Alfonsi Álvarez. Secretaria general de UGT Ciudad Real.- Hay momentos en la vida de un país en los que votar no puede reducirse a elegir entre unas siglas y otras. Hay momentos en los que la ciudadanía tiene que detenerse, mirar a su alrededor y preguntarse qué sociedad quiere construir, qué derechos está dispuesta a defender y, sobre todo, qué futuro quiere dejar a quienes vienen detrás.
Nos encontramos ante uno de esos momentos.
El próximo 29 de noviembre, las trabajadoras y los trabajadores volveremos a tener en nuestras manos una herramienta que nunca debemos infravalorar: nuestro voto. Las elecciones generales decidirán la composición de las Cortes y, con ella, buena parte de las políticas que marcarán nuestro país durante los próximos años.
Y la clase trabajadora debería acudir a las urnas sabiendo perfectamente dónde está.
Porque sabemos de dónde venimos.
Sabemos lo que ha costado conquistar cada derecho laboral. Sabemos que la jornada laboral, las vacaciones, la protección frente al despido, las pensiones, el salario mínimo, la igualdad entre mujeres y hombres, la protección de la salud laboral o la negociación colectiva no fueron regalos concedidos por nadie. Fueron conquistas fruto de décadas de organización, movilización y lucha sindical.
Y también sabemos que ningún derecho está escrito en piedra.
Los derechos se pueden ampliar, pero también se pueden debilitar. Las condiciones laborales pueden mejorar, pero también pueden retroceder. Y por eso la clase trabajadora no puede permitirse mirar la política desde la distancia, como si las decisiones que se toman en las instituciones no tuvieran consecuencias directas sobre nuestras nóminas, nuestros convenios, nuestras pensiones, nuestras viviendas o nuestros servicios públicos.
Hoy tenemos delante problemas muy concretos.
Tenemos trabajadores y trabajadoras que, aun teniendo empleo, tienen dificultades para llegar a final de mes. Tenemos jóvenes que trabajan y, sin embargo, encuentran enormes dificultades para acceder a una vivienda y construir un proyecto de vida. Tenemos mujeres que siguen soportando una parte desproporcionada de los cuidados. Tenemos personas mayores preocupadas por sus pensiones y familias que necesitan unos servicios públicos capaces de responder a sus necesidades.
La propia agenda sindical está poniendo el foco precisamente en cuestiones como la vivienda, la reducción de la precariedad, la regulación de los contratos a tiempo parcial y la mejora de las relaciones laborales.
Y hay otra cuestión que no podemos esconder: el reparto de la riqueza.
España puede crecer económicamente y, al mismo tiempo, muchas familias trabajadoras seguir teniendo dificultades para vivir dignamente. Por eso no basta con hablar de crecimiento. Tenemos que preguntarnos quién se beneficia de ese crecimiento, cómo se distribuye la riqueza y si quienes generan esa riqueza con su trabajo participan de ella.
Desde el sindicalismo llevamos años defendiendo que trabajar debe permitir vivir con dignidad. En 2026 el SMI se sitúa en 1.221 euros mensuales en 14 pagas, una evolución que UGT vincula a la dignificación salarial y a la convergencia europea.
Pero sabemos que queda mucho por hacer.
También está sobre la mesa el tiempo de trabajo. Porque reducir la jornada laboral no significa trabajar menos para producir menos. Significa avanzar hacia un modelo en el que los avances tecnológicos y la productividad también permitan a las personas trabajadoras disponer de más tiempo para vivir, cuidar, descansar y desarrollar sus proyectos personales. UGT viene defendiendo la reducción progresiva de la jornada sin pérdida salarial.
Y aquí es donde el voto adquiere toda su dimensión.
La clase trabajadora no debería votar olvidando su propia realidad.
Debería preguntarse qué propone cada opción política sobre los salarios. Sobre las pensiones. Sobre la sanidad y la educación públicas. Sobre la vivienda. Sobre los impuestos. Sobre la negociación colectiva. Sobre la igualdad. Sobre los derechos laborales. Sobre la prevención de riesgos laborales. Sobre los servicios públicos en nuestros pueblos. Sobre el futuro de nuestros jóvenes. Sobre la España rural.
Y, especialmente, debería preguntarse qué puede venir después de las elecciones.
Porque las campañas terminan. Los carteles desaparecen. Los discursos se olvidan. Pero las leyes permanecen y las decisiones políticas terminan entrando en nuestras empresas, en nuestros hogares y en nuestras vidas.
Como organización sindical no corresponde a UGT decirle a cada trabajador o trabajadora qué papeleta debe introducir en la urna. Esa decisión pertenece exclusivamente a cada persona.
Pero sí corresponde al sindicalismo recordar algo que considero fundamental: la democracia también se defiende desde el centro de trabajo.
Se defiende cuando una trabajadora reclama sus derechos. Cuando una plantilla se organiza. Cuando se firma un buen convenio. Cuando se combate la precariedad. Cuando se exige igualdad. Cuando se denuncia un accidente laboral. Cuando una persona joven reclama un futuro digno. Y también cuando millones de trabajadores y trabajadoras ejercen libremente su derecho al voto siendo conscientes de que las decisiones políticas tienen consecuencias sobre sus vidas.
La clase trabajadora tiene memoria.
Tiene memoria de los avances y también de los retrocesos.
Tiene memoria de lo que significa tener derechos y de lo que significa perderlos.
Por eso, ante las próximas elecciones, no deberíamos conformarnos con escuchar lo que unos y otros prometen. Debemos mirar lo que defienden, lo que han hecho y qué consecuencias pueden tener sus propuestas para la mayoría social.
No se trata de votar con miedo.
Se trata de votar con conocimiento.
No se trata de que nadie vote por nosotros.
Se trata de que nadie decida nuestro futuro sin que nosotros participemos.
Porque cuando una trabajadora introduce su papeleta en una urna no está dejando fuera de ella sus preocupaciones laborales. Cuando un trabajador vota, también está votando pensando en su salario, en su pensión, en la educación de sus hijos, en el precio de la vivienda, en la sanidad que recibirá cuando la necesite y en el futuro de su familia.
La política también habla de nosotros.
Y nosotros tenemos derecho a hablar a través de ella.
El próximo 29 de noviembre, cada persona decidirá libremente. Pero sería un error que la clase trabajadora acudiera a las urnas sin saber lo que está en juego.
Porque después de las elecciones seguiremos teniendo que trabajar, cuidar, cotizar, negociar y defender nuestros derechos.
Y porque el modelo de país que tengamos mañana dependerá también de las decisiones que tomemos hoy.
Desde UGT seguiremos haciendo lo que siempre hemos hecho: organizar, negociar, movilizar y defender a la clase trabajadora.
Pero el 29 de noviembre, la decisión estará en manos de cada ciudadano y cada ciudadana.
Y la clase trabajadora, que durante generaciones ha contribuido a construir este país, tendrá una oportunidad más para decidir qué sociedad quiere para el futuro.
Con memoria.
Con conciencia.
Con derechos.
Y, sobre todo, con conocimiento de lo que está en juego.







