La Biblioteca Municipal de La Solana organizó un emotivo homenaje a Federico García Lorca con motivo del 90 aniversario de su asesinato, un acto que contó con la estrecha colaboración del Grupo Oretania. A través de un recital que fusionó la música del cantautor Vicente Castellanos con la lectura de los poemas más emblemáticos del autor granadino, una decena de poetas locales y provinciales reivindicaron la vigencia de su testamento lírico, aportaron creaciones propias inspiradas en su figura y recordaron el vínculo histórico del editor solanero Gabriel García Maroto con la primera publicación de Lorca.
El crepúsculo otoñal comenzaba a teñir de tonos cobrizos los campos manchegos cuando la palabra y la música rompieron el tradicional silencio de la sala de Adultos de la Biblioteca Municipal de La Solana. El cantautor Vicente Castellanos inauguró la velada con un público entregado y conmovido por la belleza del espacio, “Muy orgulloso de estar en este lugar tan hermoso… Esta biblioteca tan diáfana, tan bonita que tenéis. Enhorabuena porque no todos disponemos de estas instalaciones”. Con la cercanía de quien le canta a los amigos, Castellanos justificó la hondura ética de la convocatoria con la declaración de que “hacer un homenaje a Lorca es hacer un homenaje a la paz, es hacer un homenaje a la palabra, es hacer un homenaje a la verdad y es hacer un homenaje también a la bondad”.
De inmediato, las cuerdas de su guitarra vibraron para interpretar “Hay que sembrar la paz a manos llenas”, una composición nacida de los versos del poeta local Santiago Romero de Ávila, que funcionó como una advertencia sobre las hogueras bélicas que hoy siguen asolando el planeta. “Es prioritario hoy cantarle a la paz, a la paz de la historia que la perdimos desgraciadamente hace 90 años, pero la paz que seguimos perdiendo cada día por la estupidez humana y por el afán de los poderosos de arrojarnos a una hoguera que se llama guerra”.
Tras la apertura musical, la responsable de la biblioteca, Mari Carmen López-Alcorocho, tomó la palabra para agradecer la complicidad del Grupo Oretania y del Ayuntamiento, recordando que el carisma y la genialidad de Lorca trascendían su trágico final, “su muerte prematura en este caso no engrandeció al autor más de lo que se merece, como pasa en otros casos, porque él ya era grande cuando murió… Era un inmenso poeta, aunó la tradición y la modernidad”.
Introducción
El bloque más reflexivo de la primera parte del acto llegó con la intervención de Julio Criado, responsable de Oretania, quien con una oratoria punzante invitó al público a asomarse al abismo de lo que la intolerancia le arrebató a la cultura española “¿qué habría pasado si aquel fatídico día de agosto, en vez de morir Lorca, hubiese muerto y para siempre la sinrazón de las dictaduras?”, planteó, provocando un silencio espeso en la sala. Su discurso fue un viaje por una realidad alternativa y luminosa, “soñemos a Lorca vivo con Hernández, con Blas Infante vivo también y con Machado, el gran Antonio, libres aquí en España, no muriendo fuera… ¿Hay quien tenga dudas de que el siglo XX, el negro siglo XX, hubiese sido otro Siglo de Oro y que España hubiese sido un nuevo faro de la cultura mundial? Yo no. Soñemos por un momento con Federico anciano, con pelo blanco y sonrisa de niño”. Antes de retirarse, Julio lanzó un escalofriante aviso a los poetas del presente, “Cuidado con vuestra poesía, es peligrosa. No le cantéis muy alto a la libertad, no le recitéis a la injusticia. Murmurad en voz muy baja versos a la igualdad… Agosto del 36 está llamando a la puerta”.
Luis Díaz-Cacho, el coordinador de la velada, tomó el micrófono para trazar el mapa del recital, explicando que cada poeta desgranaría un libro de Lorca, recitaría dos poemas escogidos y ofrecería una obra de autoría propia escrita para la ocasión. Acto seguido, la música regresó con Vicente Castellanos interpretando “Cigarra” (del Libro de poemas de 1921), rescatando una bellísima partitura del cantautor de Ciudad Real Javier Segovia, trágicamente fallecido en 1977, “Cigarra, dichosa tú, que sobre el lecho de tierra mueres borracha de luz… que mueres bajo la sangre de un corazón todo azul”.
Luis Romero de Ávila
El primer grupo de poetas rompió el hielo con la imponente recitación de Luis Romero de Ávila, quien evocó la estrecha amistad entre Lorca e Ignacio Sánchez Mejías, herido de muerte en la plaza de toros de la vecina Manzanares por un toro llamado «Granaíno». Con una solemnidad estremecedora, Romero de Ávila recitó los sobrecogedores versos del Llanto, “Un niño trajo la sábana blanca a las 5 de la tarde… Lo demás era muerte y solo muerte a las 5 de la tarde”.
El eco de la tragedia se volvió absoluto cuando el autor regaló un soneto propio, dedicado al propio Federico, cuyas rimas finales resonaron como una elegía en la llanura manchega, “Te han atado las manos como alarde de victoria… Cierras los ojos sin decirles nada y deseas volar hasta perderte por las calles de Víznar ya anegada. Llegó por Alfacar triste tu muerte”.
Natividad Cepeda
El testigo lírico pasó a manos de la poeta Natividad Cepeda, quien decidió quebrar el lirismo andaluz para adentrar al público en los laberintos neoyorquinos de Lorca. Escogiendo el desgarrador universo de ‘Poeta en Nueva York’, Cepeda desnudó el dolor de la alienación y la pérdida recitando un fragmento de la ‘Balada de la Gran Guerra’, “Yo tenía un hijo que se llamaba Juan… Se perdió por los arcos un viernes de todos los muertos. Lo vi jugando en las últimas escaleras de la misa”.
La crónica de la metamorfosis literaria de Lorca en Norteamérica continuó desarrollándose en la sala. Recordando que el propio Federico aclaraba en sus conferencias que “he dicho un poeta en Nueva York y he debido decir Nueva York en un poeta”, se subrayó el impacto de la gran urbe, un mundo desangrado y vivo libre de los prejuicios del folclore. Tras la lectura de los poemas “La vaca” (“Su hocico sangraba en el cielo… Cuatro pezuñas tiemblan en el aire”) y “Vals en las ramas” (“Cayó una hoja y dos y tres… La dama estaba muerta en la rama”), se ofreció un poema propio de hermosa factura que condensó el asombro y el trágico destino del granadino. “Fueron 9 meses, nueve lunes de asombro ante un mundo más vasto, cruel y distinto… Luego regresó a su destino y nos dejó para siempre su gran testamento, la luz dolida del libro suyo de Poeta en Nueva York”.
Juan José Guardia Polaino
Seguidamente tomó la palabra el poeta Juan José Guardia Polaino. Su intervención abordó los claroscuros del deseo pasional que Lorca dejó escritos en el apogeo de su madurez con los ‘Sonetos del amor oscuro’, recordando el injusto silencio y la censura familiar que pesó durante décadas sobre ellos. Guardia Polaino prestó su voz al desgarrador soneto “Llagas de amor” (“Este llanto de sangre que decora… Este alacrán que por mi pecho mora”) y al premonitorio “El amor duerme en el pecho del poeta”, “Un grupo de gente salta en los jardines esperando tu cuerpo y mi agonía… Oye mi sangre rota en los violines. Mira que nos acechan todavía”. El propio autor regaló su pieza inédita “In memoriam con epílogo”, de su próximo libro “Contra el olvido”, clamando contra los asesinos, “Pudieron con tu frente prístina y montaraz… pero nunca, nunca con tu flauta voz, Federico, nunca con tus címbalos antiguos, ni con tus versos”.
Teresa Sánchez Laguna
La poeta Teresa Sánchez Laguna recogió el testigo viajando a la Residencia de Estudiantes con el poemario ‘Canciones (1921-1924)’. Desgranó la universal tonada de “Arbole, arbole seco y verde” (“La niña del bello rostro está cogiendo aceitunas. El viento, galán de torres, la prende por la cintura”) y un sobrecogedor poema sin título sobre el estanque (“Al estanque se le ha muerto una niña de agua… Yo luego pondré a su lado dos pequeñas calabazas”). Sánchez Laguna cerró su intervención con su poema “El latido del olivar”, una pieza donde el paisaje manchego y andaluz lloran al unísono “en un barranco de Víznar está llorando la tierra con sus ojos de azabache y voces que no están muertas. No es savia lo que la tierra bebe con tanta amargura. Es el llanto de un poeta que duerme en la llanura”.
Jesús Lara Serrano
La música volvió a hacer acto de presencia con Vicente Castellanos interpretando “Corazón nuevo”, otra joya de Javier Segovia basada en los versos de Lorca de 1921, “Mi corazón como la sierpe se ha desprendido de su piel y aquí lo miro entre mis dedos lleno de heridas y de miel”. Dio comienzo así el segundo bloque de poetas con Jesús Lara, quien reivindicó al Lorca joven y puro, “a mí la primera, la de cuando tiene 20 años, es la que me gusta… Luego la vida va haciéndonos variar las cosas… Creo que Lorca modificó y no era tan parecido al final”. Lara recitó “La luna asoma” (“Cuando sale la luna, el mar cubre la tierra y el corazón se aísla en el infinito”) y el “Canto nocturno de los marineros andaluces” (“De Sevilla a Carmona hay un solo cuchillo. La media luna corta y el aire pasa herido”), cerrando con los versos de su poema ‘El sol es la esperanza’, “Salió el sol y nadie encontró tu cuerpo… por el río los poetas te buscan, Federico”.
Eloísa Pardo Castro
La poeta Eloísa Pardo Castro mostró el ejemplar de “Romancero gitano” que siempre lleva en el bolso, regalando al público citas célebres del granadino y una dedicatoria personal, “Hay almas a las que uno tiene ganas de asomarse como una ventana llena de sol, y eso sois vosotros para mí”. Pardo recitó con pulso firme el sobrecogedor “Romance del emplazado”, que narra la cuenta atrás del gitano El Amargo hacia su inevitable final, “El 25 de junio abrió sus ojos Amargo y el 25 de agosto se tendió para cerrarlos”. Sin dar tregua a la intensidad lírica, se sumergió en el drama bíblico de “Thamar y Amnón”, donde la sensualidad se quiebra en tragedia, “Ay qué gritos se sentían por encima de las azoteas. Qué espesura de puñales y túnicas desgarradas”.
Marciano Sánchez
El tramo final del recital se adentró en el misticismo de Granada con Marciano Sánchez, quien definió el “Diván del Tamarit” como un jardín irreal habitado por seres destinados a manifestar una emoción pura. Sánchez recitó la bellísima “Casida de los ramos” (“Por las arboledas del Tamarit han venido los perros de plomo… El Tamarit tiene un manzano con una manzana de sollozos”) y la punzante “Gacela de la raíz amarga” (“Duele en la planta del pie, el interior de la cara… Amor, enemigo mío, muerde tu raíz amarga”). Su poema de autoría propia, “Vientos del poeta”, escrito en mayo de 1975, tendió un puente de esperanza sobre el Albaicín, “Lorca dices, y la poesía se extiende como un manto de guirnaldas… Las tuyas de sangre y muerte, las mías futuro y ganas”.
Luis Díaz-Cacho Campillo
El broche poético corrió a cargo de Luis Díaz-Cacho, quien desveló una fascinante conexión histórica que despertó el orgullo local de los asistentes, el primer Libro de poemas de Lorca, editado en 1921 por consejo de Juan Ramón Jiménez, vio la luz gracias a un ilustre solanero, “El libro fue publicado… en la imprenta de su amigo Gabriel García Maroto. ¿Conocen a Gabriel García Maroto en La Solana? Claro… Gabriel García Maroto abrió su imprenta en la calle Alcántara de Madrid”. Tras recitar la frondosa “Canción oriental” (“La granada es corazón que late sobre el sembrado… quién fuera como tu fruta todo pasión sobre el campo”) y los versos de “Si mis manos pudieran deshojar” (“¿Qué otra pasión me espera? ¿Será tranquila y pura si mis dedos pudieran deshojar a la luna?”).
Luis sobrecogió a la sala con un poema desgarrador de su autoría, fechado en este año 2026, titulado “Hay que matar al poeta”; “Hay que matar al poeta, silenciarle la voz, arrancarle los ojos, amordazarle la lengua para que no recite en las plazas… Buscadlos en las bibliotecas, en los clubes de lectura, en librerías e imprentas. Antes de que ya sea tarde… hay que matar a Federico en Granada, en su tierra, a escondidas del sol… y enterrarlo deprisa en cualquier cuneta donde nadie le encuentre la voz y la palabra… antes de que sea inmortal, antes de que sea leyenda”.
Con la emoción a flor de piel tras el terrible y necesario poema de Luis, Vicente Castellanos regresó al escenario para clausurar el encuentro. Lo hizo con una sorpresa absoluta, interpretando una canción del cantautor de Valdepeñas Pedro Chaparro (fundador del grupo Espliego), compuesta en este mismo mes de septiembre de 2026 y cedida generosamente para el acto, “El sol le canta a su poeta”.
Los acordes finales de la guitarra y la voz de Castellanos inundaron la biblioteca, transformando el dolor en una luminosa victoria de la inmortalidad literaria, “En el cristal rocío del invierno reflejaré la luna de tu cara y en el barranco hundido por los huesos liberaré la luz de tu mirada… Aquellos que forjaron las cadenas en el cristalino de su infierno sabrán por las esencias de tus venas que naces cada día en cada verso. Yo soy la luz y tú la llama y aunque haya noches, tú eres el alba”.
Entre aplausos conmovidos, agradecimientos mutuos por la confianza depositada y la tradicional foto de familia que inmortalizó a los poetas, el Grupo Oretania y la Biblioteca de La Solana despidieron una tarde histórica. Una jornada donde quedó demostrado que, por más que la sinrazón intente enterrar las palabras, la poesía sigue naciendo, libre y eterna, en cada verso.






