Política mix: El cinismo, los perroflautas y el gran engaño electoral

Joaquín G. Cuevas Holgado.- Hay momentos en la política española en los que la elegancia sobra. Y éste es uno de ellos. Porque cuando determinados responsables políticos se empeñan en decir auténticas barbaridades, cuando retuercen los conceptos hasta hacerlos irreconocibles y cuando pretenden que los ciudadanos aceptemos como normal aquello que hace apenas unos años habría provocado un escándalo monumental, uno empieza a pensar que quizá el problema no está en cómo contamos las cosas, sino en lo que algunos están haciendo. Así que vamos a cambiar el formato:

Hoy toca “Política Mix”.

Un recopilatorio de grandes éxitos protagonizado por algunos de nuestros más destacados representantes políticos y sindicales. Un disco en el que cada intérprete aporta su especialidad: cinismo, amenaza, servilismo, electoralismo y, sobre todo, una extraordinaria confianza en que los españoles tenemos muy mala memoria.

MONTERO MIX: ¿CINISMO, ENFERMEDAD O CREER QUE SOMOS GILI…………..?

Empezamos por la señora Montero. Y aquí cuesta contenerse.

Porque afirmar que una huelga se plantea no contra el Gobierno, sino contra la oposición, no es simplemente una declaración desafortunada. Es algo bastante más serio.

La exposición de la señora Montero responde, a mi juicio, a un cinismo extraordinario, a una desconexión tan profunda de la realidad que uno llega a preguntarse si estamos ante un problema de sentido común, ante una enfermedad política que necesitaría tratamiento de psiquiátrico o, sencillamente, ante la convicción de que los españoles somos necios o estúpidos y nos vamos a tragar cualquier explicación que nos quieran vender.

Porque una huelga general, históricamente, se convoca como instrumento de presión frente a quienes tienen capacidad de decisión sobre las condiciones de los trabajadores. Pero ahora resulta que la huelga se plantea contra la oposición.

Magnífico. Hemos descubierto una nueva categoría sindical: la huelga contra quien no gobierna.

Ya puestos, podríamos organizar también manifestaciones contra los gobiernos autonómicos que no nos gusten, contra los ayuntamientos que voten distinto y, si hace falta, contra los ciudadanos que se atrevan a discrepar.

Todo muy democrático. Todo muy sensato. Todo muy Montero.

Que nadie se confunda: defender los derechos de los trabajadores es legítimo y necesario. Lo que resulta intolerable es intentar convertir una herramienta histórica del movimiento sindical en un instrumento de confrontación política.

Y si eso es lo que se pretende, habrá que decirlo alto y claro. No nos tomen por necios o estúpidos.

MINISTRO DE CULTURA MIX: AMENAZAS Y PERROFLAUTAS

Y llegamos al señor ministro de Cultura. Valiente. Muy valiente.

Naturalmente, lo de valiente lo digo con toda la ironía del mundo. Porque amenaza con que, si las Cortes vuelven a derogar determinadas medidas relacionadas con la vivienda, los ciudadanos pasarán factura a PP, Vox y Junts.

¡Qué miedo!

Pero vamos a colocar cada cosa en su sitio.

Si el argumento político de este grupo consiste en amenazar a los demás partidos con el castigo ciudadano, quizá convendría recordar que la amenaza no convierte una política equivocada en una política correcta.

Y aquí aparece otro elemento que no podemos dejar pasar.

Porque este espacio político, este conglomerado en el que algunos se presentan como los grandes salvadores de los desfavorecidos, está formado en la terminología coloquial que merece este artículo por auténticos perroflautas políticos.

Sí. Perroflautas. Y si sus amenazas van en esa dirección, que sigan amenazando. Porque, en términos políticos, son cuatro.

Cuatro, o los que sean, que pretenden hablar en nombre de todos los ciudadanos y utilizar los problemas de los más vulnerables como patrimonio exclusivo de una determinada izquierda.

Pues no. La vivienda no es de Sumar. La pobreza no es de Sumar. Los sin techo no son de Sumar. Los jóvenes que no pueden acceder a una vivienda no son de Sumar. Son ciudadanos españoles. Y precisamente por eso resulta indecente apropiarse políticamente de su sufrimiento.

Porque mientras algunos ciudadanos están literalmente en la calle, buscando dónde dormir, otros hacen política con ellos desde despachos y desde viviendas en las que, presumiblemente, no tienen que preocuparse por dormir bajo un cartón.

Y eso sí que merece una reflexión.

Así que, señor ministro, siga amenazando. Que este país responderá como tenga que responder. Y cuando llegue el momento de votar, serán los ciudadanos, y no usted, quienes decidan quién merece continuar hablando en su nombre.

SINDICALISTAS MIX: LOS CHUPÓSTEROS DE LA CÚPULA

Y llegamos a los sindicatos.

Pero hagamos una precisión importante. Aquí no hablamos del trabajador afiliado. No hablamos del delegado sindical que se juega el tipo en una empresa. No hablamos del trabajador que defiende a sus compañeros.

Hablamos de las cúpulas sindicales.

De esos dirigentes de UGT y Comisiones Obreras que parecen haber pasado demasiados años viviendo extraordinariamente cómodos junto al poder. Y ahora, de repente, aparece la amenaza de una huelga general.

¡Qué casualidad!

Después de años de Gobierno socialista, después de ocho años de Pedro Sánchez, después de haber mantenido una relación extraordinariamente amable con el Ejecutivo, ahora descubren que hay motivos suficientes para movilizar al país.

Y uno se pregunta:

¿Para qué? ¿Para subir los salarios? ¿Para bajar el IVA? ¿Para reducir el IRPF? ¿Para mejorar las condiciones laborales? ¿Para resolver un conflicto concreto?

Porque si existe un problema laboral real, adelante.

Pero si la movilización responde a una consigna política, entonces estamos ante otra cosa.

Y a las cúpulas sindicales hay que calificarlas como lo que parecen haber decidido ser: chupósteros, pelotas y extraordinariamente dependientes del poder político.

Porque vivir durante años de subvenciones públicas y mantener una relación tan cordial con el Gobierno para después aparecer, coincidiendo con un determinado escenario electoral, como los grandes revolucionarios de la clase trabajadora resulta, cuando menos, sospechoso.

Los trabajadores merecen sindicatos independientes. No sindicatos de acompañamiento gubernamental.

No sindicatos que aparezcan y desaparezcan dependiendo de quién ocupa La Moncloa. Y mucho menos sindicatos que pretendan utilizar al trabajador como figurante de una batalla política.

PEDRO SÁNCHEZ MIX: EL CINISMO COMO FORMA DE GOBERNAR

Y llegamos al protagonista.

Pedro Sánchez.

Aquí tampoco vamos a andarnos con rodeos.

Después de ocho años gobernando, después de haber tenido tiempo más que suficiente para hacer aquello que ahora promete, escucharle hablar como si acabara de descubrir los problemas de España produce una mezcla de indignación, incredulidad y vergüenza política. Porque lo que estamos viendo es cinismo político en estado puro. Y sí: da la sensación de que este señor nos toma por necios o estúpidos.

Porque, señor Sánchez, ha tenido ocho años. Ocho. No ocho meses. No ocho semanas. Ocho años. Y ahora, cuando las Cortes han sido disueltas y los españoles vuelven a estar llamados a las urnas, aparece una nueva batería de promesas.

Ahora sí.

Ahora vivienda. Ahora medidas sociales. Ahora compromisos. Ahora soluciones.

¿Y durante los ocho años anteriores?

Porque el ciudadano puede tener muchas cosas, pero no es idiota.

Tiene memoria. Y precisamente por eso resulta difícil creer que todo aquello que no se hizo durante años vaya a hacerse mágicamente justo cuando interesa obtener votos.

Eso no es gobernar. Eso es electoralismo. Y utilizar las instituciones y las promesas de Gobierno como herramienta de movilización electoral resulta, sencillamente, impresentable.

EL GRAN FINAL DEL POLÍTICA MIX

Y así termina nuestro recopilatorio.

Montero, con un concepto de huelga que parece diseñado para un universo paralelo.

El ministro de Cultura, amenazando políticamente mientras se presenta como defensor exclusivo de los más desfavorecidos.

Las cúpulas sindicales, convertidas en los grandes chupósteros del poder después de años de silencio complaciente.

Y Pedro Sánchez, ocho años después, descubriendo de repente que España necesita exactamente aquello que no hizo durante esos ocho años.

Cinismo. Amenazas. Servilismo. Electoralismo.

Y una confianza desmedida en la capacidad de los españoles para olvidar.

Pues quizá deberían revisar esa última apuesta. Porque los españoles podrán equivocarse. Podrán cambiar de partido. Podrán votar en blanco. Podrán abstenerse. Podrán cambiar de opinión.

Pero una cosa sí saben hacer: recordar.

Y cuando llegue el momento de entrar en la urna, no habrá ministros, ni sindicalistas, ni tertulianos, ni asesores, ni campañas de propaganda que puedan votar por ellos.

Votarán los ciudadanos. Y quizá entonces descubramos quién era realmente el perroflauta, quién era el chupóster, quién era el pelota y, sobre todo, quién pensaba que los españoles éramos necios o estúpidos.

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