Presentación de la antología bilingüe, hispano-rumana, El puente invisible/Podul invizibil

Por José Belló Aliaga

En la Embajada de Rumanía, ubicada en la madrileña Avenida de Alfonso XIII, número 157, ha tenido lugar, con numerosa asistencia de público, el acto de presentación de la antología bilingüe, hispano-rumana, El puente invisible/Podul invizibil, en la que han participado catorce voces de la poesía contemporánea de Rumanía y España, cuando se cumplen 145 años de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Presentación de la antología bilingüe, hispano-rumana, El puente invisible/Podul invizibil en la Embajada de Rumania en Madrid

En primer lugar, dio la bienvenida a los asistentes la señora Alina Mihaela Fotin, ministra consejera de la Embajada de Rumanía en España, seguida de Laura Afrodita Apati, presidenta de la Casa Română de Cultură, ubicada en Getafe, que antes de comenzar pidió que se guardara un minuto de respetuoso silencio en memoria de Vasile Muste, que falleció el día 12, el día que se celebró este acto. Juan José García, vicepresidente 1º de la Casa Română de Cultură y coordinador general de la antología, intervino entonces y glosó la trayectoria de Vasile Muste, poeta, narrador, periodista y destacado promotor cultural. En Getafe desempeñó un papel fundamental en la Feria del Libro Rumano y fue cofundador del Festival Internacional de Poesía de Getafe-Madrid.

A continuación, hizo uso de la palabra, Basilio Rodríguez Cañada, editor de la obra presentada y Presidente del Grupo Editorial Sial Pigmalión.

Tras las posteriores intervenciones de Laura Afrodita Apati y Juan José García, tuvo lugar la actuación musical de los cantantes Bianca Motoc, rumana y José Luis Pardo, español, que después actuarían en otra ocasión. Intervino después la también cantante rumana Manuela Pușcașu.

Laura Afrodita Apati, que moderó y coordinó el acto, dio paso después a las lecturas de fragmentos de la antología presentada a los asistentes, y en primer lugar lo hicieron Basilio Rodríguez Cañada, español y la rumana Mariana Romașcan, seguidos de la española María José Marrodán y la rumana Stefania Vasile.

Tras el intermedio musical a cargo del cantante español José Luis Pardo de nuevo y el trio rumano Esperanza para el alma/ Speranta pentru suflet, integrado por Viorel, Nicoleta y Sorín, participó el autor rumano Marín Dumitrescu que recitó varios fragmentos de su obra en ambos idiomas, rumano y español y a continuación lo hicieron Juan José García y Stefania Vasile, seguidos del rumano Sabin Muresan y el español Rafael Rodríguez-Ponga.

Con la nueva actuación musical de la cantante rumana Bianca Motoc, cantó también a continuación la niña Sara María García, hija de Laura Afrodita Apati, y después de varios comentarios finales por parte de algunos de los participantes, se cerró el acto con palabras de agradecimiento a los asistentes por parte de la ministra consejera de la Embajada de Rumanía en España, Alina Mihaela Fotin ,  Laura Afrodita Apati, presidenta de la Casa Română de Cultură y la secretaria María Romașcan.

La antología presentada

Autores: Mihai Firică, Basilio Rodríguez Cañada, Vasile Poenaru, José Manuel Lucía Megías, Gela Enea, José María Paz Gago, Dan Ionescu, María J. Marrodán, Geo Vasile, Francisco Gutiérrez Carbajo, Marin Dumitrescu, Rafael Rodríguez-Ponga, Carmen Secere, Juan José García García

Descripción

Celebrar 145 años de relaciones diplomáticas entre Rumanía y España significa mucho más que registrar una mera sucesión de protocolos y acuerdos de Estado. Significa, en su esencia más profunda, reconocer y honrar la fusión discreta pero constante de dos grandes culturas de estirpe latina que comparten la misma sensibilidad artística y un destino histórico hermanado. Esta antología, publicada por el Grupo Editorial Sial Pigmalión, la Casa Rumana de la Cultura y la Unión de Escritores de Rumanía (Filial Craiova), se erige hoy como un monumento vivo de esta comunión espiritual.

Juan José García (coordinador)

Discurso de Basilio Rodríguez Cañada, Presidente del Grupo Editorial Sial Pigmalión

Ilustrísima señora D.ª Alina Fotin, ministra consejera de la Embajada de Rumanía en España, señora presidenta la de Casa Română de Cultură, D.ª Laura Afrodita Apati, distinguidos representantes de las instituciones culturales y diplomáticas, queridos poetas, escritores, traductores, amigos de la Casa Română de Cultură y del Grupo Editorial Sial Pigmalión, señoras y señores:

Celebramos hoy, en este espacio privilegiado de encuentro entre dos naciones europeas, una ceremonia que posee una significación histórica, cultural y humana que trasciende ampliamente la presentación de un libro. Nos reúne la palabra poética, esa forma singular de conocimiento que permite al ser humano reconocerse en la experiencia de los otros, atravesar las fronteras de su propia lengua y descubrir que las emociones fundamentales, los interrogantes de la existencia y las aspiraciones más profundas de nuestra condición encuentran expresiones diferentes, pero comparten una misma sustancia espiritual. Nos encontramos en la Embajada de Rumanía en España, en una fecha tan cargada de resonancias históricas como el 12 de octubre, Día de la Hispanidad, para presentar una antología que conmemora los ciento cuarenta y cinco años de relaciones diplomáticas entre Rumanía y España. Y lo hacemos acompañados por una selecta representación de los poetas que han prestado sus voces a este proyecto y por un público cuya presencia confiere a nuestra celebración una dimensión especialmente entrañable.

Permítanme comenzar agradeciendo a la Embajada de Rumanía la hospitalidad con que nos acoge y su disposición a convertir esta sede diplomática en escenario de un acontecimiento literario. Las embajadas representan oficialmente a los Estados, defienden sus intereses y facilitan sus relaciones políticas, económicas e institucionales, pero también pueden desempeñar una función particularmente fecunda como espacios de diálogo intelectual, de conocimiento recíproco y de aproximación entre sensibilidades culturales. Cuando una embajada abre sus puertas a la poesía, la diplomacia adquiere una dimensión que difícilmente puede expresarse mediante protocolos o documentos oficiales: la de una conversación entre seres humanos que, procedentes de experiencias históricas distintas, se reconocen en el territorio compartido de la creación.

Quisiera subrayar asimismo la singular coincidencia de esta presentación con el Día de la Hispanidad, una fecha que invita a reflexionar sobre la extraordinaria extensión geográfica y cultural de la lengua española, sobre su capacidad para acoger tradiciones diversas y sobre la compleja historia de encuentros que ha contribuido a configurar una comunidad de cientos de millones de hablantes. Hoy, sin embargo, esa reflexión adquiere una perspectiva particularmente enriquecedora, porque nuestra mirada no se dirige exclusivamente hacia el espacio atlántico que habitualmente asociamos con la Hispanidad, sino también hacia el oriente europeo, hacia un país cuya lengua comparte con la nuestra una raíz latina y cuya cultura ha participado intensamente en la formación de la conciencia intelectual de Europa.

Rumanía y España se encuentran situadas en extremos diferentes de una geografía que durante siglos ha conocido desplazamientos de pueblos, transformaciones políticas, intercambios comerciales, conflictos y fecundas transferencias culturales. Entre ambas naciones se extiende una parte considerable del continente, pero esa distancia física resulta mucho menos significativa cuando examinamos las afinidades profundas que vinculan sus respectivas tradiciones. El español y el rumano pertenecen a una misma familia lingüística y conservan, a través de evoluciones históricas singulares, la memoria de una herencia compartida. Sus literaturas han dialogado con los grandes movimientos culturales europeos, han conocido las tensiones entre tradición y modernidad, han explorado las posibilidades expresivas del lenguaje y han convertido la experiencia histórica de sus pueblos en materia de reflexión estética.

Los ciento cuarenta y cinco años de relaciones diplomáticas que conmemoramos constituyen, por tanto, un capítulo fundamental de una historia de afinidades mucho más extensa. Las relaciones oficiales entre los Estados proporcionan un marco de estabilidad y cooperación, pero los vínculos verdaderamente duraderos entre las sociedades se alimentan también de innumerables encuentros personales, de la circulación de libros, de las traducciones, de los viajes, de la labor de los profesores y de la curiosidad intelectual de quienes desean comprender otras formas de interpretar el mundo. La cultura posee la capacidad de prolongar y enriquecer la acción diplomática porque introduce en ella una dimensión afectiva, imaginativa y espiritual que ninguna negociación puede sustituir.

En este contexto nace El puente invisible / Podul invizibil, una antología de poesía hispano-rumana que reúne a siete destacados poetas contemporáneos de Rumanía y siete de España. Catorce voces, trayectorias creadoras y maneras personales de interrogar la existencia y de transformar la experiencia en lenguaje. Su reunión no pretende establecer una correspondencia mecánica entre dos literaturas ni ofrecer una representación exhaustiva de sus tendencias actuales. Aspira, más bien, a propiciar un encuentro significativo entre sensibilidades que poseen su propia identidad estética y que, al compartir las páginas de un mismo volumen, enriquecen las posibilidades de lectura de sus respectivas obras.

El título elegido encierra una metáfora que considero especialmente apropiada para definir el espíritu de esta iniciativa. El puente invisible alude a esas construcciones culturales que no necesitan materiales resistentes ni estructuras visibles para perdurar. Los puentes de piedra y de hierro permiten atravesar ríos, salvar accidentes geográficos y comunicar territorios; los que construyen las palabras, en cambio, ponen en relación experiencias, memorias, emociones y formas de pensamiento. Un poema escrito en rumano puede conmover profundamente a un lector español que desconoce la lengua en que fue concebido, siempre que una traducción sensible y rigurosa consiga trasladar a su propio idioma una parte sustancial de su música interior. Del mismo modo, un poema español puede encontrar en un lector rumano resonancias que su autor nunca habría imaginado. En ese instante se produce el verdadero milagro de la comunicación literaria: una experiencia individual, nacida en circunstancias concretas, adquiere una dimensión universal.

La poesía posee, además, una peculiar relación con el tiempo. Mientras los acontecimientos políticos y las transformaciones sociales modifican continuamente el paisaje de las naciones, determinados versos conservan intacta su capacidad para conmovernos muchos siglos después de haber sido escritos. Leemos hoy a los grandes poetas del pasado porque reconocemos en sus palabras inquietudes que siguen siendo nuestras, aunque hayan cambiado las circunstancias históricas, las costumbres y las formas de organización de la sociedad. Esa permanencia no significa que la poesía permanezca ajena a su época. Al contrario, cada generación incorpora a la tradición nuevas experiencias e interrogantes, modifica sus procedimientos expresivos y ensancha los límites de lo que puede ser dicho.

Rumanía posee una tradición literaria de extraordinaria riqueza, alimentada por una identidad cultural singular en la que confluyen la herencia latina, las tradiciones balcánicas, la espiritualidad oriental y las sucesivas transformaciones históricas del continente. Su literatura ha ofrecido al mundo figuras de la relevancia de Mihai Eminescu, Tudor Arghezi, Lucian Blaga, Nichita Stănescu o Ana Blandiana, nombres que permiten reconocer algunas de las grandes orientaciones de una creación poética profundamente vinculada a la experiencia histórica y espiritual de su pueblo. Junto a ellos, las generaciones contemporáneas han desarrollado una pluralidad de propuestas estéticas que merecen una circulación internacional mucho más amplia.

La literatura española, por su parte, cuenta con una tradición poética cuya extraordinaria diversidad se extiende desde las primeras manifestaciones medievales hasta las búsquedas formales de nuestro tiempo. La intensidad espiritual de san Juan de la Cruz, la hondura intelectual de Francisco de Quevedo, la imaginación verbal de Luis de Góngora, la sensibilidad de Gustavo Adolfo Bécquer, la conciencia temporal de Antonio Machado, la potencia simbólica de Federico García Lorca o las renovaciones de las sucesivas generaciones contemporáneas forman parte de un patrimonio que continúa dialogando con otras literaturas. Pero ninguna tradición debe quedar encerrada en la contemplación de sus grandes nombres históricos. Su vitalidad depende también de la capacidad de sus autores actuales para encontrar nuevas respuestas expresivas a los desafíos de cada época.

Por eso considero especialmente acertado que esta antología se haya construido a partir de catorce poetas contemporáneos. Conmemoramos una relación diplomática de larga duración mediante voces que pertenecen a nuestro presente, que participan de las inquietudes del mundo actual y que ofrecen testimonios personales de las transformaciones de la sensibilidad europea. No estamos ante una evocación nostálgica de un pasado compartido, sino ante una afirmación de continuidad y de futuro. La tradición proporciona raíces, pero la creación contemporánea permite que esas raíces sigan alimentando nuevas formas de vida intelectual.

La incorporación de esta obra al catálogo del sello Pigmalión, perteneciente al Grupo Editorial Sial Pigmalión, responde a una voluntad editorial que hemos venido consolidando durante tres décadas de actividad. Desde nuestros comienzos hemos defendido que una editorial debe asumir responsabilidades que van mucho más allá de la producción material y la distribución comercial de libros. Publicar significa seleccionar, acompañar, interpretar y proyectar obras capaces de enriquecer la experiencia intelectual y estética de sus lectores; supone contribuir a que voces literarias procedentes de tradiciones diversas encuentren nuevos espacios de recepción y reconocimiento; e implica aceptar que la literatura constituye una de las formas más fecundas de conocimiento recíproco entre sociedades que, aun compartiendo una misma herencia cultural, no siempre han dispuesto de oportunidades suficientes para familiarizarse con sus respectivas creaciones.

Esta convicción ha orientado una parte importante de nuestra trayectoria editorial y explica nuestra presencia continuada en numerosos países de Europa, América y África. Hemos procurado que nuestros libros participen en los grandes encuentros internacionales de escritores, en congresos literarios, en universidades, en instituciones culturales y en ferias del libro, convencidos de que la edición constituye una actividad intelectual que necesita del contacto permanente con los autores y los lectores. Una editorial no debería limitarse a incorporar títulos a su catálogo; debe contribuir a crear las condiciones necesarias para que esos libros encuentren su lugar en la conversación cultural de nuestro tiempo.

Dentro de esa vocación internacional, la literatura rumana contemporánea ocupa un espacio cada vez más relevante. Nuestro interés por sus autores responde tanto al reconocimiento de su calidad literaria como a la conciencia de que una parte considerable de su producción actual continúa siendo insuficientemente conocida en el ámbito hispanohablante. Existe una distancia entre la riqueza real de una tradición literaria y su presencia efectiva en los catálogos editoriales de otros países, y precisamente ahí encontramos una de las responsabilidades más estimulantes de nuestro trabajo: contribuir a reducir esa distancia mediante proyectos rigurosos, sostenidos y capaces de establecer relaciones duraderas.

Con ese propósito hemos impulsado un programa de colaboración con la Casa Română de Cultură, institución con la que compartimos la voluntad de difundir y proyectar algunas de las manifestaciones más representativas de la literatura rumana actual en España y en el conjunto del mundo hispánico. Esta cooperación, que encuentra en la antología que hoy presentamos una de sus expresiones más significativas, se fundamenta en una concepción de la cultura como espacio de encuentro, conocimiento y colaboración. Aspiramos a promover traducciones de calidad, preparar ediciones cuidadas y facilitar que los escritores rumanos puedan establecer una relación directa con nuevos públicos a través de presentaciones, encuentros internacionales, congresos y ferias del libro.

Nuestro horizonte editorial no termina en España. La comunidad hispanohablante se extiende por numerosos países y continentes, y constituye uno de los espacios culturales más amplios y dinámicos del mundo. Pensamos en México, Argentina, Colombia, Bolivia, Perú, República Dominicana y tantos otros países de Hispanoamérica en los que venimos desarrollando actividades editoriales y literarias. Queremos que los autores rumanos encuentren también allí lectores, interlocutores y oportunidades de reconocimiento. Y deseamos, al mismo tiempo, que este intercambio pueda avanzar en ambas direcciones, favoreciendo la presencia de escritores españoles en Rumanía y estimulando un conocimiento recíproco cada vez más profundo.

En esta empresa resulta indispensable reconocer el trabajo de quienes hacen posible el tránsito de una lengua a otra. La traducción poética constituye una de las actividades más exigentes y delicadas de la creación literaria, porque un poema no se compone únicamente de significados que puedan trasladarse mediante equivalencias léxicas. En él intervienen el ritmo, las resonancias fonéticas, la organización de las imágenes, las asociaciones culturales, los silencios y una determinada respiración verbal que forma parte inseparable de su identidad. Traducir poesía significa enfrentarse al desafío de conservar, dentro de un sistema lingüístico diferente, la singularidad de una experiencia estética.

Por ello deseo expresar mi reconocimiento a Gabriela Banu y Juan José García, cuya labor de traducción y mediación cultural merece una consideración especial dentro de nuestros proyectos de colaboración. Del mismo modo, quiero destacar la dedicación de Maria Alexandra Iliescu en las tareas de coordinación y selección de autores y textos. La preparación de una antología de estas características exige sensibilidad literaria, conocimiento de las tradiciones implicadas, capacidad de diálogo y una atención constante a los numerosos detalles que determinan la calidad de una edición. Detrás de cada libro existe una historia de esfuerzos compartidos que el lector no siempre llega a conocer, pero sin la cual el volumen que sostiene entre sus manos nunca habría adquirido su forma definitiva.

Quiero detenerme también en la contribución de Juan José García al fortalecimiento de las relaciones culturales hispano-rumanas, particularmente a través de su vinculación con la Casa Română de Cultură y con iniciativas como el Festival Internacional de Poesía Nichita Stănescu. Su dedicación demuestra hasta qué punto la iniciativa personal, cuando se encuentra acompañada de conocimiento, entusiasmo y perseverancia, puede desempeñar un papel decisivo en la construcción de relaciones culturales duraderas. Las instituciones proporcionan estructuras y recursos, pero son las personas quienes dotan de continuidad y sentido a los proyectos. Sin esa dimensión humana, incluso los programas mejor concebidos corren el riesgo de convertirse en declaraciones de buenas intenciones.

Y precisamente porque hablamos de personas, quisiera dirigir unas palabras especialmente afectuosas a los poetas que participan en esta antología y, de manera particular, a quienes hoy nos acompañan. Vosotros sois los verdaderos protagonistas de este encuentro. Las instituciones, los editores y los traductores contribuimos a crear las condiciones necesarias para que los poemas puedan circular, pero la experiencia literaria comienza en ese territorio íntimo donde un ser humano encuentra una forma singular de expresar aquello que le conmueve, le inquieta o le interpela. Cada uno de vosotros ha construido una obra personal, ha desarrollado una relación propia con el lenguaje y ha aceptado compartir una parte de su universo creativo con lectores pertenecientes a otra tradición cultural.

La convivencia de vuestras voces en un mismo libro constituye una forma de diálogo que no exige uniformidad ni coincidencia estética. La verdadera riqueza de una antología reside precisamente en la posibilidad de reunir sensibilidades diferentes sin borrar sus particularidades. La poesía no necesita que todos sus autores hablen de los mismos asuntos ni que adopten procedimientos expresivos semejantes. Su capacidad de encuentro nace del respeto a la diferencia y de la convicción de que cada mirada puede ampliar nuestra comprensión del mundo.

También deseo expresar mi gratitud al público que nos acompaña esta tarde. La calidad humana e intelectual de quienes han querido participar en esta celebración constituye uno de los mayores estímulos para quienes dedicamos buena parte de nuestra vida a los libros. Entre vosotros se encuentran personas vinculadas a la diplomacia, la literatura, la enseñanza, la traducción, la gestión cultural y otros ámbitos de la sociedad que comparten una misma sensibilidad hacia la creación artística. Vuestra presencia demuestra que la poesía continúa convocando voluntades, despertando interés y ofreciendo un espacio de convivencia intelectual en una época caracterizada por la aceleración de las comunicaciones y por una atención cada vez más fragmentada.

Vivimos tiempos complejos para Europa. Las tensiones internacionales, los conflictos armados, las incertidumbres económicas, las transformaciones tecnológicas y las dificultades que experimentan nuestras sociedades para encontrar espacios de entendimiento nos recuerdan que la convivencia nunca puede considerarse una conquista definitivamente asegurada. En estas circunstancias, la cultura no constituye un lujo prescindible ni una actividad secundaria. Representa una dimensión esencial de la vida colectiva porque contribuye a desarrollar la sensibilidad, la imaginación moral y la capacidad de comprender experiencias distintas de las propias.

La poesía no puede resolver por sí sola los grandes problemas políticos de nuestro tiempo, ni sería razonable atribuirle una eficacia inmediata que no le corresponde. Su aportación pertenece a otro orden. Nos enseña a prestar atención a los matices, a desconfiar de las simplificaciones, a reconocer la complejidad de la experiencia humana y a escuchar aquello que frecuentemente permanece oculto bajo el ruido de los discursos públicos. Frente a la velocidad con que consumimos información, el poema reclama una lectura detenida; frente a la reducción de las personas a categorías abstractas, nos devuelve la singularidad de una voz; frente a las fronteras que separan las comunidades, nos recuerda la existencia de emociones y aspiraciones compartidas.

En este sentido, El puente invisible / Podul invizibil representa también una afirmación de nuestra común pertenencia europea. España y Rumanía han recorrido trayectorias históricas diferentes y conservan identidades culturales propias, pero participan de una herencia intelectual que se ha enriquecido precisamente mediante el intercambio entre pueblos y tradiciones. Europa no puede comprenderse únicamente como un espacio económico o una construcción institucional. Es también una comunidad de memorias, lenguas, bibliotecas, músicas, obras de arte y experiencias históricas que han ido configurando una conciencia cultural plural. Y esa pluralidad constituye una de sus mayores riquezas.

Hay una imagen abstracta y sugerente de la cubierta de nuestra antología que me gustaría recuperar en este momento. En ambos extremos de ese trazo azul se representan, dialogando a través de un paisaje compartido imaginado, dos ciudades emblemáticas: Madrid y Bucarest. Sobre sus perfiles poéticos se extiende el vuelo de la creatividad que parece dibujar en el cielo una comunicación silenciosa. Añadamos mentalmente a la composición una rama de tilo y otra de olivo, que evocan dos tradiciones vegetales, paisajísticas y culturales que encuentran un espacio común. El tilo, tan presente en la sensibilidad literaria rumana y asociado a la memoria poética de Eminescu; el olivo, profundamente arraigado en la cultura mediterránea y convertido desde la Antigüedad en símbolo de permanencia, sabiduría y paz. Dos árboles diferentes, dos paisajes distantes, dos maneras de reconocer la relación entre la naturaleza y la vida humana.

Me parece una síntesis particularmente hermosa del espíritu que anima este proyecto. No necesitamos que las ramas pierdan sus características para que puedan encontrarse en una misma composición. Tampoco necesitamos que las ciudades se confundan ni que sus tradiciones se disuelvan en una identidad indiferenciada. El verdadero diálogo cultural consiste en aproximar realidades diferentes sin privarlas de aquello que las hace singulares. La poesía cumple esa función con una naturalidad admirable, porque su lenguaje permite que la experiencia particular de un pueblo alcance una dimensión universal sin renunciar a sus raíces.

Quisiera que esta antología fuese entendida, por tanto, como una celebración y también como un compromiso. Celebración de los ciento cuarenta y cinco años de relaciones diplomáticas entre Rumanía y España, de una historia de aproximaciones que deseamos seguir enriqueciendo y de la amistad entre dos comunidades culturales vinculadas por numerosas afinidades. Pero también compromiso con la continuidad de un proyecto editorial e institucional que aspira a ampliar la presencia de la literatura rumana contemporánea en el mundo hispánico, favorecer el intercambio entre sus creadores y contribuir a que nuestras respectivas sociedades se conozcan mejor.

Dentro de algunos años, cuando esta conmemoración haya pasado a formar parte de la memoria institucional de nuestros países, los libros publicados con motivo de ella podrán seguir circulando, encontrando lectores y despertando emociones. Ésa es una de las grandes virtudes de la edición literaria: su capacidad para prolongar la vida de los acontecimientos que le dieron origen. Una ceremonia concluye, las intervenciones se convierten en recuerdo y las personas regresan a sus ocupaciones habituales, pero los poemas permanecen disponibles para establecer nuevos encuentros, algunos de ellos imprevisibles, entre autores y lectores que quizá nunca lleguen a conocerse personalmente.

Como poeta y como editor, encuentro en esa posibilidad una de las razones más profundas de mi dedicación a la literatura. He tenido el privilegio de compartir durante muchos años experiencias con escritores de diferentes países, lenguas y generaciones, y cada nuevo proyecto me confirma que la creación literaria constituye una forma extraordinaria de hospitalidad. Quien escribe abre una parte de su intimidad a personas desconocidas; quien lee acepta entrar en un territorio que no le pertenece y permite que esa experiencia transforme, aunque sea levemente, su propia manera de comprender la existencia.

Hoy, en la Embajada de Rumanía, esa hospitalidad adquiere una dimensión especialmente visible. Los poetas rumanos y españoles comparten un mismo volumen; las instituciones unen sus esfuerzos; los traductores hacen posible la comunicación entre las lenguas; los lectores participan de una experiencia estética común. La diplomacia, la literatura y la amistad encuentran aquí un punto de convergencia que justifica plenamente el sentido de nuestra celebración.

Deseo concluir expresando nuevamente mi gratitud a la Embajada de Rumanía en España por acogernos, a la Casa Română de Cultură por su colaboración y confianza, a quienes han participado en la coordinación, selección, traducción y edición de esta antología, a los catorce poetas que la integran y a todos vosotros por vuestra presencia y vuestro afecto. Confío en que esta publicación sea el comienzo, o la continuación renovada, de muchas otras iniciativas capaces de fortalecer los vínculos entre nuestras culturas y de ampliar los horizontes de sus respectivas literaturas.

Ciento cuarenta y cinco años de relaciones diplomáticas constituyen una herencia digna de reconocimiento, pero su verdadero significado se proyecta hacia el porvenir. La historia nos proporciona motivos para celebrar; la cultura nos ofrece razones para continuar construyendo. Y la poesía, con su capacidad para transformar la fragilidad de una palabra en una forma duradera de memoria, nos recuerda que los vínculos más profundos entre los seres humanos no siempre necesitan hacerse visibles.

Que las aguas del Danubio y del Tajo, que las calles de Bucarest y de Madrid, que las voces de nuestros poetas y la sensibilidad de nuestros lectores sigan encontrándose en ese territorio sin fronteras que constituye la literatura. Que las palabras nacidas en una lengua encuentren acogida en la otra, y que cada nueva traducción, cada nuevo libro y cada nueva amistad contribuyan a fortalecer la relación entre nuestros pueblos.

Porque los puentes más necesarios no siempre se levantan sobre los ríos. Algunos se construyen lentamente en la conciencia de quienes aprenden a escuchar otra lengua, a comprender otra memoria y a reconocer en el rostro del extranjero una parte de su propia humanidad.

Ése es el puente que hoy celebramos. El que une sin uniformar, aproxima sin imponer y permanece cuando las circunstancias que hicieron posible su nacimiento se han transformado. El puente invisible. Podul invizibil.

Muchas gracias.                                        

BASILIO RODRÍGUEZ CAÑADA

Presidente del Grupo Editorial Sial Pigmalión

Pies de foto

Foto 1:     En primer término, de pie, Alina Mihaela Fotin. Sentados, de izquierda a derecha Stefania Vasile; Mariana Romașcan; Laura Afrodita Apati; Juan José García y Basilio Rodríguez Cañada

Foto 2:     Alina Mihaela Fotin, ministra consejera de la Embajada de Rumanía

Foto 3:     Basilio Rodríguez Cañada, Presidente del Grupo Editorial Sial Pigmalión

Foto 4:     Stefania Vasile; Mariana Romașcan; Alina Mihaela Fotin; Juan José García y Laura Afrodita Apati

Foto 5:     En primer término, de pie, Laura Adrodita Apati. Sentados, de izquierda a derecha Stefania Vasile; Mariana Romașcan; Alina Mihaela Fotin; Juan José García y Basilio Rodríguez Cañada

Foto 6:     Laura Afrodita Apati, presidenta de la Casa Română de Cultură

Foto 7:     Juan José García, vicepresidente 1º de la Casa Română de Cultură y coordinador general de la antología

Foto 8:     La cantante rumana Bianca Motoc, durante su actuación

Foto 9:     El cantante español José Luis Pardo, durante su participación

Foto 10:   La cantante rumana Manuela Pușcașu, durante su actuación

Foto 11:    Mariana Romașcan y Basilio Rodríguez Cañada

Foto 12:   La rumana Mariana Romașcan

Foto 13:   La española Maria José Marrodán

Foto 14:   La rumana Stefania Vasile

Foto 15:   Stefania Vasile y Maria José Marrodán

Foto 16:   El trio rumano Esperanza para el alma/ Speranta pentru suflet, integrado por Viorel, Nicoleta y Sorín

Foto 17:   El autor rumano Marín Dumitrescu que recitó varios fragmentos de su obra en ambos idiomas, rumano y español

Foto 18:   Juan José García y Stefania Vasile

Foto 19:   Stefania Vasile

Foto 20:   Juan José García

Foto 21:   Sabin Muresan y Rafael Rodríguez-Ponga

Foto 22:   El escritor rumano Sabin Muresan

Foto 23:   El escritor español Rafael Rodríguez-Ponga

Foto 24:   En primer término, Sara María García, que cantó una deliciosa canción

Foto 25:   La niña Sara María García, hija de Laura Afrodita Apati

Foto 26:   Stefania Vasile; Mariana Romașcan; Alina Mihaela Fotin; Juan José García; Basilio Rodríguez Cañada y Laura Afrodita Apati

Foto 27:   Basilio Rodríguez Cañada; Rafael Roddirguez-Ponga y Maria José Marrodán, acompañados por señoras rumanas con trajes típicos de su país

Foto 28:   La antología presentada

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