Ángel Luis González, en la Feria de Orientación Académica de Repsol: «La ilusión de aprender es capaz de transformar ciudades como Puertollano

Para Ángel Luis González, docente de Informática del CIFP Virgen de Gracia y finalista entre los mejores profesores del mundo en el Global Teacher Prize 2025, la ilusión de aprender es capaz de transformar ciudades como Puertollano. Es el mensaje que lleva este viernes a la primera Feria de Orientación Académica del Complejo Industrial de Repsol en la ciudad, con una charla basada en algo que él mismo tuvo que aprender: no hace falta tener clara la vocación desde el primer minuto.

Ángel Luis González, en la Feria de Orientación Académica de Repsol. Fotos: Eusebio García del Castillo Jerez

«Le tengo mucho cariño a Puertollano porque trabajo allí, pero también porque es una población que ha crecido gracias a gente que estudió», explica en una entrevista previa a la jornada. A su juicio, sin esas personas que llegaron durante años a «montar la industria y a hacer grandes desarrollos, la localidad no sería la ciudad que es». Se trata, dice, de gente que «exprimió los sesos» y aprendió cosas que a él, reconoció entre risas, le resultan difíciles de entender, «como una refinería», y que logró «una prosperidad que ya la quisieran otras localidades del mundo».

Esa herencia sigue muy presente en las familias. «Tienen muy interiorizado que la educación cambia», afirma, porque recuerdan el pueblo que conocieron de niños y lo comparan con el actual, mucho mejor. Destaca además su papel: están siempre muy enteradas de las empresas que van a abrir en su entorno y lo primero que miran son los perfiles que buscan. Con la llegada de la inteligencia artificial, las renovables y otros proyectos, considera que Puertollano recibe «futuro puro y duro», algo que «se impregna en la juventud y en las familias y que exige una mente abierta para aprender cosas nuevas cada día, porque las cosas cambian muy rápido y el mundo es para los que se actualizan».

Ángel Luis González, en la Feria de Orientación Académica de Repsol. Fotos: Eusebio García del Castillo Jerez

Amar lo desconocido

Esa era también la idea con la que quería que se quedaran los alumnos al terminar la charla: «ganas de emprender cosas nuevas». Para González, el ser humano no se desarrolla yendo solo a lo que conoce, sino, a menudo, «a lo desconocido». Le habría gustado que los chavales tuvieran ganas de amar un poco lo desconocido y se dijeran ante algo que no parecía para ellos: «A ver si le echo un ojo y me animo con la ilusión de aprender, que es la mejor que hay».

El eje de la charla de González es su propia trayectoria: «Durante muchos años he sido una persona con muchas dudas y, a día de hoy, las sigo teniendo». No nació con una vocación clara, a diferencia de compañeros que querían ser profesores «desde que pusieron un pie en este mundo», y estudió Informática sin ordenador en casa, animado en los días previos a la preinscripción por quienes veían que podía sentirse cómodo en ese ámbito.

Durante mucho tiempo vivió esas dudas «como una mochila», convencido de que quien vale va más seguro. Hoy sostiene lo contrario: «Esas dudas pueden ser una gasolina perfecta si la echas al motor más potente que hay, que es el de la educación». Él mismo es el ejemplo que cuenta, desde la mayor humildad y transparencia: «No tenía vocación docente y he llegado a estar entre los mejores docentes del mundo».

Tranquilizar frente a la presión

Su objetivo principal era «tranquilizar» a unos jóvenes a los que ve sometidos a mucha presión. Cree que la preocupación «se acaba transformando en miedo» cuanto más se aprieta a quien debe decidir, y que ese miedo acaba muchas veces en disfraces: «estudiar algo «porque es lo que quiero ser cuando en realidad la elección está muy contaminada por el discurso del entorno. Sin criterio propio, se preguntó, «¿a quién recurro? ¿A ChatGPT? ¿A mi primo que estudió esto?».

Se ríe de los convencionalismos, como aconsejar a un chico de 16 años que estudie algo «con muchas salidas» mientras la prensa advierte de que las profesiones actuales van a cambiar. Su receta es hacer caso al instinto y al corazón en las cosas más importantes de la vida, y confiar en que, elijan lo que elijan, «pueden aprender cosas maravillosas que a lo mejor les definen sin que ellos lo supieran».

Y advierte de un límite pedagógico: «Con miedo se pueden hacer pocas cosas, y una que seguro que no es aprender». «Un alumno que se sienta en el pupitre asustado, por mucha capacidad que tenga, no va a aprender y, sobre todo, no va a disfrutar aprendiendo. Y cuando no disfrutas aprendiendo, no sirve para nada lo que estás haciendo», recalca.

Ángel Luis González, en la Feria de Orientación Académica de Repsol. Fotos: Eusebio García del Castillo Jerez

Del rechazo al hardware a la oposición

Para ilustrarlo recurrió a su experiencia con la propia materia. Durante años «odió profundamente» parte de la Informática, en concreto el montaje y el hardware, «de la que siempre fui muy enemigo». Sin embargo, fue justo lo que preparó para la oposición y lo que ha acabado enseñando, gracias a un preparador que le hizo ver que era «súper divertido». Hoy, con la revolución de la IA y los nuevos procesadores específicos para tratarla, lo considera apasionante. «Con casi 40 años descubrí una ilusión que en su momento me habían hecho hasta odiar», resume.

De ahí su visión de la profesión docente: «Lo primero, relajarte; enseñar caminos al alumnado, darles objetivos en los que crean, que les motiven, y luego hacer todo lo posible para que los puedan alcanzar».

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