lo que le impidió realizar las prácticas. Durante la guerra sirvió en una fábrica de armas de Sevilla. Al terminar la contienda hizo las prácticas en el colegio Velarde de su ciudad. Allí, bajo su dirección, los alumnos hicieron un trabajo sobre arte tras una visita a las ruinas romanas de Itálica, que entregó a un profesor suyo de la Escuela Superior de Bellas Artes de Sevilla.

El expediente de depuración incoado en 1936, cuando terminó la guerra, derivó en otro disciplinario que duró hasta el 6 de noviembre de 1942, cuando el Juzgado Superior de Revisiones cerró el expediente y dictaminó las condiciones aplicables a José Luis Comas Acosta: no poder ejercer con carácter de propietario en escuelas de la provincia de Sevilla y no ejercer cargos directivos y de confianza en instituciones culturales y de enseñanza. 

En la documentación de este expediente aparecen numerosos testimonios mayoritariamente favorables a Comas, como así lo reconoció el juez instructor. Eran de militares, de compañeros de estudios, de profesores, de las comandancias de la Guardia Civil de Sevilla o de Polán (Toledo), donde ejercía en su primer destino. De allí también llegaron informes favorables del sacerdote y del alcalde. Pero esos documentos no influyeron en la decisión final.

Sea como fuere, no sabemos si, pese a ser uno de los muchos depurados, él pensaba de otra forma, como alegó ante el juez que instruyó su expediente, si evolucionó hacia posiciones más afines al nuevo régimen o si simplemente actuaba con impostura para poder sobrevivir sin problemas. Pero sus relaciones con las gentes que trató siempre fueron más que correctas, cordiales.

Aunque él, tal como le decía a su amigo toboseño Enrique Gómez en alguna de sus cartas, deseaba volver a su Sevilla natal. Confiaba en que cuando se abriera la Universidad Laboral lo destinaran allí como profesor de dibujo técnico. Pero tampoco pudo ser. Este centro sevillano se inauguró mientras él seguía destinado en Madrid.

El doctor y articulista José Álvarez-Sierra decía que la personalidad artística de José Luis Comas Acosta se sintetiza en tres conceptos: vocación, actividad y éxito. Y, por encima de todo, su caballerosidad: su gesto elegante de gran señor que, cuando concedía a una persona el título de amigo, este lo era para siempre.  

Él murió en Madrid en 1967 a la edad de 54 años.

Ciudad Real, 1 de octubre de 2026

*Artículos relacionados:

«Encantamiento»

«Un sevillano singular I.- Vida pública»

«Un sevillano singular II.- Vida privada»

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