Eduardo Muñoz.- Se cumple en este 2026 el primer siglo de «vida» del Día del DOMUND, jornada instituida por el Papa Pío XI, y lo hace con el lema, elegido por León XIV, «Uno en Cristo, unidos en la misión», y con este motivo el Simp Pontífice nos exhorta a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza, y para ello debemos dejarnos guiar e inspirar por la gracia Divina, para «renovar en nosotros el fuego de la vocación misionera» y avanzar juntos en el compromiso de la evangelización, en una «época misionera nueva». Todos, como iremos viendo, podemos ser misioneros, cada uno con y desde nuestras posibilidades.
De acuerdo con León XIV, comparto con los posibles lectores a modo de un análisis del lema. «Uno en Cristo»: No tiene sentido la misión, o no lo tendría, si no estamos unidos en Cristo. El mismo Jesús nos lo dice en el Evangelio de Juan: «Que todos sean uno cómo tú, Padre, estás en mi y yo en tí, que también ellos, – léase nosotros -, sean uno en nosotros, , para que el mundo crea que tú me enviaste». No podemos olvidar las palabras de San Juan Pablo II: «la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la
misión». Por eso, la primera responsabilidad misionera de la Iglesia, – Iglesia somos todos -, es renovar y mantener viva la unidad espiritual y fraterna entre sus miembros. «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí», leemos en Gálatas, y es que ser uno en Cristo nos llama aantener siempre la mirada en el Señor, para que Él sea verdaderamente el centro de nuestra vida personal y comunitaria, de cada palabra, acción y relación interpersonal, de modo que podamos decirlo con asombro.
En un segundo punto, invito a darnos cuenta de la necesidad de estar unidos en la misión, para que el mundo crea, «para que el mundo crea que tú me enviaste», retomando el Evangelio de Juan, y es que la unidad de los discípulos no es un fin en sí misma, sino que está ordenada a la misión. Hay algo que no podemos ignorar: es en el testimonio de la comunidad reconciliada, fraterna y solidaria, – dice el Papa -, donde el anuncio del Evangelio encuentra toda su fuerza comunicativa.
El tercer punto de nuestro análisis sería «misión de amor», que consiste en anunciar y compartir el Amor fiel de Dios . La unidad es la condición de la misión y el amor si gracia. El Evangelio del amor fiel de Dios es el rostro y la vida de Jesucristo, es la Buena Nueva que estamos enviados a anunciar al mundo, no es un ideal abstracto. La misión de los discípulos, de cada uno de nosotros… es la prolongación, en el Espíritu Santo, de la misión de Cristo, – una misión que nace del amor -, se vive en el amor, y al amor conduce. Al amor de Cristo, cómo les ocurrió a los apóstoles, cómo les ha ocurrido, y sigue ocurriendo, a cristianos, mártires, confesores de la fe, misioneros, misioneras… que han dado y dan la vida, si es preciso, para dar a conocer el Amor Divino al mundo.
Todos podemos ser misioneros. Unámonos a ellos en la misión evangelizadora mediante el testimonio de la verdad en Cristo, la oración y la contribución a las Misiones, fijándonos en San Francisco de Asís, en San Buenaventura de Bagnoregio, en Santa Teresa del Niño Jesús, en el Abate M. Belneviré, y animados por sus «huellas» comprometámonos a contribuir, cada uno de acuerdo con nuestros «talentos», con nuestra vocación… a la gran misión evangelizadora que es siempre obra del Amor. Pidamos al Padre, a Dios, que nos conceda ser uno en Cristo para que nos una en la misión, nos haga dóciles al Espíritu Santo, valientes para dar testimonio del Evangelio, anunciando y encarnando a cada criatura.
Pidamos a Dios su bendición para los misioneros, las misioneras… y roguemos a María, Reina de las misiones, que acompañe nuestra labor, – la de toda la Iglesia -, en la evangelización en todos los rincones de la tierra, que nos haga instrumentos de paz, que haga que el mundo entero reconozca en Cristo la luz que salva…










