“La justicia, aunque anda cojeando, rara vez deja de alcanzar al criminal en su carrera”
HORACIO
(Poeta latino)
En el día de hoy he tenido la oportunidad de asistir a la vista oral de un juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Ciudad Real. Se trata del conocido caso de los asesinatos de dos empresarios en Manzanares tal como se indicaba en mi artículo «Codicia». Hace tiempo que no asistía en vivo a un juicio de tipo penal y he podido revivir mi época universitaria cuando, a la entrada de la sala, he visto a numerosos estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Castilla-La Mancha de Ciudad Real.
Recordaba alguna de las experiencias de las vistas orales a las que he asistido. Una fue en 1991, en la polémica causa penal por la que se condenó al juez Jesús Ángel Guijarro López a un año y quince días de prisión por imprudencia temeraria y malos tratos vinculados a la muerte de su esposa en 1989. La familia de la víctima criticaba el supuesto trato de favor y el corporativismo judicial que se aplicó al magistrado, mientras que el suegro ingresaba en prisión tras la agresión con un hacha a su yerno en 1990.
También recuerdo haber asistido al conocido y más que famoso Tribunal de las Aguas de Valencia, que está considerado el tribunal más antiguo de toda Europa. Llamó mi atención el aspecto de los miembros del tribunal, ataviados con la blusa típica de los agricultores que representan a los regantes de la huerta. Las vistas se celebran todos los jueves a mediodía y todo el proceso se realiza en valenciano. Me sorprendió la rapidez del proceso y la ejecución inmediata de los acuerdos tomados por el jurado.
O en una causa laboral contra la administración autonómica de la Comunidad de Madrid, sustanciada en los juzgados de la calle Hernani de Madrid. Allí, en una sala casi a oscuras y con una parafernalia propia de estos tribunales —algunos abogados llevaban togas raídas y la vestimenta inapropiada, incumpliendo así el protocolo—, las vistas se celebraban en muy pocos minutos y utilizaban, sobre todo, las pruebas documentales aportadas por las partes, siendo casi irrelevante la declaración de los afectados.

Volviendo al juicio de hoy, me ha sorprendido la masiva presencia de ciudadanos que queríamos asistir, como es nuestro derecho, a esta vista pública. Para organizar a los asistentes, un oficial del tribunal ha pedido que se hicieran dos turnos para entrar y ha explicado que habían habilitado en la planta baja una sala en la que se podía seguir toda la sesión a través de una pantalla en la que se retransmitiría el acto. Además de los numerosos alumnos de Derecho, allí había todo tipo de ciudadanos.
Presidían la sala los miembros del tribunal; en la parte derecha estaban el Ministerio Fiscal, así como los abogados de las partes —todos ellos uniformados con sus togas— y, detrás de ellos, estaban los acusados. En la parte izquierda se sentaban los miembros del jurado y, detrás del banquillo de los acusados, situado enfrente del tribunal, estaba la Policía Nacional, los familiares de las víctimas y de los acusados, y el público en general que asistíamos a la sesión, así como fotógrafos, cámaras y otros miembros de la prensa.
Por orden del presidente inicia la sesión el fiscal, quien pregunta a dos expertos sobre los informes que han emitido para identificar a las víctimas cotejando su ADN con el de sus familiares directos. Confirmada con su relato toda la información, acaba la presentación de las pruebas periciales. Después, la presidencia llama a declarar al principal acusado de los dos asesinatos, Antonio Caba Vázquez. El imputado se niega a contestar a las preguntas de la fiscalía y de las partes, aceptando solo las de su defensa.
El señor Caba se mostraba frío en su extensa declaración, que obedecía a una bien preparada estrategia de defensa. Aunque imputó a dos desconocidos de ambos asesinatos. El presidente del tribunal interrumpe su declaración para llamar la atención a alguno de los asistentes —sin señalar ni mencionar a nadie— por gestos o acciones que pudieran faltar al respeto debido en este proceso, al tribunal, a sus miembros o a las partes litigantes. Quizás quiso reprender a alguno de los familiares de las víctimas que pudo hacer algún gesto de desaire.
Los miembros del jurado parecían tomarse en serio su papel, ya que todos estaban aplicados en observar sin parpadear y tomando notas de todo lo que se exponía en la sesión. Aunque hay quien piensa que es difícil que estas personas no estén contaminadas por el entorno mediático que se ha producido en este caso, lo que les impediría valorar objetivamente la decisión que deben tomar.
Antes de la declaración del segundo de los acusados se hizo un receso y quienes estábamos en la sala fuimos relevados por quienes no habían entrado por falta de plazas.










